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21 septiembre 2013

La metafísica de Aristóteles y el empirismo de Hume.

¿cual es la diferencia entre una teoría científica y las opiniones personales? Se ha especulado mucho sobre eso, y hay varios criterios, aunque uno muy popular es la hipótesis de falsabilidad de Karl Popper. Este buen hombre decía que deben existir experimentos que permitan intentar probar que una teoría es falsa. Pongamos un ejemplo cercano: la teoría de la gravedad de Isaac Newton. La gravedad es una de las cuatro interacciones fundamentales observadas en la naturaleza. Origina los movimientos a gran escala que se observan en el universo: la órbita de la Luna alrededor de la Tierra, las órbitas de los planetas alrededor del Sol, etc, etc. Para que nos entendamos: dos cuerpos se atraen entre si con una fuerza inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que los separa. Y para esta teoría podemos imaginar experimentos que la pongan a prueba. Con bolas de metal (no valen las bolas chinas), con planetas o con barquitos en el mar. A la primera excepción, si por cualquier razón dos cuerpos no se atraen hay que revisar la teoría . Está claro, ¿no? En cambio, pensemos por un momento en la teoría psicoanalítica de Freud. Bueno, no, no...mejor vamos a dejar a Freud descansar en paz y vamos a hablar de alguien menos complejo, más simple: mi amigo Josep. Sí, Josep es perfecto para desarrollar lo que quiero explicaros. No se me ocurre mejor ejemplo para demostrar en cinco minutos lo que Karl Popper tardó años en descubrir. Todas las teorías científicas indican que su nueva novia de Torrelodones lo maneja como si fuera un Bichón maltés (es un perro faldero), sin embargo él, sí, él, lanzando opiniones personales que huelen a puras especulaciones producidas por un exceso de testosterona, sigue bunquerizado en sus cuarteles de invierno, y defendiendo que su “chica” (no es tan chica, pero eso es lo de menos) lo único que pretende es hacer de él una mejor persona. Más culta e implicada en temas sociales, políticos y filosóficos. Yo no lo veo así, y no me explico que él no vea lo que todos vemos, y cuando digo “todos”, me refiero a todos. Pero ese capullo sigue agarrado a la muy vulgar, común y nada original idea del "Diseño Inteligente" que sostiene que todo lo que no podemos explicar en biología implica necesariamente un diseño premeditado de un ser superior. En fin, no voy a enrollarme más y copio y pego la conversación que hemos mantenido esta mañana de sábado casi otoñal.:

-Se me acaba de ocurrir una idea, Ton. Es una idea genial.

Lo miré con detenimiento. Él miró a través de la ventana, como buscando las palabras. Pasaron casi diez segundos interminables.

-Aquí entre nosotros -dijo al fin-,ya sabes que soy un tipo raro. Parezco una cosa pero soy otra. Todos me ven como un tío sin cultura y muy simple, pero tú sabes que no es así.
-Y tanto.
-Se supone que esto que voy a contarte no lo sabe nadie más que mi abogado, la portera de mi finca, la brigada de recogida de basura, el concejal de urbanismo, mi novia y doscientas o trescientas personas más.
-Bien, pues tú dirás-le contesté.
-Quiero abrir un blog y escribir en mis horas libres.

Esto que acababa de decir podría haber tumbado a un rinoceronte, pero yo aguanté como un jabato, y dije, sin mostrar signos de atolondramiento:

-Ah.
-¿Como que “Ah”? ¿No me dirás que no es una buena idea?-me preguntó.
-Sí.
-¿Sí qué?
-Que sí, que es una idea.
-Una gran idea ¿Y no me preguntas sobre qué quiero escribir?
-No.
-¿Como que no? ¿No te interesa?
-No.

Me gusta desconcertar a Josep siempre que puedo. Tampoco es muy difícil.

-Está bien, te lo voy a explicar.
-Perdona...¿no me has oído? He dicho: NO. Me da igual si te gusta más el cine o la literatura. Si prefieres escuchar rock o música clásica. Me importa un bledo conocer tu nueva idea. Todas tus ideas me traen problemas.
-Mira Ton, o te lo cuento o reviento, ya me conoces. A menudo sucede que creamos en nuestra mente obstáculos que en la vida real no existen, ¿verdad?

Lo miré sin decir nada.

-Lo que quiero decir es que he decidido quitar esos obstáculos de mi mente. Por suerte existen personas que se cuestionan periódicamente la validez de ciertas "verdades" universalmente aceptadas. Mi nueva novia, ya sabes, la de Torrelodones, es una de ellas, y me ha hecho comprender que tengo que emprender nuevos caminos, que debo experimentar con la filosofía. Que la filosofía puede cambiar mi vida. Me ha hablado de un tal Roger Banister de quien dijeron que estaba loco, pero a él no le importó. Me ha dicho que hay que nadar contra corriente, ir a caballo de la ola y enfrentarse a todas las corrientes, puesto que todas son tendenciosas. También me ha inscrito en un grupo, en Facebook, titulado “Hoy no han ganado los ignorantes: han ganado los ignorados”. Es una chica increíble, es... como te diría yo...es increíble...sí, eso es...es increíble.
-Ya. Me gusta tu facilidad de palabra. Mira Josep, estoy seguro que el hecho de que tu nueva novia de Torrelodones lea “Pour Marx” y “Lénine et la philosophie” de Louis Althusser, es muy importante para ti, porque tus anteriores novias solían tocar otros registros, y estoy seguro que es lo que más te ha cautivado de ella, pero dime una cosa: ¿Te has vuelto loco? Ni de pequeño te gustaba leer o escribir, y menos estudiar, ¿y pretendes ahora convertirte en filósofo?
-Joder, Ton...Li Bai, el poeta más consagrado de China, cuando era niño tampoco le gustaba ir al colegio.
-¡No me lo puedo creer! ¿Ahora me vas a hablar de Li Bai? Pero si anteayer no sabías quien era Confucio...
-Tienes razón, pero compréndeme, soy otro hombre. Ycomo dice mi novia:Para ver claro, basta con cambiar la dirección de la mirada.
-Coño, ¿eso te ha dicho tu novia?
-Ya te he dicho que es increíble.
-Ya veo, ¿y te ha dicho que eso ya lo dijo Antoine de Saint Exupéry mucho antes que ella?
-No conozco a ese Antoine, pero si lo dijo es que se lo oiría a mi novia. Verás Ton, ha surgido en mí un fuerte deseo por conocer la filosofía de Aristóteles, la metafísica, el empirismo británico de Denis Hume...
-¡Oh my god! Vamos a ver Josep, primero, no es Denis Hume, es David Hume, y segundo, somos amigos desde hace más de quince años, ¿verdad?
-Sí. Hay que ver como pasan los años, por cierto.
-Ya lo creo. Y dime, Josep¿en esos quince años de amistad hemos hablado tú y yo de algo que no fuese fútbol, mujeres y coches?
-Qué quieres decirme con eso?
-¿Tú qué crees?
-Ah, ya entiendo, qué cabrón eres...quieres decirme que nunca hemos hablado de filosofía, es eso, ¿eh?
-Sí, eso quiero decir. Dejando a un lado la máxima del gran Groucho Marx: “Estos son mis principios. Si no te gustan tengo otros“, ¿Venderías tus principios por un par de tetas?
-Claro que no, ahora soy un nuevo hombre. Pero... no te entiendo. ¿Qué me quieres decir?
-Lo que quiero decir es que tu nueva novia de Torrelodones te está cambiando tus principios. ¿Te acuerdas de Manuel?
-¿Manuel? ¿El que se marchó a Brasil con aquella mulata que conoció en el club “Saratoga”?
-El mismo. Pues pese a que siempre estaba leyendo a Balzac, desde mi modesto punto de vista, Manuel era un imbécil. Y con ello no quiero ofender a nadie. ¿Te acuerdas aquella noche, en aquel bar, cuando conocimos aquellas dos chicas y salió el tema de esa teoría surgida espontáneamente en algún momento de la historia, llamada Creacionismo?
-Jajaja, como no voy a acordarme...que pijas que eran las dos. La verdad es que no tenía ni idea de qué era el creacionismo, pero al contestarle me salió un buen chiste, ¿no?
-Ya lo creo, el chiste no fue malo, aún lo recuerdo. Dijiste: las bases del Creacionismo fueron sentadas porque de pie se cansaban.
-Jajaja, sí, estuve sembrado. Oye, ¿qué pretendes decirme mencionandoeste episodio pasado?
-Solo pretendo que no olvides quien eres. Y que no quieras cambiar tu forma de ser, tu esencia, tu auténtica personalidad, porque tu novia, la de Torrelodones, quiera remodelar un monigote que en sus genuinas formas es mucho más auténtico que lo que ella pretende obtener.
-Sí, pero es tan sexy, guapa, inteligente-dijo él.
-Descarada y manipuladora.
-También. ¿Pero has visto qué tetas tiene?

