31 agosto 2012

Dios creó el Universo. El resto es Made in China (Final)



La tenue luz de las velas decorativas, que seguramente el idiota de Josep había encendido, recortaba  sus siluetas; guarecidos en la inmensidad del grandísimo sofá, es como si la luna entera esparcida sobre los tejados tratara de ser testigo de excepción de los delirios de una noche de verano, pareciendo preguntarse cual sería el final de tan extraña historia. La pregunta que me planteaba en ese momento , de pie frente a ellos, es si lo que veían mis ojos era real, o si por el contrario rodaban por los caminos de mi mente demasiadas fantasías. Todo ocurría  como en una película de serie B; pero qué es lo real, sino un sueño a medio camino entre la duermevela y la lucidez, de tal modo que en los momentos en los que parecen fusionarse ambos mundos podemos, como en un mayestático orgasmo,  en el acto morir y, además,  morir tranquilos porque te sientes libre y feliz. Es una locura, lo sé,  pero piénsenlo, ¿No llegamos muchas veces, por vicisitudes del momento, a fundir ensoñación con vida real, y el mundo entero es sentido cual si de un cine al aire libre se tratara? ¿Verdad que sí? Tú, y tú y el de más allá, todos, en muchos momentos  hemos dejado de ser dueños de nosotros mismos, tan sólo meros espectadores, y no hemos sabido si era un sueño o es la realidad.

Sin embargo, aquí, en este caso,  y en este momento preciso, les puedo asegurar que era real…

- Hola, ¿quieles ponelte en medio con nosotlos?-me dijo Mishita-.

- ¿Eh? Sí, claro.


- Vaya día de calol, nosotlas estal sudando-añadió ella-.


- Sí, a veces pasa.


- Pelo la noche está helmosa así, y siemple, ¿verdad?-replicó sonriendo-.


- Siempre-contesté yo-.


Me metí entre ellas, y aromas de cerezos en flor, de sudor, de cerveza y sidra asturiana me envolvieron. La voz de Mishita parecía dibujada, tan gozosa y jovial que reconozco que me desarmó, que me dejó sin nada que decir. No me suele pasar eso, siempre tengo respuestas guardadas para casi todo.


- ¿Quieles un poco de sidla?me preguntó Tashita-.


- Claro, para eso vine.


- Sí, clalo, que tontelía, jijijiji



Está claro que unas tetas tiran más que dos carretas y que mezclado eso con la ociosidad causa estragos en los hombres. Hace que no tengamos ideas ni ganas de pensar o analizar nada.  Pero algo raro estaba pasando, y algo más extraño tuvo que suceder en esos fatídicos 15 minutos que tardé en cambiarme de ropa y ponerme mi pantalón de pijama de seda negra con un dragón alado plateado, para que la misma chica que tan solo unos minutos antes me dijera que nunca besaba en su primera cita, estuviera ahora en cueros dándose el lote con Josep y Tashita. Tan desconcertado estaba que pasé más de un minuto mesándome los pelos canosos de mi bien recortada perilla y repitiéndome "no es posible, estoy soñando, no es posible, eso no está pasando".

Porque aunque era maravillosos verme en medio de Mashita y Tashita, no podía dejar de pensar en qué había producido ese cambio de actitud. ¿Qué había pasado?, ¿quiénes eran realmente Mishita y Tashita? Pero nadie, nadie podía pensar claramente en medio de una orgía de sexo y menos analizar ni tampoco podía preguntarle directamente a ellas porqué ahora querían follar y antes no. Me hubieran tomado por un aguafiestas, o peor aún, por un gilipollas. Y además, cualquiera se postraría ante esos dos bellezones exóticos sabedor de que la causa del cambio importaba una mierda, y que lo único que contaba era el orden natural de las cosas. Mishita que era muy lista lo sabía. Sabía que cualquiera  iría rápidamente a tirarse a sus pies, gustoso, feliz, orgulloso de ser el poseedor de una mirada suya, una mirada de la geisha más hermosa de las islas Senkaku. Cualquiera, sí. Pero yo no era cualquiera así que miré a Josep, y le dije:

-Ven conmigo un momento a la cocina vamos a buscar más bebida. La noche es joven y las burbujas santifican. Ahora volvemos, preciosas-añadí mirándolas a ellas-.


Dentro de la cocina, al abrigo de las posibles miradas de Mishita y Tashita le dije:


- A ver Josep, me puedes explicar, con pelos y señales, disculpa la expresión, por demasiado evidente, y quítate eso pelo de la comisura de la boca, ¿qué cojones ha pasado mientras estaba en mi habitación? ¿A qué se debe ese cambio repentino de actitud de ese par de, hasta hace unos minutos, medio tontas y mojigatas, y ahora porno-vampiresas?


- Ton, no te lo vas a creer…


- Tú explícamelo y ya verás cómo sí.


- Pues resulta que cuando Tashita sacó su I-phone para hacerle la foto a Einstein, por casualidad, se le cayó un legajo de papeles atados con un cordel de cáñamo viejo. ¿Y a que no sabes que era?


- Josep, no estoy ahora mismo para adivinanzas ni acertijos, así que dime de una puta vez qué contenía ese legajo viejo.


- Ton, es que no te lo vas a creer…


-  Dímelo ya Josep, que me conoces…no tengo paciencia como tú.


-  Es que es muy fuerte, tío, muy fuerte…


-  Mecagoen… ¿quieres decirme de una puñetera vez qué mierda contenía ese legajo atado con un cordel de cáñamo viejo?


-  Está bien, te lo diré: Bonos del Estado, tío.


-  ¿Cómo que bonos del estado? ¿Quieres decir títulos del Tesoro público?


