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07 febrero 2014

Pasión ibérica.

Lo que van a leer, aunque parezca mentira, es la conversación grabada y luego transcrita, de la conversación que Rosa, la del clavel español (Rosa, lideresa de un partido de cuyo nombre no quiero acordarme), ha mantenido esta mañana, rodeada de toda la intelectualidad y del premio Nobel Toni Cantó, en la sede de su partido, y en un gabinete de crisis sin precedentes. Para que todos ustedes comprendan lo relevante de este documento, les diré que la conversación gira en torno a la declaración UNILATERAL del cese definitivo de las obras del canal de Panamá por parte de la multinacional española SACYR. El tema no es moco de pavo, y como verán puede desencadenar una guerra de dimensiones apocalípticas. Pero vamos ya al lio. Aquí os dejo ese documento de un valor incalculable.

—Buenos días lideresa.
—Hola Cantó. ¿Qué pasa? ¿Por qué me has hecho reunir el gabinete de crisis?
—Verás, querida lideresa, tenemos un “grossen problemen”.
—¿Qué? ¿Ya no sabes hablar español? ¿Has vuelto a leer a Josep Plá?
—Ejem…no es catalán, es alemán.
—¿Y por qué me hablas en alemán, Cantó?
—Ejem…como nos has obligado a todos a leer el Mein Kamft en alemán, pues a veces me confundo, lideresa.
—Está bien. ¿Qué pasa ahora? Ya sabes que he estado con los bomberos de Málaga y no he tenido tiempo de leer las noticias.
—Sí, ya he visto el vídeo con los bomberos.
—Hay que ver lo buenos que están los bomberos de Málaga. Me he puesto más caliente que una pistola de juguete.
—Ejem…sí, la verdad es que está muy buenos, pero…pero…lo que tengo que decirte es…
—¿Qué pasa? ¿Tan grave es la cosa? ¿Los catalanes se han atrevido a levantar un Castell de 5 de 9 amb folres sin pedir permiso?
—Es mucho peor, querida lideresa. Los panameños se han rebelado contra SACYR. El estandarte de España en América latina.
—¿Y? Que les apliquen en el artículo 155 de la constitución y a tomar por culo.
—Es que Panamá es un país independiente, querida lideresa. Ya no pertenece a España.
—¿Ah no? ¿Desde cuándo?
—Si mi memoria no me falla, no olvides que lo estudié en tercero de la Eso, creo que desde 1821, querida lideresa.
—Putos panameños. ¡Qué se han creído! Hace dos días iban todavía vestidos con plumas del ave del paraíso y ahora quieren un pulso con nosotros. Se van a enterar. Ahora mismo llamo a Rajoy y le digo que envíe las fuerzas de intervención rápida del ejército.
—Ejem…verás, querida lideresa, nuestra fuerza de intervención rápida no está operativa por falta de presupuesto.
—Pues les mandamos a la Legión. Ya verás tú. En cuanto esos panameños vean a la cabra al frente se cagan en los pantalones.
—Tampoco hay cabra, querida lideresa. Como sabrás, ahora los legionarios deben pagarse el menú, y como andan justos de dinero se comieron a la cabra.
—¡Coño! La cosa está grave entonces. Bueno, pero dime, ¿por qué no quieren los panameños pagar lo que pide SACYR?
—Verás, querida lideresa, es que dicen que SACYR ganó el concurso con un presupuesto un 6 % más bajo que la competencia, y ahora quieren cobrarles un 50 % más por terminar la obra.
—¡Serán cabrones esos panameños! ¿Pero qué se han creído? ¿No saben que es lo normal en toda obra licitada con empresas españolas? Mira, te diré qué vamos a hacer. ¡Se van a enterar esos putos panameños! ¡A mí no me conocen todavía! Toma nota, amigo Cantó…
—Le voy a enviar una carta al chino ese que se peina con la raya en medio. ¿Cómo se llama? Ah, sí…Kim Jong Un…
—Ejem…querida lideresa, ese tal Kim Jong Un es coreano, no es chino.
—¿Ah no? Bueno, es igual, tú toma nota: “Camarada Kim Jong Un, me dirijo a ti para pedirte un favor. En vista de las maravillosas relaciones existentes entre nuestros dos países he decidido, UNILATERALMENTE, recurrir a ti para pedirte prestado el ejército de guerreros de terracota de Xi’an que…
—Ejem…querida lideresa, perdona que te interrumpa, pero creo que los guerreros de Xi’an están en China y no en Corea del norte.
—¿En China? ¿Estás seguro?
—Casi seguro, querida lideresa.
—Está bien. Tacha el nombre ese y busca en la Wikipedia el nombre del mandatario chino. ¡Si es que tengo que estar en todo! Y no me interrumpas más, que se me va el hilo de mis pensamientos.
—Se llama Xi Jinping ¿Dejo lo de camarada?
—Claro, ¿no son rojos comunistas los chinos?
—La verdad es que cada día menos, querida lideresa.