Lo miré y los astros se alinearon cuando me vino a la mente una frase de Rabindranath Tagore: “La verdadera amistad es como la fosforescencia, resplandece mejor cuando todo se ha oscurecido”.
Y me reí. Qué le vamos a hacer, es mi amigo, y la vida me ha enseñado que lo que en uno es grave tragedia, en otro es mínima tontería. 

08 septiembre 2013

Madrid 2020...el ocaso de los visigodos.

Madre mía, madre mía. Todavía estoy en estado de shock, y eso que ya debería estar curado de espantos. ¿Cómo se puede ser tan tonto? Ah, ¿pero no sabéis de quien hablo? ¿Y de quien puedo hablar si hablo de tontos? Pues claro, del pendejo de Josep. Todos sabéis que las más pequeñas cosas pueden ser motivo para que se hable largamente sobre ellas. Por ejemplo, la no elección de Madrid 2020. Sí, ya sé que hay cosas más importantes pero es que ese capullo me acaba de llamar por teléfono muy disgustado por la no elección de Madrid como sede olímpica para el año 2020. No es que mi amigo Josep sea muy amigo de los meseteros, pero resulta que su actual novia es de Torrelodones, y ya sabéis que dos tetas tiran más que dos carretas. La cuestión es que me ha hablado de desgracia, de calamidad, de tragedia. Luego, para demostrar lo grave de la debacle de Madrid 2020, ha añadido fantastibulosos datos que parecían querer decir algo pero no lo hacían. Bueno, por si no me creen solo les diré que ha comparado las consecuencias del gran fiasco de Madrid 2020 con la tragedia de la empresa Orinamco en el año 1987, que invirtió en Pernambuco muchicientos dólares ecuatorianos para la producción de nuez moscada... aquello según él fue terrible ya que aquél año hubo un eclipse de sol que mató a cuatrocientos millones ochenta y siete mil cincuenta y nueve personas y un gatito marrón y nacieron niños con dos cabezas. Por mi parte he intentado calmarlo recordándole que en el mundo de la política todos quieren destacar por algo y ser recordados por la posteridad como autores especialmente implicados en obras faraónicas. Y esto conduce en ocasiones a la mentira. Que la diversión puede ser el postre de nuestras vidas, pero nunca su plato principal. Que la propaganda es una formidable vendedora de sueños, pero que Madrid nunca fue favorita, y que Ana Botella, la alcaldesa de la peineta, no era la persona más adecuada para representar la pujanza y dinanismo de la capital del reino de los visigodos. También le he dicho que las mariposas a veces tienden sus alas temblorosas y en alegría loca de luces y colores, ebrias de amor para expirar en tálamos de flores... Y que hay espectativas que se acaban como esas mariposas. Finalmente le he explicado la famosa anécdota del emperador romano Titus Flavios Domitianus, (Domiciano para los amigos) que fue un gran patrón de las artes y el instaurador de los denominados Juegos Capitolinos, que incluían como parte importante de los mismos diversos concursos literarios, y que además, fue un prolífico escritor de poesía. Sin embargo, le he dicho, quiso descollar también en el terreno científico con un tratado técnico sobre la caída del cabello, aspecto en el que pretendía ser una autoridad, y lamentablemente para su credibilidad, a los dos años de la aparición de esa obra, el emperador estaba ya totalmente calvo. Pero nada, mi irónico y cáustico sentido del humor no  ha hecho mella en él, y  ha seguido hablándome de complot, de conspiración judeomasónica, de envidias malsanas y de venganzas posteriores. Sí, la verdad es que Josep estaba bastante cabreado. Así que viendo que no entraba en razón, y percibiendo que la derrota de Madrid le había trastocado por completo, le he pedido que me presente a su nueva novia de Torrelodones, porque ahora más que nunca estoy convencido que esa chica tiene que ser una bomba sexual.

14 agosto 2013

Cubano de Mayabeque.

¿Como averiguar la madurez emocional de una persona? ¡Es asombroso! Hasta ahora siempre había pensado que era tan difícil como averiguar el sexo de los pájaros; que se tenía que determinar quirúrgicamente, o que dependía del plumaje, de la cresta, del pico o otras taradeces. Pues NO, ayer mi amigo Josep (ya saben que me refiero al que se folló a la segunda mejor amiga de su ya ex mujer y se encontró las maletas cerca del contenedor de color verde, y bla bla bla…) me demostró que es mucho más sencillo. Paso a explicarles lo que ocurrió.

Cuatro de la tarde. Suena el teléfono de mi casa. Me tengo que levantar del sofá y dejar de ver un magnífico documental en televisión sobre el famoso matemático Diofanto de Alejandría que me interesaba mucho. A pesar de ser inalámbrico el teléfono suele estar en su base para evitar que la batería se descargue, así que me tengo que levantar del sofá. Descuelgo:

-Hola –me dice una voz al otro lado.
-Hola –contesto educadamente.
-¿Le puedo cantar una canción? –pregunta la voz con un acento sudamericano que no logro, al principio, situar con claridad, pero que a los pocos segundos reconozco como cubano, y más concretamente de Mayabeque.
-Si no es muy larga...es que estaba viendo un magnífico documental de Diofanto de Alejandría, ¿sabe usted?
-Es cortita, compañero.
-De acuerdo, pero después tendrá que dejarme que yo le hable de nuestra iglesia del “Séptimo Día”.
-Claro, faltaría más.
-Entonces no perdamos el tiempo.
-Ahí va, compañero: Me casé con un enano, salerito, pa jartarme de reír, Pa jartarme de reir, me casé con un enano, olé salerito y olé me casé con un enano, salerito pa jartarme de reír, olé ahí, ese tío que va ahí. Pa jartarme de reír, le puse la cama en alto, olé, salerito, y ole, le puse la cama en alto, salerito, y no se podia subir. olé ahí ese tío que va ahí. Y eso sí que fue de veras, y eso sí que fue de veras , olé, salerito, y olé, que al bajarse de la cama, salerito,se cayó en la escupidera. Pa jartarme de reir Le puse la cama en alto Olé, salerito, y ole Le puse la cama en alto, salerito, y no se podía subir Y no se pudo subir y eso sí que fue trabajo, y eso sí que fue trabajo Porque yo subí a la cama, salerito,pero el se quedó abajo.

Sin duda no me habían preparado para esto durante el cursillo intensivo de supervivencia de media hora que me habían impartido en el servicio militar.

-¿Le ha gustado, me pregunta la voz de acento cubano de Mayabeque, con entusiasmo?

Yo canté, hace años, en el coro del colegio y sé el tono que hay que usar para una melodía tan folclórica, y difícil, así que le dije:

-Mira amigo, cantar agudos no se hace de la noche a la mañana; es mucho esfuerzo y necesita control de una técnica específica. Depende también mucho su edad; ¿Qué edad tiene?
-Acabo de cumplir los 48
-Entiendo. Siendo alguien tan joven es normal que le salgan los concurridos gallos al cantar notas altas, debido a que la voz masculina acaba de desarrollarse completamente despues de los 49, que es cuando un cantante esta en su mejor momento. Los consejos que le puedo dar, que a mi me sirvieron, son los siguientes:

No coma nada cuatro días antes de cantar.

Tome solo agua de manantial y muy purificada. La de Katmandú es idónea. La del grifo suele tener minerales que le llenaran el estomago de agua, pero no le harán cantar mejor. La apertura de la boca también es importante, debe ser suficiente para liberar presión, pero no la exagerada para liberar aire de mas. Relaje bien el conducto respiratorio antes de dar el do de pecho, pero tampoco hace falta que se esfuerce demasiado; si no puede llegar a las notas más altas quédese más abajo. Ah, y lo más importante, no se canta con la garganta, sino con el diafragma, con aire desde el estomago...¿me entiende?