-  Y yo qué sé, Ton,  de eso no entiendo, pero lo que sí sé es que ponía Bonos del estado de la república independiente de Cataluña…y además agárrate los machos… tienen un cofre de madera lleno de esos Bonos del estado.


-  Espera….un momento… A ver si lo entiendo, capullo… a ver si lo entiendo. ¿quieres decir que estas dos lelas de ojos rasgados llevaban un fajo de bonos del tesoro de la república independiente de Cataluña, atado con un cordel de cáñamo viejo, y, que por casualidad, al sacar el I-phone para hacerle una foto a Einstein, mi puto loro verde que no llega ni a cacatúa, se les cayó, y que, además, dicen tener un cofre lleno de ellos? ¿Es eso lo que me quieres decir, Josep?


-  Síiii, es eso… ¿a que es la leche, eh? ¡Tío, que somos millonarios! Mira,  Mishita me ha dicho que como son bonos del Tesoro de la república independiente de Cataluña… ya sabes, la guerra civil y todo eso…en fin, me entiendes…años 30…Macià, Companys…


- Sí, claro…la república de Cataluña independiente…años 30…Macià, Companys… continúa…eso es muy interesante…


-  … pues resulta que ellas, encima, para complicarlo todo un poco más, como son japonesas de las islas de Senkaku sabes que quiero decir, eh…todo son problemas…conflicto por la administración entre Japón y China, etc., etc.…


-  Sí, sí, claro…China, Japón…conflicto administrativo… ¿y qué más, Josep?


-  pues que la putada es que no los pueden canjear en su país…y no solo por el conflicto entre Japón y China, sino que al ser bonos del Tesoro de la república independiente de Cataluña, nadie los querría comprar allí. Ya sabes la mala prensa que tienen los bonos españoles, pues imagínate los bonos patrióticos de la república independiente de Cataluña…vamos, peor que los bonos basura de la señora Kirchner de Argentina…nada, que no se podrían colocar en Japón ni en Tombuctú, en estos momentos, claro…¿me entiendes, Ton?


-  Síiii, te entiendo…y qué más te ha dicho Mishita?…si lo puedo saber, querido amigo Josep.


-  Pues también me ha dicho…ah, pero eso se lo pregunté yo, eh…ya sabes lo prudente y perspicaz que soy cuando se trata de dinero…ya me conoces…


- Y tanto que te conozco, Josep…sigue…sigue...


- Jajaja, no te lo vas a creer de lo curioso que es… me han dicho que encontraron el jodido cofre de madera este… por cierto, ¿te he dicho que hasta lleva molduras de bronce?


- No, este detalle tan importante no me lo habías dicho aún…pero sigue, Josep…sigue.


- Pues lo encontraron dentro de un gran contenedor de basura en los sótanos del hotel en el que se hospedan. Increíble, ¿no?


- Vaya, es curioso e increíble, si…pero que muy curioso, y muy increíble.


- Jaja, ya te lo dije yo. No es necesario que repitas todo, jajaja. Pues como te decía, por todos esos motivos nos venden, a nosotros, esos bonos por nada y menos, solo 6 mil euros jajaja que te parece, eh? ¿No es genial?


-      Y tanto. Es genial. Y dime, querido Josep: a ti no te parece mucha casualidad, todo eso que me estás contando, ¿no? ¿Un poco por lo menos?


-Bueno, jajaja, me vas permitir por esta vez hacer lo que haces tú siempre: citar a los grandes intelectuales del pasado; Dijo Lamartine que la casualidad nos da casi siempre lo que nunca se nos hubiere ocurrido pedir.jajajaja


-Lamartine… ¿lo dijo Lamartine, seguro? Escúchame imbécil…que eres un imbécil… si a parte de leer alguna cita de Alphonse de Lamartine hubieras leído a Friedrich Schiller sabrías que no existe la casualidad, y lo que se nos presenta como azar surge de las fuentes más oscuras y profundas de la maldad humana. Y ahora  merluzo, mira qué vamos a hacer. Vamos a volver al salón y le voy a pedir a Mishita que me enseñe uno de esos bonos patrióticos de la República independiente de Cataluña. ¿Te parece bien?


-A mi sí. Yo ya lo he visto.


-Muy bien. Y que sepas también,  burro ignorante, que estás tan loco como una liebre en marzo si te has creído toda esta grotesca historia que te ha contando Mishita. Nunca ha existido una república independiente de Cataluña, ni antes, ni durante, ni después de la guerra civil española. Ahora sígueme, capullo, y volvamos con esas dos pajarracas.


En defensa de Josep diré que no es un mal tío, solo es un optimista incorregible que todavía piensa que los Reyes Magos tal vez existan. También tiene un don especial, el don de atraer las catástrofes. Les pondré un solo ejemplo, y lo entenderán: en un viaje que hicimos hace años con nuestras mujeres (POR ENTONCES ÉRAMOS DOS FELICES MATRIMONIOS) a Marruecos, Marraquech concretamente, hubo inundaciones. ¿Ven lo que quiero decir?  Pero dejemos eso, y volvamos al relato. Entramos al salón y le dije a Mishita que Josep me había explicado lo de los bonos del tesoro de la república independiente de Cataluña y que me gustaría que me dejara ver el cofre de madera con todos esos bonos del tesoro para enseñárselo a un amigo que trabaja en el Banco de España. Fue mencionar el Banco de España y de pronto resultó que las cosas se habían complicado: Tres grupos distintos de generales chinos, Taiwaneses y Moluqueños estaban disputándose la caja de madera con moldes de bronce; que la habían tenido que  transferir a un lugar más seguro porque había agentes rusos, misteriosos árabes con maletas llenas de billetes, espías dobles del Mossad israelí y emisarios de San Vicente de Barrakaldo pululando en torno a la caja para hacerse con ella. Vamos, que no la podía ver. Entonces les pedí ver uno de esos bonos que traían encima, bueno, mejor dicho, en el bolso, porque ahora mismo, encima solo tenían litros de Sidra el Gaitero y las babas de Josep. Mishita asintió y sacó de su bolso uno de los bonos.