—Joder, Cantó, ¿quieres escribir tú mismo la carta?
—No, querida lideresa.
—Entonces te callas y escribe lo que te dicte: Camarada Xi Jinping me dirijo a ti para pedirte un favor. En vista de las maravillosas relaciones existentes entre nuestros dos países he decidido, UNILATERALMENTE, recurrir a ti para pedirte prestado el ejército de guerreros de terracota de Xi’an que guardas con tanto cariño para con tu permiso usarlo en contra de Panamá, que como bien sabes es aliado incondicional de EE.UU…y bla bla bla…el resto lo acabas tú, Cantó.
—Querida lideresa estoy pensando que debido a pobre estado de las 8000 figuras de terracota deberíamos pintarlas antes de enviarlas a luchar contra los panameños. ¿Qué me dices?
—¿Pintarlas? Uhm, no es mala idea. Pero nada de mariconadas, que te conozco Cantó. Nada de colores pastel.
—No, querida lideresa. Yo había pensado en pintar las 8000 figuras de terracota con los colores de William Wallace, el de Braveheart.
—¿Azul y blanco?
—Sí, ¿cómo lo ves?
—¿Estás tonto? El azul y blanco está bien para asustar a las moscas, pero no para acojonar a los panameños. Los panameños descienden de los mayas, un pueblo guerrero y correoso. No, definitivamente nada de azul y blanco. Las pintaremos de color rojo sangre y amarillo oro. Los colores de los tercios de Flandes. Ya verás cómo se acojonan los cabrones. No me conocen esos putos panameños. Menuda soy yo. Si he logrado acojonar a los catalanes con el artículo 155 de la carta magna ya verás cuando esos indios vean a mis guerreros de terracota con los colores nacionales. Se van a cagar de miedo.
—Vale, ¿pero dónde voy a encontrar tanta pintura? 8000 figuras de terracota con los correspondientes caballos y carros no se pintan con la lata de pintura que nos ha sobrado después de pintar la sede del partido. No puedo pintar todo un ejército si no tengo al menos 2000 kilos de Titanlux.
—Joder, Cantó, ¡No puedes, no puedes! ¡Nunca puedes hacer nada! ¡Porque ni siquiera eres medio hombre! ¿Sabes que no soporto los borregos acobardados como tú, Cantó? ¿Y por qué me mira así, eh?
—Es por la cara que pones. Parece que fueras a matarme... nunca te he visto mirarme de esa manera, querida lideresa.
—¿Yo? ¿Yo matar a alguien? ¡Venga ya! No seas idiota. A menos que… ¿No serás catalán, no?
—No, querida lideresa, bien que lo sabes. Pero es que no sé cómo podré hacer lo que me pides.
—¡Pues tendrás que hacerlo! Llama a VOX,  el nuevo partido de la derecha español, ellos seguro que tienen miles de latas de pintura rojigualda. Tendrás que hacerlo y no intentes siquiera decirme que no.
—¿Pero, y si Ortega Lara está allí? ¿O Vidal-Quadras? Suponte que se cabrea porque queremos echar una mano al Partido  del gobierno  con eso de SACYR y... y...
— ¿De qué hablas ahora? ¡Inútil, que eres un inútil! ¡Miserable pretexto de hombre! ¡Te voy a decir una cosa, Cantó! Si Ortega Lara o Vidal Quadras están y tú no eres capaz de traerte la pintura, te haré el hombre más desdichado de mi querida España. Tiembla de pensar lo que te puedo hacer. Mira lo que les he hecho a los catalanes. Y eso es solo el principio. A mí ningún puerco bastardo me lleva la contraria.
—Lo que tú digas, querida lideresa. Haré todo cuanto me pidas siempre que creas que es una buena idea.
La reunión siguió. Rosa, la del clavel español, llevaba la voz cantante, como siempre; e interrumpía cada vez que Toni Cantó iba a decir algo. Lo único que hacían el resto de miembros del partido magenta era darle la razón, dejando caer de vez en cuando que Rosa era maravillosa y listísima. Como de costumbre.
—Conque sí, ¿eh? Puede que algún día te pegue un tiro, ¿sabes? ¿De qué hablas ahora, si puede saberse? —Le preguntó a Savater  —.
—De que deberías salir más a la calle —dijo Savater—. Ya sabes lo que habla la gente de ti y no me parece prudente con las elecciones encima, que no intentes conectar más con la gente.
—Venga ya —dijo Rosa—. Sabes muy bien que el pueblo español me adora. ¿O es que también eso te da envidia?
—Pero acordamos que...
— ¡Yo no! Yo no acuerdo nada...Yo mando. Además, sabes perfectamente que tengo a Albert Rivera  en el bote. Ese chico come en mi mano. Pero no me gusta aprovecharme de las oportunidades. Y ¡Cierra el pico de una vez! ¿Has visto hombre igual en tu vida, Toni Cantó? ¿No es para preguntarme si no estaré medio loca por haberlo metido en el partido?