-Sí, creo que sí. El diafragma es un instrumento musical como el diapasón, ¿verdad? 
-Exactamente. Mas simplemente explicado: tiene que endurecer el estomago como cuando va al baño, y sacar el aire a proporciones equivalentes, ¿comprende?
-Sí, creo que lo comprendo.
-¿Seguro? ¿Si quiere le puedo poner otro símil?
-Pues no estaría de más, compañero.
-Mire, usted parece cubano por su acento, así que con un ejemplo sexual lo entenderá mejor. Cantar con el diafragma es como esos momentos en que nos estamos frotando con una mujer en la cama para quitarnos el “picor sexual”. No pensamos en este tema, de hecho lo más probable es que no pensemos en nada porque nuestra sangre se concentra lejos de la cabeza, pero nuestros genes sí que lo saben, ¿me comprende ahora?
-Bueno.. bueno... bueno... ahora sí que me ha quedado claro, compañero. Es usted un lince encontrando ejemplos y símiles.
-Gracias, también soy experto en saber si tu chica te es infiel con sólo uno o con muchos más. Por cierto Josep, capullo, que eres un capullo, mientras te dedicas a hacer el gilipollas, llamando por teléfono a tus amigos, imitando el acento cubano, tu novia estará seguramente follando con un cubano de verdad.

Ya ven queridos amigos y amigas, Josep es así. En general nunca pasa desapercibido cuando sale por ahí, y cuando se queda en casa tampoco. Y como dijo William Somerset Maughan: “Sólo una persona imbécil rinde siempre al máximo de sus posibilidades.

01 marzo 2013

La vacuidad.


Estaba inquieto, nervioso, y opté por leer el ensayo de un aprendiz de filósofo antes de irme a dormir. Dicen que leer ayuda a conciliar el sueño. Sí, lo sé, “el amor propio”…tocarse, vamos…también ayuda…pero decidí leer.  El ensayo trataba de la Ética, esa parte de la estética que se encarga de suministrar las reglas para quedar bien ante una entidad abstracta (como Dios, la Humanidad, la Salud Pública o la Justicia) cuando la fuerza de las circunstancias impide quedar bien con uno mismo.  La cuestión es que me levanté raro,  desconocido. Tenía pensamientos subrepticios, indescifrables. Lo que todo hombre tiene que ser para los otros y, en el mejor de los casos, también para sí, es ser una aberración o una anomalía. En resumen: una guarrada, o un hereje civil partidario de un teorema irreprochable. Porque, ¿quién quiere ser normal en un mundo tasado por idiotas? Todo esto y más es lo que estaba pensando mientras aniñaba mi jeta ante el mundo civilizado por el servil espanto a destapar el alma peluda de cavernícola, cuando sonó el timbre de la puerta. ¿Quién coño será? Pensé para mí. Miré el reloj, era temprano y la verdad es que en aquel momento sentía la necesidad ineluctable de olvidarme de mi mismo y no tenía ganas de aguantar a nadie, menos a alguien dispuesto a sacar provecho de otro haciéndole creer que recibe un beneficio. El timbre sonó de nuevo. Me recordó esa imagen wagneriana del miedo en rebeldía contra la rebeldía del miedo. No quería abrir, sabía quién era. A esta hora tan intempestiva solo podía ser él, pero apelé a la amnistía pasajera que se dispensa con el envoltorio de la ternura y  conseguí una  mejor disposición para afrontar la cohesión de inmundicias que me esperaba tras la puerta. Era consciente que si no abría sería peor. El humanista de buche y paladar, convalecencia de la inferioridad, sospechoso de inutilidad vocacional, ya no solo tocaba el timbre sino que aporreaba la puerta. Pensé primero en otorgarle el beneficio de la muerte, pero finalmente decidí aunar jaquecas para así resolver problemas comunes y no tardar en coincidir que el mayor problema era haberle conocido. Abrí la puerta, y ahí estaba frente a mí el aristócrata de la picaresca que centra su falta de talento en pretender vivir como si lo tuviera. El único ser humano capaz de pasearse en un congreso de ecologistas luciendo con orgullo un exquisito abrigo de pieles de oso panda a lomos de un elefantito al que azota con una goma de butano.

-Hola Josep, ¿qué pasa ahora? Pregunté retóricamente.

-No te lo vas a creer, Ton…no te lo vas a creer-dijo al tiempo que me apartaba de un empujón y se metía directamente al salón-.

Cerré la puerta, y le seguí. No, no voy a negar que sintiera como una conspiración que mimetiza papeles inofensivos para morder a traición con una rabia que no busca desahogo en las radiaciones de la alegría, sino en la propagación impúdica del envilecimiento, pero me contuve y dije:

-A ver, ¿qué es lo que no me voy a creer?

-Ton, ¿recuerdas a Rosa?

-Sí, creo recordar que me pediste consejos de cómo preparar el terreno para un asalto.

-Esa, esa…pues, ¿te puedes creer que me ha llamada celoso y vacuo?

-¡No me lo puedo creer!

-Oye, por cierto, Ton, celoso sé lo que quiere decir, pero ¿qué coño es eso de vacuo?

La pregunta era tan directa no me dejaba otra que emprender ese camino jalonado de dudas que tras diversos derroteros no siempre transitables y alguna que otra perspicacia no siempre luminosa, conduce, finalmente, a la desesperación. Aunque no es habitual advertirlo, el recorrido emprendido es irreversible.

-Verás, Josep, tiene que ver con la vacuidad.

-¿Vacuidad? ¿Y qué cojones es la vacuidad? ¿Es malo?

¡Dios mío! Exclamé para mí. A ver como salgo yo de esta, sin recurrir al fanatismo de botiquín con caridad de mendrugo que pugna por el apostolado jurídico mundial para santificar un prototipo caramelizado de ser humano frente al cual toda divergencia parezca una amenaza y cualquier oposición una herejía excomulgada de la historia. En fin no me queda otra que tirar del método fundamentalista de conocimiento que opta por la fe en la consistencia de los hechos para sistematizar la realidad aun cuando la realidad demuestra la inconsistencia de los hechos para llegar al conocimiento.

-Josep, siéntate. Voy a intentar ser lo menos cínico posible, eso que me llaman mis amigos cuando sienten que llevo razón y les molesta reconocerlo. ¿Quieres de verdad que arranque las alas para entrar en el panal?

-¿Eing?

-¿Qué si quieres de verdad que te explique qué es la vacuidad?

-¡Si no es muy largo!

Lo miré, apercibí la herida del alma por donde se desangra la razón,  sentí una colisión entre seriedad y serenidad, y pensé que  el único modo de deshacerme de él y volver al paraje concurrido y a menudo variopinto al que se acude para volver con más amor a la soledad era aburrirlo, abrumarlo con una explicación larga, tediosa y soporífica.   Pero no quería ser como esos Individuos que se han resignado al santísimo gusto de expulsar de su rutina a los intrusos ante la incapacidad mental o material de eliminarlos. No, no quería ser descortés. Tampoco quería hundirlo en la miseria más absoluta explicándole que la vacuidad a la que se refería su amiga  Rosa es la falta de contenido o profundidad. Así que opté por explicarle la versión oriental.

-Bueno, intentaré resumirlo lo más posible-le dije cruzando las piernas y recostándome en el sillón-.
Verás Josep, la verdad última es la vacuidad. La vacuidad no es la nada, como piensa la gente común, sino la carencia de existencia inherente. La mente de autoaferramiento proyecta de manera errónea una existencia inherente a los fenómenos. Todos los fenómenos aparecen ante nuestra mente como si existieran de forma independiente y, sin darnos cuenta de que esta apariencia es equívoca, asentimos instintivamente a ella y aprehendemos todos los fenómenos como si existieran de forma inherente y verdadera. Ésta es la razón principal por la cual nos hallamos atrapados en el samsara. ¿Me sigues?

-Sí, claro…ejem…claro.