El bono exhibía la efigie finamente elaborada de Ferrán Adrià.


- Es Ferrán Adrià, el mundialmente conocido cocinero ampurdanés- señalé sorprendido.


- Es lógico que bono del Tesolo de lepública independiente de Cataluña luzca efigie de un glan personaje catalán- me respondió la listilla de Mishita.


Hubiera podido entrar a discutir el concepto de “gran personaje”, pero me hubiera desviado de lo importante. Entonces fui al grano:


- Ferrán Adrià es un personaje contemporáneo, de ahora, para que me entiendas, y el bono data de los años 30, Mishita.


- Podel sel que Felán Adlià  apuntala maneras desde muy joven. Y velse que algún día selía muy famoso. Pol eso lo pusielon en el bono.


-Sí, claro, una apuesta de futuro. Aunque en el bono se le ve como una apuesta de futuro con cara de bobo trincón, ¿no? Dime Mishima, o como cojones te llames, ¿no será mejor decir que esto que tengo en mis manos es solo una burda y chabacana copia Made in China de un pretendido Bono del Tesoro de una inexistente República independiente de Cataluña,  que has intentado meternos como quien mete gato por liebre?  Muy típico por cierto de algún restaurante chino que conozco.


- Ejem…Nooo…a lo mejol simplemente  equivocalse y ponel foto de Felán Adlià …ejem…años tlenta sel años mucho convulsos…ejem…o simplemente sel una bloma…ejem…sí, eso…sel seguramente una bloma ...ejem  estaba segulamente de bloma. Bueno, muy talde ya, Tenemos que malchal, ¿veldad Tashita?


-Mishita metió el bono en el bolso, lo cerró en menos que canta un gallo,  y agarrando a Tashita del brazo salieron como almas que llevan el diablo, olvidándose la ropa, los zapatos, los Pay-Pay, y sin despedirse de Einstein, mi loro verde.


Me giré, y miré la cara de bobo que se le había quedado a  Josep al darse cuenta del engaño que había sufrido. Era la primera vez en más de una eternidad que las lágrimas regaban su cara. Las gotas se deslizaban a borbotones hasta caer sobre el pecho entreabierto de su camisa de mercadillo, cuadros con  líneas rojas, azules, verdes pistacho. Estuve a punto de ir a buscar un paraguas, un impermeable, unas botas… hasta pensé una excusa para encerrarle  hasta que la locura, sí, la locura, le pasase. Pobre, pensé para mí, estaba de nuevo como cuando le conocí; entonces  su mujer esperaba verle cada día para hacer el amor y él tenía una esperanza ilimitada en que su esfuerzo conseguiría construir un mundo mejor.


Puse mi mano sobre su hombro en señal de solidaridad con su enorme pena, y le dije :


-Tranquilo, Josep,  nada de mirar atrás. Todos nos equivocamos pero piensa que aún hay cosas que mejorar ahí fuera. Hay amor que recibir y dar.


Entonces él,  asustado, pero decidido, comenzó a caminar hacia la terraza. Luego se giró, me miró lloroso, y dijo:


-Ton, es que no me ha dado tiempo a follar con ellas.


Y se dejó caer en una de las tumbonas, la mirada perdida en el hermoso cielo rojizo de aquella noche de Agosto.



Ya lo ven queridos amigos y amigas, así es la vida y así es Josep. Todo hombre tiene sus penas secretas que el mundo no conoce. Por eso a veces acusamos de frivolidad a un hombre que en realidad, sólo es un hombre triste.

29 agosto 2012

Dios creó el Universo. El resto es Made in China (Parte III)


Perdida la gnosis como un vulgar nematócero que se olvidó de morir en agosto, ansioso por rematar la velada dándole un revolcón a cualquiera de las dos chicas que nos acompañaban, Josep, me cogió del hombro y me indicó que Mashita y Tashita estaban esperando para ver a Einstein, la cacatúa. Así que salimos a la terraza de la vieja finca con la desvergonzada intención de seguir con el engaño.

 (Antes de seguir con el relato, permítanme hacer un inciso aclaratorio, y eso por un motivo evidente: porque les conozco, y sé, que muchos de ustedes, la mayoría féminas,  pensará: “vaya par de sinvergüenzas”, intentando llevarse a dos pobres chicas incautas  a la cama empleando la mentira y el engaño. Sí, sé que es lo que estáis pensando, lo sé… y yo,  en mi defensa diré que  la aletheia, o arte de decir la verdad en griego, ha producido siempre mayores catástrofes que la mentira. Además, lo confieso, me gustaron las piernas y las tetas de Mashita. Desde que la vi, moviendo el Pay-Pay con esa sensualidad oriental, tuve ganas de llevármela a la cama. Nada excepcional, me pasa con todas…pero basta ya de explicaciones inútiles, y sigamos con el relato).



Todavía de madrugada el aire era sofocante como el aliento de una colegiala sintiendo por primera vez el calor de una mano hurgando bajo su falda, y el cielo cubierto de delicadas nubes rojizas, como si los dioses del Olimpo  hubieran derramado una copa de vino sobre una célica miga de pan.