Toni Cantó miró a Savater y le dirigió una malévola sonrisa. Luego Rosa, la del clavel español, le dijo a Savater que sería mejor que se fuera a su cuarto (su cuarto era su despacho dónde meditaba sobre lo humano y lo divino) si no soportaba tanta presión. Cosa que hizo Savater. Al llegar a su despacho se tumbó en el sofá y se tapó con la manta de pelo de Yak vuelta para que los zapatos no la ensuciaran. La ventana estaba abierta y podía oír el canto de los grillos, que siempre se oía después de una bronca de la lideresa. De vez en cuando se oía también el ruidoso croar de una rana, que parecía un tambor bajo que marcara el tiempo. Al otro lado de la calle alguien le daba a una bomba de agua, plum, fisss, plum, fisss, y hasta podía oírse a una madre que llamaba a su hijo: ¡Manolo, eh, Manolo! ¡Ven en seguida cabronazo! Y en el aire flotaba el aroma de la tierra limpia, el olor más agradable que hay después del olor del dinero, y... y todo era hermoso. Era todo tan condenadamente hermoso y apacible que Savater se durmió. Si amigos, se quedó dormido aunque el día no había sido de los mejores de su vida. Creo que llevaba dormido aproximadamente una hora cuando le despertó la voz de Carlos Martínez que gritaba, la de Toni Cantó que se desgañitaba y la de un tercero que hablaba a los otros dos: era Rosa, la del clavel español, que decía lo que pensaba de una manera que daba dentera. Suavemente, pero firme y tajante, como solo Rosa podía hacerlo cuando se cabreaba. Lo mejor entonces era escuchar lo que decía; lo mejor era escuchar y aprenderse de memoria lo que dijera, porque de lo contrario uno podía pasarlo pero que muy mal.
A pesar de los gritos, Savater no dijo nada. Se quedó escondido bajo la manta. Se dio cuenta de que Rosa, la del clavel español, estaba acusando los efectos de aquello…de… ¿Cómo se llama? … Bueno, es igual, no recuerdo el nombre pero es un tipo de alucinógeno que, en dosis no tóxicas, causa alteraciones profundas en la percepción de la realidad. De modo que la bronca siguió y Rosa, la del clavel español seguía gimiendo, retorciéndose, sacudiéndose y quejándose, diciendo que los putos panameños no iban a poder con ella, y menos aún con el pueblo español. Toni Cantó que aparte de servil y lameculos es muy espabilado dijo que él sabía cómo solucionar el problema de SACYR con el canal de Panamá, sin tener que pintar de rojo y amarillo a las 8000 figuras de terracota, y que sería mejor que se sentaran todos si es que querían oír la gran idea que había tenido.