-Muy bien. En la realización de la vacuidad hay dos etapas. La primera consiste en identificar con claridad el modo en que los fenómenos aparecen ante nuestra mente, como si existieran de forma inherente, y cómo creemos con firmeza que esta apariencia es cierta. Este proceso es lo que se llama «identificación del objeto de negación». Para que nuestra comprensión de la vacuidad sea correcta es de suma importancia comenzar con una idea clara de lo que hemos de negar. La segunda etapa consiste en refutar el objeto de negación, esto es, probarnos a nosotros mismos por medio de varios tipos de razonamientos que el objeto de negación en realidad no existe. De este modo, llegaremos a realizar la ausencia o inexistencia del objeto de negación. ¿Comprendes?

-Sí, sí...ejem…  claro…ejem…claro.

-Estupendo. Debido a que nuestro aferramiento hacia nosotros mismos y hacia nuestro cuerpo es mayor que hacia otros objetos, debemos comenzar contemplando la vacuidad de estos dos fenómenos. Para ello, nos adiestramos en esas dos meditaciones: la meditación sobre la vacuidad del yo y la meditación sobre la vacuidad del cuerpo. A pesar de que nos aferramos constantemente al yo como si existiera de forma inherente, incluso cuando dormimos, no es fácil identificar cómo este yo aparece en nuestra mente. Para identificarlo con claridad, hemos de empezar dejando que se manifieste con fuerza al contemplar aquellas situaciones en las cuales generamos con más intensidad de lo normal un fuerte sentimiento del yo, como ocurre cuando nos sentimos avergonzados, turbados, atemorizados o indignados. Recordamos o imaginamos estas situaciones y entonces, sin necesidad de analizarlas o de juzgarlas, intentamos percibir con claridad la imagen mental de este yo apareciendo de manera espontánea y natural. Hemos de tener paciencia, pues es muy posible que necesitemos varias sesiones de meditación hasta que logremos percibir con claridad esta imagen mental del yo. ¿Entiendes Josep?

-Ouch..sí, sí…está muy claro…ejem…bueno…ejem… ¿falta mucho todavía, Ton?

-Voy por la mitad, Josep. ¿Pero a que es interesante, eh?

-Y tanto…ejem…ejem…oye igual te he interrumpido y estabas ocupado, ¿no?…cachís…sabes qué…ejem…tengo que ir a casa, acabo de recordar que hoy viene el fontanero para arreglar el maldito sifón del lavabo…

-¿El fontanero? Bueno, como quieras, pero te vas a perder lo mejor. La vacuidad tiene mucha tela que cortar, ¿sabes? En fin, si tienes que marcharte no seré yo quien te lo impida. Lo primero es lo primero.

-Gracias, Ton…ejem…gracias de verdad. Bueno me marcho ya, eh! Ya sabes cómo son esos fontaneros…si llegan y no estás te cobran y no vuelven.

-Sí, es cierto, venga corre para casa, y ya sabes…cuando quieras saber como acaba eso de la vacuidad, pues solo tienes que decírmelo…los amigos estamos para eso…para ayudar. Cuídate mucho, y dale un beso de mi parte a Rosa.

-Sí, se lo daré…ejem…bueno, me marcho ya…es interesante esto de la vacuidad, eh!...y sí, seguiremos otro día… Ciao.

Abrió la puerta, y al salir corriendo casi tropieza con la palmera de plástico del  descansillo de la escalera. Objetico cumplido-pensé para mí mientras una sonrisa maquiavélica se dibujaba en mi rostro- . He conseguido que se largara con viento fresco. Sí, ya sé que he sido egoísta, que lo he abrumado con mi disertación para aburrirlo y provocar su partida, pero qué queréis que os diga el egoísmos es el nombre peyorativo que recibe la sagacidad para poner al descubierto las intenciones ajenas y obrar en consecuencia. Ahora que lo pienso, quiero deciros que cuando concebí esta disertación pensé en el momento que la escribiría y mientras la estaba escribiendo pensé en el momento que la concebía. Es como un círculo vicioso, un bucle en el tejido espacio-temporal, un fruto que sólo madura cuando uno se cansa de pensar. En fin que como dijo Calderón De La Barca: Cosas hay que aunque se digan, no son para que se entiendan.

24 febrero 2013

Leonardo.



Me quité la gabardina, sacudí las gotas de  lluvia que resbalaban por ella y entré en la habitación. Nadie se atrevió a decirme nada; pero, a medida que se apartaban para abrirme paso, me hicieron sentir sus miradas fijas en mi persona.
Mi amigo Josep estaba junto a la puerta del dormitorio, tratando de calmar a Melody Dalizmar Leylinn, mi vecina colombiana, que se debatía entre ahogados sollozos. Me acerqué a ellos y estreché contra el mío el cuerpo tembloroso de Melody, que es como la llamaba yo. La chica tenía unas piernas que valían un millón de maravedíes y ningún inconveniente en mostrarlas. Pésima inclinación, tratándose de una vecina mía. El cabello, negro como el cordobán, lo llevaba recogido con un lazo de color rojo pasión y solía usar unos vestidos muy pegados a la piel capaces de hacerme evocar, cada vez que la miraba, las curvas de la carretera de Sant feliu de Codines. Y que esto no vaya a dar la idea de que era una de esas chicas llamadas “fáciles”. La he visto largar cada guantazo que quita el hipo. Y si se trata de reacciones rápidas, es de las que se quita un zapato y te deja seco del taconazo en lo que se dice amén.

–Vamos, nena, tranquilízate –dije–. Ven, échate un poco –añadí, dirigiéndola hacia un pequeño diván adosado a la pared opuesta, donde tomó asiento.

Su estado era lastimoso. Uno de los vecinos del rellano le acercó un cojín y Melody Dalizmar Leylinn se tendió. Josep me atrajo con un ademán y, señalando la habitación, dijo:

–Ahí dentro, Ton...   

“Ahí dentro”. ¡Cuánto me conmovieron aquellas palabras! “Ahí dentro” estaba, tirado en el suelo, muerto. El cadáver. Bien podía llamarlo así. Ayer era Leonardo, mi mejor amigo, el que había compartido conmigo la misma trinchera durante aquellos dos terribles años de  guerra sucia, entre la cenagosa pestilencia de la demanda de divorcio de mi ex. Leonardo, el mismo que había demostrado estar dispuesto a dar la extremidad superior derecha por un amigo, y que cumplió su promesa al evitar con su cuerpo que un abogado mal nacido me partiera la vida en dos. Se interpuso entre él y yo, con su patita derecha,  aquel hijo de su madre se la pisó, y se la tuvieron que amputar.
Josep no pronunció palabra, ni tampoco se opuso a que yo descubriese el cadáver y palpara el frío caparazón. Por primera vez en mi vida, sentí deseos de llorar.

– ¿Dónde fue, Josep?

–En el estómago. Mejor será que no lo veas. El hijo de puta que lo mató le llenó la barriga de  “Regaliz americano” (Abrus precatorius), toda la planta es tóxica pero sobre todo sus  semillas que contienen un alcaloide llamado abrina. La ingestión de una semilla puede matar a un niño. Leonardo no tuvo tiempo ni de rezar un puto padre nuestro.

A pesar de su recomendación, levanté la sábana. Un juramento que no llegué a articular. Leonardo estaba boca arriba, su única extremidad superior estaba apoyada sobre el vientre y su carita tenía una expresión de dolor indecible. Suavemente volví a tapar el cadáver con la sábana y me incorporé. Reconstruir las circunstancias en que tuvo lugar la muerte era cosa sencilla. Había un rastro de semillas de “Abrus precatorius”  entre la mesita de noche y el lugar donde Leonardo solía tomar el sol. La alfombra estaba arrugada bajo el cadáver. Visiblemente, había intentado arrastrarse con ayuda de su única pata delantera, aunque no consiguió lo que pretendía alcanzar. Debajo de la mesita de noche, resguardada de las corrientes de aire, se veía su cajita de cartón de color naranja dónde siempre dormía. Eso era lo que trató de alcanzar. Aún con la panza llena de veneno, intentó cobijarse en ella, para morir en paz. Señalando el sillón, pregunté:

– ¿Moviste tú ese sillón, Josep?

–No. ¿Por qué?