En un rincón se erguía rutilante la jaula de Einstein. El loro, la cacatúa para ellas, dormía. La ciudad entera dormía soportando el calor de agosto y el murmullo de los aires acondicionados. Yo mismo me caía de sueño, ya no tenía nada claro que el traer  esas dos chicas japonesas, o lo que fueran, a mi casa, hubiera sido una buena idea. Todo era raro, ridículo  y extraño. Menos para Josep. Él seguía teniendo en los ojos esa mirada de ladrón drogado o violador con una caja de condones como única arma en la mano. Se había puesto de cerveza y sidra “El Gaitero” hasta las cejas, sin embargo, no se había quedado tan tonto como para no pensar en follar. De hecho solo pensaba en eso. Josep tenía todos los defectos del mundo, y una sola virtud: la paciencia. Cuando la posibilidad de echar un “quiqui” se cruzaba en su camino, sus ojos se rasgaban, su color de piel giraba al amarillo pálido y la tan famosa paciencia china se apoderaba de él. Sí, debo reconocer que la paciencia es la suprema virtud de Josep. Ya lo dijo el famoso Marco Fabio Quintiliano en sus Instituciones oratorias: «Ad rivum eumdem lupus et agnus venerant siti compulsi; superior estabat lupus longeque inferior agnus. Tunc fauce improba latro incitatus jurgii causam intulit.» Y eso, dicho en latín,  es algo definitivo.

-Bueno chicas, aquí lo tenéis: Einstein. Mi cacatúa. ¿Qué os parece? ¿A que es hermoso el condenado, eh? Ahora está medio dormido y no sé si le arrancaremos alguna frase, pero qué más da´, ¿verdad? Ya sabemos que las cacatúas solo repiten lo que oyen, no son nada inteligentes, más bien bobas, jajajaja


-Oh, mila Mishita-dijo Tashita eufórica-,  cacatúa velde, no blanca ni amalilla, jijijiji


-Sí, bueno…Einstein es un macho, y ya sabéis que los machos tiene colores más llamativos, para atraer a las hembras, jajaja (esta tía es tonta del todo-pensé de nuevo).


-Sí, veo que es una cacatúa muy singulal-replicó Mishita-.


-Singular es poco…es única. Cuando la compré me dijo el vendedor que solo se encuentran en la isla de Tasmania, y son muy difíciles de coger porque se camuflan en el verde follaje de los bosques de eucaliptos. También me dijo que solo comen hojas de eucalipto, jajaja, curioso, ¿no?


-Sí, muy culioso, cleía que eso solo lo hacían los Koalas-contestó la listilla de Mashita-.


-No, las cacatúas de Tasmania también. Por eso son tan raras… y únicas, jajaja-le dije yo-.


-Yo quelel hacel foto a Einstein...¿tú dejal? -interrumpió Tashita-.


-¡Claro, cómo no! Oye, Tashita, mientras le sacas la foto, Josep y yo iremos a por más bebida, ¿vale?  Tú, ven conmigo-añadí agarrandolo del brazo-.


Ya en la cocina,  lejos de la terraza, miré fijamente a Josep y le dije:


-¿lo has visto?


-¿Que sí he visto qué? –me preguntó él-.


-Vamos a ver. Siéntate, capullo, que eres un capullo. ¿No has visto como se lo han tragado todo sin apenas rechistar?  ¿No has visto que me siguen la corriente, como si no supieran que en la isla de Tasmania no hay una puta cacatúa verde?


-Ah, pero... ¿no hay cacatúas verdes en Tasmania? ¿Y tampoco se alimentan de hojas de eucalipto?


-Josep, tendrías que ser mujer. Con lo fácil que es engañarte, los hombres harían cola para follarte. Escúchame, estas pavas no son lo que dicen ser. Una tía que dice que le gustan los pájaros, que conoce el Phoebastlia albatlus, o sea el nombre científico del albatros, no puede tragarse que Einstein, mi loro verde comprado en una tienda de mala muerte de las ramblas, sea una cacatúa de la isla de Tasmania que solo se alimenta de hojas de eucalipto, ¿lo entiendes, imbécil?


-¡Vale, vale, pero sin faltar, que estás muy agresivo ultimamente,  coño! ¿Y qué más da que mientan más que nosotros si al final follamos con ellas? ¿No te comprendo, Ton, desde cuando eres tan tiquismiquis? Tasmania, cacatúas, eucaliptos… ¡Ves demasiado documentales de National Geographic, joder!


-¿Pero no ves el peligro, Josep? Ya sé que siempre que hueles a conejo se te nubla el entendimiento. Pero piensa un poco. ¿Te parece normal que dos chicas que acabamos de conocer, se vengan a mi casa, sin estar borrachas, para conocer a Einstein, mi loro verde?


-Ton, tranquilízate que te va a dar algo. Y no olvides que les has dicho que es una cacatúa.


-Mira, necesito saber todo de estas mujeres.


- ¿Todo?


- Sí, ya sabes, lo típico; como has dado con ellas, como las viste en aquel bar, si fue casualidad, qué hiciste para abordarlas…porque…espera…vamos a ver Josep… ¿fuiste tú quien las abordó?... ¿o fueron ellas?


- Espera…ejem…déjame recordad…


-Mecagoentodoslos…qué cojones tiene que recordad si pasó hace tan solo un par de horas…dime, rapidito…¿fueron ellas?…¿ellas fueron las que te echaron la carnaza? Seguro que te guiñaron un ojo al mirarlas, ¿verdad? Venga… ¡contesta!


-Mierda, ton, estás muy alterado, tío...Y no, no es verdad…sí, ellas me llamaron, pero no me guiñaron ningún ojo, solo me pidieron fuego para encender la vela de la mesa que estaba apagada.


-Lo sabía…lo sabía…si es que me lo tenía que haber imaginado. Tendría que darte un guantazo por liarme una vez más.


-Venga, no seas tan cascarrabias, Ton, tampoco ha pasado nada malo todavía.