—Querida lideresa, deja de hacerle daño. Suéltele la oreja al pobre Carlos Martínez. Tengo la solución.
—Con mucho gusto —dijo la lideresa—. Se me pone la carne de gallina de sólo tocarle. Si por lo menos fuera la mitad de buenorro que los bomberos de Málaga. En fin, me temo que no he sabido dominarme —dijo sonriendo y un poco rígida—.A ver Cantó, ¿qué idea quieres aportar ahora?
—Verás lideresa he pensado que como los catalanes son un poco judíos y siempre han sido buenos mediadores podríamos escribir una carta a Artur Mas, el presidente de la Generalitat catalana,  y pedirle…
— ¿Q... qué? ¡Qué?
—Bueno, espera, no te sulfures, verás, creo que…
—Cantó—dijo— ¡Eres un idiota!
—Sí —dijo él—, supongo que no tengo las cosas muy claras. Yo solo pensaba en una forma de… bueno quiero decir que creo mucho en los fueros locales, ya me entiendes, los fueros regionales y todo eso y pensé que…
—No eres completamente idiota, Cantó. ¿Por qué hablas como si lo fueras?
—¿Qué quieres decir, Rosa? Perdón, lideresa.
—Quiero decir que hasta el más lelo se habría dado que aquí quien corta el bacalao soy yo.

El pobre Toni cantó ya no sabía qué hostias hacer. El caso es que no tuvo tiempo de hacer nada, porque en el acto ella le dijo:

—Cantó, siéntate. Quiero hablar contigo.
—Creo que será mejor dejarlo para mañana —dijo él, acojonado—. Es un poco tarde y...
—¡No! Ahora, Cantó.
Carlos Martinez  y su secretaria rodearon a Rosa para calmarla y decirle alguna cosa.
—Creo... creo que Toni Cantó no quería hacer nada malo. Solo quería aportar ideas, querida lideresa — dijo la secretaria con los ojos anegados en lágrimas—. Es un hombre muy educado, lo sé, y no quería hacer nada malo, ¿verdad, Toni?

Era una de esas situaciones que la verdad nadie creería. Pero era real. Toni cantó estaba sumergido en un valle de lágrimas. Y no le culpo, porque parecía que iba a ser el invitado de honor de un linchamiento.

—Pero... pero...Pero Rosa, o sea, lideresa —balbuceó Toni Cantó—... me está esperando mi novia. Y yo...
—Déjala estar. Me temo que no es el único contratiempo que puede sufrir si no solucionamos el problema de SACYR. Y deja de temblar y llorar. No voy a hacerte nada. ¡Ahora, escucha! Ya sé qué vamos a hacer…

(Continuará… O no)

PD: Advertencia: cualquier parecido de los personajes de este diálogo con la realidad es pura coincidencia.

05 enero 2013

Un corazón vacio es una invitación para el diablo.


Era al atardecer. Un torrente de pensamientos se amontonaba y luchaba en mi interior por ordenarse. Dicen, los románticos, que el amor es, entre otras cosas, mirar con los ojos del alma al centro mismo de la otra persona y no ver más que poesía. Otros, más sabios, que sólo conoce el verdadero amor aquel que ama sin esperanza. Finalmente están los que confunden el amor con el encoñamiento. Pero el  encoñamiento es otra cosa, aunque muchas veces el corazón no lo sabe, y si lo sabe, lo omite.
¿Conocen esa clase de mujeres que respiran peligro por todos los poros? Las ves,  y todas las sirenas de seguridad de tu cerebro se disparan, pero aun así le pides su número de teléfono. Ella era ese tipo de mujer. Se llevaría el primer premio en todos los concursos de “Femme  fatale”, pero a diferencia de las típicas vampiresas, tenía los colmillos en la mirada.  La conocí en un bar, y créanme si les digo que me pasé  5 años jugando a aquí te pillo  aquí te chupo como  aprendiz del señor de las tinieblas.
Lo recuerdo como si fuera ayer. Caía el crepúsculo. El sol rojizo del atardecer lucía sobre las delgadas crines blancas de las negras ondas, sin una nube sobre su órbita. Sus colores al acercarse a la línea del horizonte se mezclaban con la negrura del mar, surcándose de saetas de luz, suavemente ondulantes, al compás de las leves olas de la superficie. La brisa silbaba entre sus rayos sesgados, tristes y fríos que caían de lleno en las dilatadas pupilas sin hacer pestañear los párpados.
Ella estaba en la terraza de aquel local de copas,  mirando el mar. Llevaba un vestido de color negro, tan negro como su conciencia, que la tapaba y al mismo tiempo lo insinuaba todo. Era la imagen viva de la voluptuosidad, una estatua de bronce caliente  que se estremecía con la brisa del estertor del día como la ultima hoja de un árbol que se muere. Me acerqué lentamente dejando que oyera mis pasos. Se quedó rígida un instante sobre sus tacones; tacones   de sexo que partían mi alma,  tacones de caderas sueltas que aventaban mi locura…Tacones para amar. Se giró, y con el gesto,  el borde del vestido ascendió rápidamente, permitiendo mostrar las redondeces de una simetría mágica, terminando en el puro deleite del color aurífero de sus muslos. Bajo una frente límpida, enmarcados por los arcos simétricos de oscuras cejas de tonalidad natural, resaltaban, llenos de vida unos hermosos ojos, expresivos y enigmáticos, asombrosos y perturbadores.