–No está en su sitio. ¿No lo ves?

Josep me miró con atención.

– ¿Qué tratas de decir?

–Ese sillón estaba allí, junto a la cama. ¿No te das cuenta de lo que ha pasado? Cuando el asesino lo envenenó, Leonardo intentó huir. Pero su atacante no se marchó enseguida. Se quedó aquí, sentado en este sillón, viendo cómo se retorcía. Leonardo intentaba llegar a su cajita de cartón; pero no pudo... Lo hubiese hecho si el asesino no se lo hubiera impedido. El asqueroso canalla debió de impedírselo con el pie, riéndose de Leonardo mientras él trataba de cobijarse en su cajita de color naranja. Centímetro a centímetro lo fue alejando hasta que Leonardo no pudo más... Así lo atormentó,  a un pobre animal infeliz que en vida se había llevado la peor parte en todo. Y se burló de él. Éste no es un asesinato ordinario, Josep. Es el crimen más premeditado, más sádico que he visto. Encontraré a su autor. Lo juro.

– ¿Y qué vas a hacer? ¿Vas a intervenir en esto, Ton?

– ¿Es que lo dudabas?

–Habrás de andar con cuidado.

– ¡Ya! ¡Con ninguno, Josep! De ahora en adelante, esto es una carrera, mi objetivo es el asesino.

–No, Ton. Eso no puede ser. Y tú lo sabes bien.

– ¿Cómo que no? –le repliqué–. Tú tendrás tu obligación; pero también yo me he impuesto una. Leonardo era el mejor amigo que nunca tuve. Vivimos y luchamos juntos. No voy a darle al asesino la tregua de los juicios, ¡como que Dios existe! Tú sabes bien lo que pasa, ¡maldita sea! Se busca al mejor abogado y éste tergiversa las cosas hasta convertir a su defendido en un héroe. Los muertos no pueden hablar en su defensa. No pueden relatar lo que ocurrió. ¿Cuál de los jurados podría comprender qué se siente cuando unas semillas de “Regaliz americano”  le destrozan a uno las entrañas? Ningún miembro de ese auditorio conoce el sabor de la muerte ni lo que significa ver a tu propio asesino burlándose de ti en la cara. ¿Que el pobre infeliz era solo una tortuga? Y eso, ¿qué? ¡Nadie es perfecto!  Pero ¿ha probado alguien de los aquí presentes a arrastrarse por el suelo sin más apoyo que esa única patita delantera, para alcanzar su pequeña cajita de cartón de color naranja, retorciéndose de dolor, tan enloquecido por la muerte qué harías cualquier cosa por agarrar a tu verdugo? ¡Qué han de saber...! Los jurados son fríos e imparciales, como se espera que sean. Basta con un abogado hábil para hacerles verter lagrimones al decirles que su cliente había perdido el juicio o que, si lo envenenó, lo hizo en defensa propia. ¡Magnífico! La ley es un instrumento espléndido. Sólo que por esta vez la ley soy yo. Y yo no me mostraré ni frío ni imparcial. Tendré bien presentes todas las circunstancias que ella no sabe comprender.

En mi excitación, le cogí por las solapas.

–Y todavía me dejo algo, Josep. Escúchalo con atención, porque quiero que lo repitas ante toda la gente que conoces. Y cuando lo hagas, habla convencido de tus palabras, pues nada de lo que voy a decir será en balde. Hay diez mil tipos que me odian. Tú lo sabes. Me odian porque soy más inteligente y atractivo que ellos.

Me invadía un furor tal, que estuve a punto de estallar. Pero con sólo volverme, al ver lo que había sido de mi amigo Leonardo, hubiera rezado. No obstante, estaba demasiado furioso para eso. Por el contrario, dije:

–Leonardo, estás muerto y no puedes oírme. O tal vez sí puedas. Ojalá que así fuese, porque quiero hacer un juramento irrevocable. Me conociste durante muchos años, Leonardo, y tú sabías que la palabra que sale de mi boca sigue en pie mientras viva. Así, juro que encontraré al gusano que te mató. No llegará al patíbulo. No lo colgarán. No lo fusilarán. Morirá exactamente como tú lo hiciste con la barriga llena de “Abrus Precatorius”. Sea quien fuere el que lo hizo, Leonardo, lo encontraré. Si me oyes, recuérdalo: quienquiera que haya sido. Lo juro.

Cuando volví la cara me topé con el semblante un tanto descompuesto de Josep, que sacudió la cabeza al encontrar mi mirada. Sabía lo que estaba pensando: “Ton, no lo hagas. Por Dios, no pierdas los estribos. Te conozco demasiado para saber que te llevarás por delante a cualquier responsable, metiéndote en un lío del que no podrás salir”.

Así, pues, le dije:

–No me volveré atrás, Josep. A partir de este momento, sólo una cosa me interesa: el asesino. Tú, Josep, eres un tío responsable. Estás sometido a una disciplina, a unas normas... Hay gente que depende de ti. Yo, por el contrario, estoy solo. Puedo hincharle los morros a cualquiera sin temer las consecuencias. Cierto que el día que me muera no habrá quien arme la de San Quintín, como ocurriría en tu caso. Pero también poseo una mala hostia que me autoriza a romperle la jeta a cualquiera, y eso basta para que me teman. Soy malo cuando me hacen daño, Josep. Muy malo. Pero soy peor cuando el daño se lo hacen a un inocente.
Y  Leonardo, mi tortuga, era lo más inocente del mundo.


30 enero 2013

Fracasar no es vergonzoso, lo vergonzoso es tener un amigo como Josep (Final)


 Madre mía, madre mía. El mundo es demasiado complicado para mí. Todavía estoy en estado de shock. Un torrente de pensamientos negros como la brea se amontonan y luchan en mi interior por ordenarse. No es la primera vez que algo así me ocurre, la verdad es que me ocurre casi siempre que salgo de copas con Josep. ¿Cómo he podido nuevamente confiar en que eso podía acabar bien? ¿Cómo he podido fiarme de que ese capullo sabría comportarse? ¿Cómo he podido presentarle a Marisa y Montse? ¿Cómo se puede ser tan tonto?
 En fin, en mi descarga diré que ha habido en el mundo tantas pestes como guerras y, sin embargo, pestes y guerras cogen a las gentes siempre desprevenidas.
Desde los tiempos más remotos, de los que, como son remotos, ya no nos acordamos, los más pequeños detalles han venido produciendo catástrofes. ¿Qué tipo de detalles se preguntaran ustedes? Creo que lo mejor es  ponerles dos ejemplos. Ejemplo número 1: olvidarse que has tenido un lio con la camarera del local al que llevas a tomar una copa a una amiga que te quieres llevar a la cama. Y ejemplo número 2: sacar el tema de la Pornografía, con nombres y ranking de actrices de ese género incluido.
De acuerdo, ya sé que dos detalles de esta índole no le pueden pasar desapercibidos a nadie con dos dedos de frente, pero no olviden ustedes que hablamos de mi amigo Josep.
Miren, les diré algo, salir de copas con Josep  es un deporte de riesgo, y  para que vean que no es que yo le tenga manía les diré un secreto: desde que se separó de su mujer, en su anterior barrio los precios se han doblado y en el que vive actualmente los camellos dejan publicidad en los buzones.
No, no me estoy liando, ni estoy mezclando cosas, todo tiene que ver. Si Josep participa, todo tiene que ver. Y lo cierto es que, si siguen leyendo el resto de la historia comprenderán lo que digo.

Una de la tarde, sábado. El calor del incienso prendía de aroma y color el salón, mientras de fondo sonaba Bob Seger. Estaba apoyado en la ventana, absorto, fumando un pitillo e intentando dar la espalda al  fatídico desenlace de la noche anterior. En la mano un vaso de leche, y en mi mente, la todavía imagen caliente de Marisa caminando hacia mí, con ese andar felino, con ese juego flexible y blando de sus caderas como un trasunto de fiera depredadora. Estaba recordando su sonrisa de niña traviesa,  de bruja tentadora, su mirada de águila de Patmos, cuando sonó el timbre de la puerta.
Me dirigí lentamente al vestíbulo y abrí. Sin darme tiempo a reaccionar un tipo vestido con un jersey multicolor me empujó, y gesticulando mientras se colaba en mi casa sin permiso me dijo:

-Sabes Ton, tengo que admitirlo, Montse es una mujer estupenda…ah, y Marisa también, eh!