- Claro, claro…todavía. En fin, lo del guantazo era una broma, coño, que te lo crees todo. Bueno, mira lo que haremos. Volveremos con ellas como si nada pasara y…


- De hecho nada ha pasado, Ton. A mi Tashita solo me ha dejado magrearla un poco las tetas y las piernas.


-No me refiero a eso, Josep…no me refiero a eso. ¿Puedes dejar de pensar en el sexo? he querido decir que efectivamente mis sospechas no son fundadas todavía.


-Ah, de acuerdo. Pero deja que te diga una cosa, Ton,  creo que eres demasiado mal pensado, y que lees demasiadas novelas de misterio. Mashita y Tashita solo son dos turistas japonesas que quieren pasar un buen rato con nosotros. Solo eso.


-Ummm…No sé...Quizás tengas razón por una vez. Pues venga, ves  a la terraza con ellas; coge esta botella, y estas copas. Yo mientras iré a mi habitación a ponerme más cómodo, no sea que tengas razón y que solo sean paranoias mias.


-Vale, de acuerdo.


Fui a mi habitación me puse mi pantalón de pijama de seda, negro, con un sugerente estampado de un pequeño dragón alado bordado en plata en una de las perneras– traído de China o de por ahí no recuerdo por quien– y un cinturón con borlas con flecos en los extremos. Tardé unos quince minutos, no más, y al volver al salón me encontré con un espectáculo dantesco: Josep echaba sidra el Gaitero sobre los pechos de Tashita y los lamía con entusiasmo, mientras las chicas se besaban entre ellas. Casi me saltan las lágrimas de la emoción: la vida es bella, no especulemos sobre el mañana –pensé para mí-. Y también recordé esas bellas palabras de Lu Xun, considerado el padre de la literatura moderna china: Quieren devorar a los otros y temen ser devorados a su vez; por esto se estudian recíprocamente con miradas cargadas de sospechas...


(Continuará…)

28 agosto 2012

Dios creó el Universo. El resto es Made in China (Parte II)

…En la calurosa quietud de aquella noche de agosto resonaban nuestras pisadas; pisadas que rugían como  los pasos de olvidados fantasmas que caminan en busca y captura de un polvo rápido y furtivo. Mientras subíamos las escaleras no podía dejar de mirarle el culo, ni recrearme en aquellas curvas. Mishima tenía un cuerpo  perfecto. Así se llamaba ella, la que parecía más lista. Tashita, la otra, la más blanquita, lucía un liguero amarillo que se dejaba entrever  cada vez que subía un peldaño… Nunca había entendido eso que dicen que, las necesidades sexuales de los hombres y las mujeres son tan diferentes entre sí. No, tampoco había entendido nunca todas esas idioteces de que  los hombres piensan con la cabeza y las mujeres con el corazón. ¡Por Dios, es justamente lo contrario!

Por fin llegamos a la puerta de mi morada. Era un apartamento antiguo en el centro de la ciudad. Al llegar abrí rápidamente,  encendí las luces,  prendí de aroma y color la estancia con el calor del incienso, puse a sonar el “Shine on you crazy diamonds” de Pink Floyd, y todo eso en un parpadeo de milenios fundidos en un solo momento. Luego saqué de la nevera unas cervecitas, me senté en el sofá, le di una a Mishita y otra a Tashita. Josep por su parte cogió también la suya. Mishita que estaba a mi lado rápidamente se la bebió. En esa extraña noche de Agosto, aspirando entre calada y calada un aire cargado de feromonas y calurosa tensión, sentía el  frío y el calor hermanarse sutilmente en la corta distancia que suponen apenas dos suspiros. La cosa iba bien -pensé para mí- y le ofrecí mi copa mientras abiertamente me pegué a ella.  El jugoso aroma de su piel calando el vestido me llevó a,  sutilmente,  acariciarle esos pechos perfectos y prietos que tenía la condenada. Cuando terminó de beber, y antes de que dijera nada, le quise entrar al morro, pero,  sin saber porqué me apartó.

– ¿Tú sabes que nosotlas las japonesas  de las islas Senkaku somos muy tladicionales: nunca besamos plimela vez?

– ¿Ah,  no?  ¡Vaya con las tladiciones! ...ejem...perdón...tradiciones–Contesté–, De todos modos no vayas a cortar el buen rollito que tenemos por el tema  este de la primera vez. De hecho es ya la segunda vez. Recuerda que ya hemos estados juntos en aquel Pub.

-Aquello no contal.

-¡Vaya por Dios! –murmuré para mí-. Oye, Mishita ¿te gusta la poesía? Escucha estos versos,  son de un poeta japonés:


Te vi mirando los moldes de la pasión,
me fugué contigo y lo sabes, por qué
dirás, si a eso respondo besándote
con la mirada frágil, de la intuición.

Jugaste conmigo, caos en la sinrazón.
Qué decir si ambos, hablando en parné,
en plata, desviamos la mirada ahogando tal vez
las ganas y un susurro, en el caparazón.

Ahora es difícil jugar con esos dados,
nos revolvemos en nuestro sitio, e inquietos,
perdemos la mirada, si en la cama nos rozamos.

Infiernos que arden, condena de sonetos,
cielos que albergar no pueden a desdichados
que se dijeron no, y alzaron parapetos.

Antes de que amanezca, volaremos
Antes, aún, de siquiera pensarlo
Habremos empezado a soñarlo
Es de noche, e intentarlo podemos

Al ver que ella ponía cara de asombro, cara de no entender nada (sí, vale, era japonesa y ya sabemos cómo son las japonesas, pero…un poco de sensibilidad no habría estado mal, ¿no?),  me dejó perplejo. A todas las mujeres les gusta que les reciten un poema. Y ella se había quedado impávida e impertérrita. Algo no encajaba del todo. Algo no me cuadraba, no sabía exactamente lo que era, pero sabía que era algo. Aunque en aquel momento no le quise dar mayor importancia, es verdad (recuerden ustedes que todo el aire de  la estancia estaba  cargado de feromonas y calurosa tensión), y decidí cambiar de táctica… Había que emborracharlas.