Era Josep, exultante. Bueno, todos sabemos que las imbecilidades, si te las sirven con una sonrisa, pasan mejor, y eso debió pensar él. Cerré la puerta, fui al salón y allí estaba, sentado en el sofá como si la noche anterior no hubiera pasado nada extraño.


-Sí, Marisa es genial, y Montse estupenda…pero tengo una pequeña duda… ¿Te has golpeado la cabeza esta mañana y no recuerdas nada?

-Lo recuerdo casi todo, y no fue tan mal, ¿no?

(Este tío es idiota-pensé para mí-.)

-Vamos a ver capullo, si te refieres a que Montse y Marisa no te colgaron de los huevos, entonces sí, no fue tan mal.

-Vale, metí un poco la pata, pero no fue solo culpa mía…

-¿Un poco? -interrumpí- ¿Un poco, dices? ¿Te parece normal que aquella camarera te pusiera de sombrero la cubitera, cubitos incluidos, cuando te vio y te preguntó que por qué no la habías vuelto a llamar nunca más después acostarte con ella?

-Bueno, sí…jaja, te vas a reír…jaja…es una historia muy larga, luego te lo explico… 

-¿También me vas a explicar la aclaración que le hiciste  a Montse cuando te preguntó de qué la conocías?

-Vale no fui muy original, lo reconozco, pero…

-Espera, aún la recuerdo: “jajajaja, sí, ya sabes, la conocí en el coro de la iglesia”.

-Joder, es lo primero que pasó por mi cabeza.

-¿Y me puedes decir a quien te encomendaste para hablar de pornografía y de tu actriz favorita, Rebecca Linares?

-Eh, quieto, espera…fue ella quien empezó.

-¡Que fue ella! Montse, no hablaba de pornografía, sino del derecho constitucional y de lo importante que es articular bien en la exposición de un alegato. Por eso sacó la famosa anécdota de Demóstenes,  el orador griego, y recordó que se introducía guijarros en la boca para mejorar su dicción, ya que tenía tendencia a tartamudear y no podía pronunciar correctamente la letra ‘P’.

-Jaja, ya sé que no te lo vas a creer, Ton, pero es que eso me hizo pensar en cómo Rebecca Linares se mete en la boca la…

-Vale, vale, vale, no sigas…Pero dime, botarate, porque eres un botarate,  ¿hacía falta que le hablaras del top ten del porno, y que le dieras tu opinión sobre algunas posturas?

-Solo dije que alguna postura suele cortarte un poco el rollo y que…

En ese momento sonó el teléfono.

-Cállate, Josep…cállate…Hola…ah, eres tú Marisa, justamente estaba comentando con Josep lo bien que lo hemos pasado…sí…ya…lo sé….vale, lo siento…si, si, lo siento…claro…lo entiendo…sí…ya…

-¿Pregúntale si le gusto a Montse?-me murmuró Josep al oído-.

-Espera Marisa…espera un momento…

Tapé el micro del teléfono y le dije a Josep:

-¿Estas de coña?

-¿Qué?…Las chicas se lo explican todo, y más esas cosas.

Volví a ponerme el teléfono al oído.

-Eh, Marisa ¿podrías contarle a Josep lo que acabas de decirme?  Toma-dije tendiéndole el aparato-.

-Ey, hola  Marisa, como estás…sí dímelo, jajaja…sí…ajá…ajá…ya…pero es…sí…claro…ajá…bueno yo…está bien, gracias por la información….

Josep colgó el teléfono, me miró y dijo:

-Creo que a Montse no le gusto.

-¡No me digas!

-¡Pues no lo entiend! ¡Tampoco ha sido para tanto! ¿Sabes qué?, quiero otra cita con Montse.

-¿Qué?

-Tengo que verla otra vez, esto no puede acabar así.

-Acabar el qué…solo tomamos unas copas e hiciste el ridículo.

-No, no, no, fue más que eso, fue un examen con una gran pregunta: ¿Es Josep capaz de salir con mujeres de verdad?

(Oh no…ahora me tocará animarle-pensé para mí-.)

-Verás, Ton, estoy cansado de relaciones superficiales con jovencitas que podrían ser mis hijas.

-Mira por donde yo estoy cansado que me las cuentes…y Josep, tú no tienes ninguna hija.

-Sabes,  Montse, es lista, es sofistica es madura… La observé mientras  abría su lata de Heineken. Seguí observándola cuando se quitó el abrigo,  lo arrojó a una silla, y se sentó. Pero cuando sentí de verdad un extraño estremecimiento fue cuando su lengua asomó por entre sus labios escarlata y revoloteó entre la espuma de su cerveza. Tú ya me entiendes.

-¡Tío… Montse pasa de ti!

-Lo arreglaré, conseguiré gustarle. Tu dile a Marisa que le diga a Montse que me de otra oportunidad.

-Le pasaré una nota por Outlook.

-Eh, eh, eh… ¿Es que vas a reírte de mí? Que sepas que hoy estoy muy sensible.

-Pero bueno, ¿qué te pasa? No le gustas a una mujer sofisticada, inteligente, culta, créeme…eso pasa. Solo tienes que levantarte del suelo, quitarte el polvo y maldecir a Dios por haberte hecho como eres.

-Da igual no te necesito la llamaré yo mismo.

Arrugué los labios y mi mueca se hizo más burlona. Lo miré con una sonrisa que no le cedía en sarcasmo y sacudí la cabeza.

—Son cosas que sólo me pasan a mí —dije.

—¿Qué quieres decir?

—Nada.

Para bien o para mal, ya lo dijo Miguel de Cervantes Saavedra: En las desventuras comunes se reconcilian los ánimos y se estrechan las amistades.

FIN.

28 enero 2013

Fracasar no es vergonzoso, lo vergonzoso es tener un amigo como Josep(Parte II)


Era tarde, pero sólo porque lo decía el reloj. La ciudad bostezaba y se desperezaba después de su copiosa cena, despertándose para comenzar a vivir. Había dejado de llover, y el cielo estaba despejado. El aire era ahora más fresco y las luces, un poco más brillantes. Lo que yo andaba buscando era una vieja casa de principio de siglo, una reliquia del pasado que tenía el número pintado en la puerta y miraba a la calle con ojos puestos en blanco. Subí los cuatro peldaños de la escalinata, encendí mi mechero, recorrí con la vista los buzones y hallé lo que buscaba. Apreté el último botón de la hilera, que pertenecía a mi amiga Marisa. Después de unos segundos de espera, oí el chasquido que hizo la puerta al abrirse, la empujé pero no entré.

-Marisa, soy yo…os esperamos aquí abajo, en el coche.

-Oh, hola Ton. Ahora bajamos-contestó ella-.

Volví al coche y le dije a Josep:

-Ahora vienen…ya verás cómo te gustará su amiga. 
-Ese no es el problema, Ton. Ya sabes que a mí me gustan todas. El problema es que no sé de qué coño voy a hablar con ella. Tú me conoces, yo solo sé contar chistes y mirar descaradamente las tetas. No soy lo que se dice un regalo para las mujeres.

-Lo sé, lo sé. Tú limítate a no meter la pata muy pronto…Oh, ahí están -añadí al verlas asomar por el portal-.

Marisa era una magnífica y deliciosa mujer, alta,  con un pelo tan negro como una noche sin luna. Guapa, tan guapa que me dolían las meninges con sólo verla. Sus manos eran suaves como la flor de la azalea, su boca, un cálido e inefable abismo, y en sus ojos llameaba ese fuego bravío, primitivo, del animal salvaje, ojos ávidos, voraces, cuya mirada me hacía estremecer de ansias también ancestrales. Su amiga en cierto modo era bien parecida, aunque su rostro fuese más interesante que hermoso. Ojos muy separados, una boca  expresiva, con labios abultados, lozanos, brillantes, una floración carmínea que escondía una dentadura blanca, perfecta,  y un pelo leonado que se extendía sobre los hombros al igual que mantequilla derretida. Iba abrigada en una trinchera de buen corte, con un cinturón que le ceñía el talle.