-¿Queréis beber algo diferente, preciosas? –les pregunté–. ¿Champán?

Ellas asintieron con entusiasmo. No sé qué tienen las orientales con el champán, pero las vuelve locas, y eso que no saben reconocer un Brut de un semi-seco. Me dirigí a la cocina, abrí la nevera y contemplé las dos últimas y solitarias cervezas, una tarina de margarina Flora abierta y visiblemente rancia por un extremo, así como una botella  de sidra El Gaiteiro. Ni rastro de champán. El problema era que el Codorniu se había terminado. Revolví la nevera buscando más; me giré disimuladamente y vi como Josep me miraba. Yo me encogí de hombros en señal de que algo iba mal. Entonces saqué la botella de sidra El Gaitero, convencido de que la sidra asturiana del la tienda de ultamarinos de mi amigo Manolo  daría el pego; ya he dicho que las orientales no entienden de burbujas: tienen más afinado el sentido del olfato que el paladar.

Así que agarré la botella de sidra  y la envolví en una servilleta, como para que no goteara, pero lo que hacía era tapar la etiqueta, y salí de la cocina sonriendo.

-¡Chicas! –grité–. Aquí viene el champán. He sacado lo mejor para vosotras.


– ¿Qué es? ¿Qué es? –preguntaba Mishita palmeando con sus manitas.

–Una botella de Anna de Codorniu Brut Vintage 1992 –anuncié.

– ¡Uy, qué rico! –Dijo Tashita

– ¡Oh! –dijo Mishita.  Pelo esto es demasiado.

–Nada es demasiado para vosotras princesas -repliqué yo con una hermosa sonrisa-.

Les serví unas copas de la sidra espumosa, que ellas degustaron con entusiasmo, especialmente Tashita, que estaba totalmente entregada. La otra, Mishita,  parecía algo más suspicaz.

-Bueno, y  cacatúa. ¿Dónde estal cacatúa? Jijijiji-preguntó Tashita-. Nosotlas quelel vel cacatúa hablal.

-Claro, mi cacatúa. Por cierto ¿Os he dicho que se llama Einstein?

-jijiji, ¿como glan científico?

-Sí, como Albert Einstein.  

-Einstein  científico hablal mucho también, jjijijiji

-Bueno, ahora ya no, jajaja, está muerto, ¿sabes?


(Esta tía es tonta del capirote -pensé para mi-…menos mal que ella está con Josep, y yo con Mishita, que aunque fría cual témpano de hielo, por lo menos no tienía esa risita de hiena, insoportablemente percutora) .

-Es veldá…muelto, jijijiji

-Ahora os enseño a Einstein, lo tengo en la terraza. En verano, con el calor, lo dejo al fresco.

Cogí en un aparte a Josep.

–Escúchame bien, Tashita es tonta del culo y  fácil de engañar -le dije-, pero Mashita es más lista, y me preocupa más. Espero que no se dé cuenta de que mi cacatúa no es una cacatúa, sino un vulgar loro verde comprado en aquella tienda de mala muerte del las Ramblas.  Es que me han dicho que los japoneses entienden mucho de fauna y flora, ¿sabes?  Creo que en su ADN llevan grabada, a fuego,  la enciclopedia de la fauna y la flora. Las cacatúas tienen un  plumaje primariamente blanco, en algunas especies rosado o amarillo, un prominente penacho, y un pico negro, en algunos casos,  pálido. ¡Y tú has visto a Einstein! Es más verde que el amazonas, y es normal, coño. Mi loro es un loro común, verde y tonto,  y encima jamás ha dicho una sola palabra. Me dijeron  en la tienda que si le daba  pan mojado con vino y azúcar se pondría un poquito alegre y que  si le recitaba versos los repetiría, pero nada de nada, y eso que le he susurrado poesías enteras de Paul Verlaine. En fin, que espero que todo salga bien y que no se den cuenta del engaño...Josep, ¿me estás escuchando? ¿Qué pasa? ¿Por qué me miras así, con esa cara de besugo, eh?... Josep, ¿te has quedado mudo?... ¡Tío, dí algo, joder!

-Entonces… ¿Einstein no es una cacatúa?

Ya lo ven amigos y amigas, como dijo Shakti Gawain: La ignorancia es como una sombra - carece de materia, es simplemente falta de luz; no puedes hacer que una sombra desaparezca tratando de luchar contra ella, de pisotearla, de quejarte amargamente de ella, o utilizando cualquier otra forma de resistencia emocional o física. Para provocar que una sombra desaparezca, debes poner luz en ella.

(Continuará…)

27 agosto 2012

Dios creó el Universo. El resto es Made in China.


La historia que hoy les voy a relatar es verídica en el fondo, y solo la forma ha sido ligeramente alterada para hacerla más divertida. Ya me conocen, y saben que nunca miento, y también saben que con muy poco armo un relato, lo desarrollo ...y la mayoría de veces hasta me sale bien. Este concretamente se me ocurrió al oír a un buen amigo decir: “Es una catastrofe. Dios creó el universo. El resto es made in China.”
Sí, ya sé que no es mucho, pero a mi me  ha bastado. Yo soy así.

Todos sabemos que desde los tiempos inmemoriales, de los que, como son inmemoriales, ya no nos acordamos, los más pequeños detalles han venido produciendo catástrofes. Y como sé que van a poner en duda mi afirmación, como es habitual y corriente, voy a poner como ejemplo lo que me pasó no hace muchos días.