-Espera, espera… ¿cual es la mía?-me preguntó Josep-.

-La de la derecha.

-¿Y tiene 40 y pico? ¡Pero si tiene las orejas de una veinteañera!

-Cállate.

-Se las habrá operado-murmuró-.

Marisa me abrazó. Incluso a través del abrigo sentía la firme presión de sus pechos, seres vivos que me acariciaban tácitamente. Su boca se apartó pesarosa de la mía para que pudiera besarle la mejilla y pasar mis labios resecos por su tersa piel.

-Hola, hemos tardado un poco más porque Josep no sabía que ponerse.

-Ah, pues al final has acertado-dijo la amiga, mirándolo-.

-Josep, esta es Marisa -dije yo-.

-Hola.

-Esta es mi amiga Montse-dijo ella-.

-Que tal...encantado-dijo Josep-.

-Igualmente... me han hablado mucho de ti.

-Y a mí también me han hablado mucho de ti, y la verdad estoy gratamente sorprendido.

-Ah, sí, ¿y por qué?

-Bueno, Ton me dijo que eres abogada, profesora, y la verdad no esperaba que estuvieras tan…tan…tan…

-¿Tan qué, Josep?-preguntó Montse-.

-¡Tan buena!

Escupí la colilla que tenía en los labios. Ese capullo con el pelo engomado con un kilo de brillantina ya  la había hecho. En ese momento pensé “¡será desgraciado!”. Yo fulminé a Josep... Marisa me miró a mí... Montse miró a Marisa... y Josep bajó la mirada y murmuró:

-¿A que la he cagado?

-Sí, un poco-le susurré entre dientes-.

Entonces él volvió a la carga.

-Verás, me imaginaba a alguien un poco más…no sé…delgada, seca como la mojama…en cambio se te ve… no sé…se te ve, jugosita.

(¡Será hijoputa!-pensé para mis adentros-.)

Sin duda por la acción milagrosa de algún ángel bondadoso,  Josep pareció darse cuenta de su metedura de pata.

- Ejem…Vale…Está bien, dejémoslo…mejor empiezo de nuevo. Hola soy Josep.

La amiga de marisa, Montse,  le escrutó lentamente. Al principio había en su mirada un vislumbre de curiosidad, pero, luego, la curiosidad cedió el paso a un sentimiento extraño, hondo, indefinible. Los ojos parecían más grandes, abismos oscuros que reflejaban una perplejidad inexpresable. Y seguidamente, sin transición, en una fracción de segundo, en una rapidísima mutación quiso borrar todo aquello con una risa forzada.


-Jajaja, y yo Montse.

-Hola Montse. Tengo que confesarte que eres la primera abogada que conozco… Bueno, voluntariamente, jajaja.  ¿Mejor? –me dijo mirándome de soslayo-.

Refrené mi primer iimpulso (mi primer impulso fue soltarle un guantazo).


-Cualquier cosa es mejor que jugosita…capullo…que eres un capullo -le dije yo en tono bajo-.

-¿Os conocéis hace mucho Marisa y tú?-preguntó Josep a Montse-.

-Oh bueno, coincidimos en el gimnasio y nuestros hijos van al mismo colegio.

-Sí, y además las dos estábamos en el comité del carnaval, vendiendo galletas de anís-dijo Marisa riendo-. Por cierto me toca preparar la merienda el martes, ¿me ayudarás?-añadió mirando a Montse-.

-Claro, no hay problema-dijo ella-.

-Gracias.

Lancé una mirada rápida a  la amiga de Marisa  y vi que se humedecía los labios con la lengua.

-Bueno, ¿nos marchamos? –añadí sonriendo-.

Montse miró a Marisa. Una mirada rápida, significativa, que no supe interpretar. Ella se mordió el labio y sus dientes brillaron sobre la grana de su boca. Las dos hicieron una señal de asentimiento.
Ya en el coche, durante un par de minutos, Marisa que estaba a mi lado permaneció callada, mirando la carretera, hasta que rompió el silencio para pedirme un cigarrillo. Se lo entregué y le tendí el encendedor del tablero. Cuando hubo prendido el pitillo, le dio una prolongada chupada y lanzó por la ventanilla una bocanada de humo azulado.
Fui a decir algo sobre la noche,  la falta de alumbrado público, pero no llegó a mis labios. La luna, que se había escondido detrás de las nubes, salió el tiempo suficiente para bañar la tierra con un brillante reguero de pálida luz amarilla, que arrojaba a través de la carretera sombras sorprendentemente largas.
Montse estaba detrás con Josep. Cuando subió al coche advertí en su rostro una expresión que no había tenido antes. Sus rasgos se habían suavizado y aquella mascarilla de hielo que parecía cubrirlos se había evaporado. Podía darme cuenta de que me estaba observando. Sabía cuándo bajaba los ojos y los fijaba en su regazo y cuándo los dirigía de nuevo al retrovisor que ejercía de chivato. Fui a decir algo, pero lo pensé mejor y cerré  la boca, tragándome las palabras. Que Josep le diga algo, a ver si acaba de joderlo todo -pensé para mí-.

Al llegar a la calle Aribau, a la altura de la sala de baile, detuve el coche, bajé y  abrí la puerta trasera. Montse tenía desabrochado la trinchera y me sonreía. La prenda, muy abierta, sólo mostraba su vestido negro. Parecía hecho exclusivamente para ella; se amoldaba a su cuerpo y realzaba deliciosamente sus armoniosas formas.  Una invitación para explorar las curvas y los valles escondidos en las sombras que se movían al ritmo de su respiración. Sus piernas eran encantadoras columnas de seda, y lo bastante sugestivas para obligarle a uno a apartar los ojos de la opulenta mata de cabellos que se esparcía por sus hombros como la lava de un volcán. Alargué una mano, cogí la suya, era tan suave y fina como lo parecía,   y la ayudé a salir. Me sonrió, con una sonrisa ardorosa como el fuego. Era su modo de corresponder a mi favor. Luego  bajó los ojos y toda aquella belleza que tanto tiempo había tenido escondida bajo una máscara de frialdad y de indiferencia surgió mágicamente.
Debo reconocer que cuando la conocí por primera vez pensé, “La chica no es gran cosa. Un buen palmito, sí, y una mente despejada, pero nada más”. Ya me entienden. Y sin embargo ahora la veía deliciosamente bonita. La dureza de su rostro se había desvanecido. Su pelo era un marco argénteo que reflejaba la belleza de su rostro, y al mismo tiempo, tuve la sensación de que emanaba de toda ella  un olor limpio, acre, que parecía segregarse distintamente del perfume que llevaba.

Mientras sucedía eso, tras de mí,  se cerró la otra puerta violentamente  y creí sentir, detrás de mi cabeza, los ojos de Marisa clavarse en mi nuca como dos saetas envenenadas en curare. Me giré, la miré, y fue entonces cuando advertí el cambio que se estaba operando en ella. Esta vez no era la Marisa despreocupada o empavorecida de siempre. Era una Marisa resuelta, que se prendió de mi brazo y se apretujó contra mí con una auténtica sonrisa maquiavélica en los labios.

-Tan atento...tan dulce y encantador... como siempre-murmulló ella-.

-Sí, bueno, ya me conoces, siempre dando lo mejor de mí. Soy un hombre con muchos estratos. Como la Tierra tengo una corteza y un manto, pero a diferencia de ella mi núcleo es puro caramelo.

-Ya, pero recuerda lo que dijo Nietzsche: “Quien siempre da corre peligro de perder la vergüenza.”

(Continuará…)

26 enero 2013

Fracasar no es vergonzoso, lo vergonzoso es tener un amigo como Josep.


El viernes de la semana pasada me ocurrió una cosa muy curiosa. Era otra vez viernes, un viernes lluvioso y triste como un inmenso sudario húmedo que envolviera la tierra. Estaba en casa, tranquilo, demasiado tranquilo. El exceso de lectura amenazaba con convertirme en un zoquete sin sentido del humor, cuando sonó el timbre de la puerta. Observé a través del portero automático del vestíbulo y percibí un sabor ingrato en la boca. Era mi amigo Josep (ya saben…el que se folló a la segunda mejor amiga de su ya ex mujer y…bla bla bla). Mi amigo Josep por si lo han olvidado es esa persona mediocre, muy mediocre;  amamantado con  leche de hormiga durante toda su infancia; promocionado sin esfuerzo, simplemente por ser "hijo de", y que se cree más listo que el hambre cuando en realidad padece parálisis cerebral. Josep es…como lo diría yo…es como Empédocles el filósofo agrigentino.  Empédocles quería llegar muy alto, eso lo sabemos todos, y cuando se proponía hacer una cosa quería hacerla bien; no se contentaba con ser rey en su ciudad: quería ser Dios. Unos le consideraron como un semidiós; otros, como un charlatán. Josep era lo segundo. Bueno, resumiendo, que si Tolkien levantara la cabeza, y tuviese la imperiosidad de escribir algo, no necesitaría ni situaciones favorables, ni condiciones precisas para la creación artística, ni medios, ni ayuda…solo con ver a Josep podría escribir 3 libros más y continuar la saga del Señor de los anillos. Sí queridos amigos, las más pequeñas cosas pueden ser motivo para que se escriba largamente sobre ellas. ¿Quien no sabe, por ejemplo,  que Nicholas Bourbaki, en la enciclopedia titulada Elementos de matemática dedicó 200 páginas a toda una serie de cuestiones relativas al primero de los números, el 1…ese sencillo número,  tan sencillo que hasta los niños más pequeños pueden comprenderlo sin dificultad?
En fin, la prueba de que no es normal no es una sola,  son muchas, y para muestra pasaré a relatar la historia de ese fatídico viernes negro. Abrí la puerta, no podía hacer otra cosa.

-Hey Ton, ¿te apetece ir de copas  hoy?

-No puedo, voy a pasar una velada romántica con una amiga bajo la luz de las estrellas,  Michael Buble y tres finalistas del concurso de Miss Universo. ..Oye, ¿por qué no vas con otro amigo?

Si creí que iba a enfadarse, me equivoqué de medio a medio. Sonrió entre dientes, se metió en el salón  y se retrepó en el sillón, recostando la cabeza en sus manos entrelazadas.

-No tengo otro amigo…y lo sabes.

-Ya, y porqué no te llevas…como las llamas… ¿Novietas?

Meneó la cabeza enérgicamente.

-NO,  me tocaría pagar a mí, y estamos casi a final de mes.

-¡Como no he pensado en eso! Y dime, ya que hablamos de eso, ¿no has pensado que tal vez te iría mejor si salieras con mujeres que usaran la cabeza para algo más que  descansar los hombros y sus tobillos?

-¿Qué quieres decir?

-¡Muy sutil! Quería decir que quizás  sería más divertido si quedaras con mujeres cuya personalidad esté ya formada  y que tengan la edad apropiada. Suelen salir más baratas.

-Define edad apropiada…

-40.

Titubeó un segundo.

-¿Te has vuelto loco?

Saqué la cajetilla de Marlboro para encender un cigarrillo, cogí uno para mí y lo encendí.

-Me asombra tu estupidez -le dije. Oh, por cierto,  ¿sabes qué? Le he hablado a Marisa de ti.

Frunció los labios, pensativo, y tras unos segundos me dijo:

-¿Marisa?

-Sí, Marisa, una amiga del trabajo. Da igual... Ell caso es que tiene una amiga que vuelve a estar libre y le sugerí…

-¿Una cita a ciegaaaas? -interrumpió gritando-. Ni hablar, Josep no acepta una cita a ciegas.

-¿Ah no?

-No, no las acepta.

-Ya… ¿se lo preguntamos a él?

-Ni te molestes, sé lo que dirá.

-De acuerdo, y… ¿tiene  Josep que hablar en tercera persona?

-Oye, no tengo que mendigar una cita, me basto yo solo…

En momentos como éstos no se piensa. Todo sale rodado.

-Sí, claro… pero te recuerdo que ayer  te andabas quejando de que con las que sales  te aburres, no follas,  te salen caras… y…la amiga de Marisa es guapa desenvuelta inteligente…podrás charlar, compartir cosas, reírte con ella…

-¿Qué edad tiene?

-Creo que unos 40 y tantos…

-Mira, Ton, charlar, compartir cosas,  reírse,  está bien pero…y sus orejas… como las tiene, eh?

-¿Sus orejas?

-Sí, sus orejas… ¿no las has visto?

Fruncí la frente, desconcertado.

-Pues la verdad es que no me he fijado…creo que llevaba unos grandes pendientes el día que la conocí.

-Claro, las viejas siempre llevan esos pendientes grandes, así disimulan sus orejas. Joder, Ton, ya sabes que a mí los lóbulos me gustan pequeños y prietos. No soporto esos lóbulos que parecen galletas.

Forcejeé conmigo mismo para conseguir que mis labios se movieran, pero todas las palabras insultantes que estuve pensando se atascaron en mi garganta….y solo pude decir:

-Y dale con las orejas.

-No son solo las orejas…es que las cuarentonas tienen mucho equipaje.

Le dediqué la mejor de mis sonrisas. Con todos mis dientes. Los ojos tampoco quedaron inactivos.

-Claro, y tú solo una muda.

-Hummm…piénsalo bien, Ton,  imagina que la conozco nos gustamos  nos casamos y formamos una familia…

Mi sonrisa se hizo más ancha.

-No me lo imagino, pero sigue…

-Verás, los dos tenemos 40 y pico, dentro de 20 tendré 60 y pico… ¿y sabes cuantos tendrá ella?

-¿60 y pico?

-¡Pues ahí lo tienes!

-Vamos Josep… tranquilo…Esto es increíble, pareces nerviosos.

Observé la expresión de su rostro para averiguar lo que trataba de disimular. Empezó a examinarse los dedos, y mondó sus uñas distraídamente.

-Pues claro que lo estoy. De qué voy a hablar con ella. No salgo con una cuarentona desde el instituto.

-Sabes Josep, eso es lo bueno de quedar con alguien de tu edad… siempre hay algo de qué hablar porque ella ha pasado por lo mismo que tú.

-Venga, eso no hay quien se lo crea,  Ton.

-Vale, tienes razón…pero que sepas que es fascinante. Es abogada y enseña derecho en la Universidad.

-¡Joder  tío! ¿Y me lo dices ahora?

-¿Porqué, qué pasa?

-¿Como que qué pasa? ¡Que cuanto más listas son, más difícil es follar con ellas!

Volví la cabeza y contemplé la lluvia a través de la ventana.

-Tienes razón,  igual esto no es una buena idea.

-Pues claro que no lo es....

Lo miré,  revolví la cajetilla de “Marlboro” entre mis dedos y dije:

-No, no, no, escúchame,  tú relájate  y…no sé…sé tú mismo. Y con eso me refiero a que finjas ser otro.

-Vale...Oye, por cierto, -¿Te gusta mi nueva indumentaria?-me preguntó él-.

-Bueno, ya que hemos abierto la caja de los truenos te diré que los cuadros y los rombos te sientan divinamente….pero, ¿y si te quitas ese jersey a lo Evo Morales, para salir esta noche?

¿Por qué, no te gusta?

Lo miré, y rápidamente mi mente calculó cuánto me costaría un traje negro decente para enterrarlo con él. Y valía la pena hacer ese gasto, ya lo creo. Pero pensé que mejor no decirle nada, y contesté:

-Porque ella  es abogada  y profesora en la universidad y es evidente que estamos en Barcelona, y no en los Andes bolivianos.

-Vale, me cambiaré…

-Y… Josep…

-Sí.

-Ya que estamos… ¿Que tal unos pantalones normales?

Me miró unos instantes y me dijo:

-¿Normales?

-Sí, normales…sin estampados ni rayas.

-Vale…pero tendrás que prestarme uno de los tuyos.

Di las últimas chupadas al cigarrillo y dejé caer la colilla en una lata vacía.

-Como no.


Henry Ward Beecher decía que “Nuestros mejores éxitos vienen a menudo después de nuestras mayores decepciones.” A mi, visto lo visto,  y conociendo a Josep, solo me quedaba la esperanza de que Henry Ward Beecheter no estuviera equivocado, o borracho, cuando escribió esto.

(Continuará…)