 Todo empezó una noche calurosa del mes de agosto. Sábado para más señas.

Estaba en casa, en el salón. Es uno de mis rincones favoritos, cuantas horas he pasado ahí con la ventana abierta, sintiendo la suave brisa en mi piel y soñando, recordando y meditando. Me encanta ese sitio. Estaba tranquilo y relajado,  pensando en un Universo semi vacío, y en el bosón de Higgs desplazando todo de su lugar lógico. El silencio se defendía de su imagen esquizoide clavándose en mis neuronas, y flotaba hasta caer como remache de luna, como confesión de agua clara. Toda la masa del universo parecía travestirse para hacerme el favor de una mentira. ¿He dicho que estaba tranquilo? Sí, creo que lo he dicho. Tranquilo y sosegado... muy sosegado... tal vez en exceso, ya que sentía la  terrible amenaza de convertirme en un zoquete sin sentido del humor,  pero en ese preciso momento sonó mi  móvil. Miré el número del llamante, vacilé, dudé,  pero finalmente apreté la tecla de aceptar llamada. ¡Maldita sea…Me tendría que haber pillado el dedo con la  tapa del W.C! Pero ya era  demasiado tarde.

-Ton, espabila, ponte la camisa negra, la de salir,  que paso a recogerte en diez minutos. Hoy te voy a llevar a un sitio que me han dicho que es la leche, y…

-No me toques los cojones, con eso de “me han dicho que es la leche”. Siempre que te dicen eso, la cosa acaba como el rosario de la aurora.

-Venga, joder, Ton, no me seas quejica, y estáte listo y preparado que voy en camino. Esta noche es, como dijo el poeta: "tiempo de tormenta, toca marejada, nuestra particular mar arbolada. Abarloan los vientos, las velas del sentir ponen rumbo a las eternas tierras llamadas “sin porvenir”. Madruga la duermevela, y dos locos sientan las bases de su porvenir entre delirios de alcohol y noches en vela…"


Bien, llegado a este punto, supongo que han adivinado quien estaba al otro lado de las ondas hertzianas, ¿no?

Sí queridos amigos y amigas, han acertado: el capullo de Josep.

Cojan un calentorro muy mediocre; críenle amamantado con la leche de hormiga durante diez años; acójanle de mayor y acúnenle en los pechos de las noches locas de Barcelona; promociónenle sin esfuerzo, simplemente por ser "amigo tuyo", todo esto aderezado con alcohol y humo; llévenle a creerse que es un ligón de película; díganle lo listo que es y denle poder casi ilimitado para meterle en líos; agítese todo y obtendrán un clon de mi amigo Josep. Ah, pero cuidado: luego es muy difícil de eliminar, y mancha mucho. El resultado del experimento puede producir gangrena de inteligencia, parálisis cerebral y ruina económica. En fin qué quieren que les diga, filosóficamente Josep no aporta nada, nada bueno quiero decir, pero en cambio –y para compensar– es mi mejor amigo.

Llegamos al local que Josep dijo que era “la leche”,  pasada la media noche. Pedimos unas copas y me senté mientras él se fue a inspeccionar los “alrededores”.

 A los pocos minutos vino todo excitado a darme lo que él llama: una buena noticia.

-Ton, hay dos chicas de pelo negro y ojos rasgados abanicándose con dos "Pay-Pay" detrás de aquella gran palmera, creo que son orientales.

-¡Tan perspicaz y sagaz como siempre, Josep!

-No, en serio, creo que son japonesas.

-Estás seguro… ¿no serán suecas?

-No, son orientales  totales.

-¿Estás seguro, igual van disfrazadas?

-Deja ya tu burdo sarcasmo, te digo que son orientales....¡Y están buenísimas! Ya sabes lo cachondo que me pongo al ver el entramado peludo de estas diosas de oriente. ¡Que vivan las orientales y su mata pendenciera! Venga, vamos allí, están solas y parecen perdidas...

 Josep estaba tan excitado, ante la posibilidad de ligar con esas chicas, que accedí a su petición, y nos acercamos al rincón donde ellas, ajenas todavía a lo que se les venía encima, seguían abanicándose con sus hermosos "Pay-pay" decorados con magníficos dibujos del monte Fujiyama, y cerezos en flor.

-Hola-dijo Josep - dirigiéndose a la que parecía más comunicativa.

-Hola -contestó ella con una sonrisa amplia, casi dilatada.

-Me llamo Josep, y éste es Ton, mi mejor amigo.

-Tu único -añadí yo casi susurrando-.

-¿Como? -Preguntó  él al no oír muy bien eso último que dije-.

-Tu único amigo -repetí  yo aacercándome a su oído-.

-jaja, siempre tan sarcástico mi amigo. ¿Podemos sentarnos? -les preguntó señalando unas silla vacías-.

Vi como las chicas cuchichearon unos segundos entre ellas, antes de decir:

-jijijij, sí clalo, nosotlas no sel de aquí, estal de vacaciones, somos de japon, de las islas Senkaku., jijijijij

-Jajaja, estupendo, ¿lo ves Ton?, te dije que parecían muy simpáticas.

-Dijiste que estaban buenísimas-le mascullé en voz muy baja, y forzando la sonrisa-.

-jajaja, mi amigo es así, es puro  chiste-les dijo riendo-. ¡Bueno, qué! ¿Os gusta Barcelona? El paralelo, el monumento a Colon, el Tibidabo, Montjuic…

-Oh, síiiii. Balcelona es pleciosa. Saglada familia es muy famosa en Japon. Palque Güell, el glan pintol Miló, y Balça, jijiji.

Madre mía-pensé para mí-como Josep siga por la estrategia de repasar la monumental Barcelona voy a hacer como esa estrofa de la canción de Fabiana Cantillo que dice :“Yo me bajo de este tren, choca contra toda una pared. Me largo, ya no me divierte. Volar, irse, cielos, todos esos soles robar, lejos de la gente…”

-jajaja, has visto, Ton, qué te dije, eh? Son geniales, ¿no? Jajaja…

-Sí, son geniales-repliqué dando un sorbo a mi copa.

Entonces en ese momento cometí una gran estupidez, casi del tamaño de  las que suele cometer Josep, y queriendo cambiar el rumbo de la conversación, miré a la que parecía más espabilada y le dije:

-Así que sois de las islas Senkaku…Pertenecen al archipiélago de Ryukyu, ¿no? ¿Sigue China y Taiwán reclamando su administración?

-Oh, ¿tu conocel problema de Senkaku?

-Solo por encima.

-Pues sí, desde que Japon puso  islas bajo  administlación de Okinawa,  la Lepública Populal de China y la Lepública de Taiwán lo ven como una palte de Taiwán. Pelo nosotros los japoneses de Senkaku no quelemos sel chinos.

-Claro, lo entiendo.

-¿Sabes que  Diaoyu Dao  Uotsuri Jima, la isla más glande, tiene un número de especies endémicas como la Mogera uchidai y las hormigas Okinawa-kuro-oo-ari, y que éstas están amenazadas por las cablas domésticas que fuelon intloducidos a la isla en 1978 pol los chinos de Taiwan?

-¿No me digas? No, no lo sabía.

-¡Malditos chinos!-gritó Josep. Son como los parásitos, lo invaden todo…a que sí, Ton, eh?

-Ejem…ejem…Bueno, debo reconocer que a veces son un problema, sí.

-¿Y sabes que entle todas las islas, Nan Xiaodao Minami Kojima es uno de los lugales de clía de los lalos albatlos de cola colta?

-Vaya, ¿en serio?

-Sí, los Phoebastlia albatlus. Una especie muy lala. Me gustan mucho los pájalos, ¿sabes?

-Ya. Bueno, bueno, bueno…eso es genial. Yo adoro los pájaros también. De hecho tengo una cacatúa. Y digo yo, ahora que lo pienso ¿no os gustaría conocer a mi cacatúa? Es increíble, es más lista que el hambre.

-Hamble, ¿tiene hamble?

-No, quiero decir que es muy inteligente. En España cuando alguien es muy inteligente, decimos que es más  listo que el hambre, ¿complendes? (Mierda… no si al final voy a hablar como los chinos -pensé para mis adentros-). Y rectifiqué:

-¿Comprendes?

-Ah, complendo. En Japon decimos que es más inteligente que jagual neglo, jijijiji…

Estaba claro que la cosa no iba bien. Había que variar la estrategia. Entonces pensé  “-Coño, porque no les hacemos el juego de las 6 monedas, no falla nunca.”

El juego de las seis monedas por si no lo conocen, les diré que entre los naufragos de la noche es más viejo que el hilo negro…pero ellas al ser orientales igual no  lo conocían, ¿no? Bueno, es igual...el caso es que  este juego consiste en poner seis monedas sobre la mesa, en forma de T. Cuatro monedas en el palo largo, y una moneda a cada lado formando el palo corto, ¿me siguen? Luego hay que pedirle a la ingenua de turno, lo normal es que sean chicas rubias, son las más receptivas, que formen con las seis monedas dos hileras de 4. En este caso, al ser ellas morenas y orientales (dicen que las mujeres de ojos rasgados de tontas no tienen ni un pelo, pero yo oyéndolas reírse con ese jijiji tan irritante empezaba a dudar de todo) el resultado del experimento no estaba muy claro.

-¿Os gusta jugar? -les pregunté muy inocentemente-. Conozco un juego muy divertido.

Le pedí a Josep, seis monedas de 1 euro, yo nunca llevo monedas en los bolsillos, los deforman, y las puse sobre la mesa en forma de T.

-Veréis, se trata de hacer dos hileras de 4 monedas cada una. Si no lo conseguís, vamos a mi casa a conocer a mi cacatúa, ¿vale?

-Jijijiji ¡vale! -Dijeron ellas.

-¡Estupendo!  Mientras lo intentáis os dejo  en compañia de Josep, y yo iré a buscar el coche (tenía clarísimo que serían incapaces de resolver el problema de las monedas), lo tengo en el parking.

Al cabo de 15 minutos estaba de vuelta.

-Bueno, ¿qué?  No habéis sido capaces, ¿verdad? Pues venga, vámonos, mi cacatúa debe estar impaciente por conoceros.

-¿Tú como sabel que nosotlas no capaz resolvel problema?

-Porque mi amigo Josep, a quien conozco hace más de diez años, nunca ha sido capaz de presentarme a ninguna chica, amiga ,  conocida  o novia suya, capaz de resolver el problema de las seis monedas. Hoy no iba a ser diferente, ¿verdad Josep?-rematé mirándolo con mi media sonrisa socarrona-.

Estaba seguro que ellas no entenderían mi ironía, y por eso lo dije. Y creo que él, el muy capullo, tampoco lo pilló. Pero qué más da, si como dijo Thomas Mann: "Detesto la locura, la aborrezco desde el fondo de mi alma, aborrezco a todos los genios desequilibrados, o semi genios; detesto todo emocionalismo, toda pose excéntrica. ¡Audacia y osadía, si! La audacia es todo, es lo único indispensable; pero una audacia serena, decorosa, correcta, como envuelta en el suave terciopelo de la ironía. ¡He ahí lo que yo soy y lo que quiero ser!"

(Continuará…)