-¿Quieres un cigarrillo?-le dije -.

-Claro, gracias. ¿Te aburre esa gente  tanto como a mí, verdad?-contestó ella señalando con su mirada la sala repleta  del bar-.

-No he venido a divertirme, he venido por ti. Llevo días observándote. Eres muy deseable. No es tu rostro, ni tu físico, ni tu voz...son tus ojos, las cosas que veo en tus ojos.

-¿Y qué ves en mis ojos?

Me acerqué aún más. Olía como creo deben oler los ángeles.

- La eternidad, un atardecer en el ártico, una serenidad salvaje.  Quieres huir, pero no puedes. Afrontarás lo que tienes que afrontar. Pero no lo quieres hacer sola...

-No, no quiero hacerlo  yo sola.

En los labios de aquella chica esas palabras no eran más que un dulce murmullo en la oscuridad. Un murmullo que me provocó oleadas de pasión.
Respiré profundamente para controlar mi propio deseo y la cogí dulcemente por la cintura. Ella arqueó el cuerpo contra mi mano, y sentí como se estremecía.  Bajé la mano suavemente y le acaricié los muslos. Ella suspiró al notar la suave calidez de mi mano. Cuando la oí gemir, volví a acariciarla y noté la humedad caliente de ella en mis dedos…

…De fondo sonaba “Girl, you’ll be a woman soon”…Y la besé.


21 agosto 2012

“Cómo envejecer”, de Bertrand Russell


A pesar del título, este artículo tratará, en realidad, de cómo no envejecer, que, a mis años, es un tema mucho más importante. Mi primer consejo sería que escogiesen ustedes sus antepasados cuidadosamente. Aunque mi padre y mi madre murieron los dos jóvenes, me he portado bien, a este respecto, por lo que se refiere a mis otros antepasados. Mi abuelo materno, es verdad, se extinguió en la flor de su juventud, a la edad de 67 años; pero mis otros tres abuelos vivieron más de ochenta años. Entre mis ascendientes más alejados, sólo puedo encontrar uno que no alcanzase una gran longevidad, y ése murió de una enfermedad que es ahora rara: la decapitación. Una de mis bisabuelas, que fue amiga de Gibbon, vivió hasta los noventa y dos y, hasta sus últimos días, fue el terror de sus descendientes. Mi abuela materna, después de tener nueve hijos que vivieron, uno que murió en la infancia y bastantes abortos, en cuanto se quedó viuda se consagró a la causa de la educación superior para las mujeres. Fue una de las fundadoras del Girton College, y trabajó obstinadamente para que el ejercicio de la medicina fuese abierto a las mujeres. Solía relatar que se encontró en Italia, con un caballero anciano que parecía muy triste. Le preguntó la causa de su melancolía y él respondió que acababa de separarse de sus dos nietos. «¡Bendito sea Dios! —exclamó ella— Tengo setenta y dos nietos y, si me pusiera triste cada vez que me tengo que separar de alguno de ellos, llevaría una existencia deplorable». « ¡Madre desnaturalizada!» replicó él. Pero, hablando como uno de esos setenta y dos, prefiero la fórmula de mi abuela. Después de los ochenta, ésta, como hallara alguna dificultad para dormirse, se pasaba, desde la medianoche hasta las tres de la madrugada, leyendo divulgación científica. Creo que nunca tuvo tiempo para darse cuenta de que estaba envejeciendo. Esta, según pienso, es la receta adecuada para permanecer joven. Si ustedes pueden ser todavía útiles en actividades amplias e interesantes y se preocupan vivamente por ellas, no se verán obligados a pensar en el hecho meramente estadístico del número de sus años y, aún menos, en la probable brevedad de su futuro.

Por lo que se refiere a la salud, nada útil puedo decir, puesto que tengo escasas experiencias en materia de enfermedades. Como y bebo lo que quiero, y duermo cuando no puedo permanecer despierto. Nunca hago nada pensando que será bueno para la salud, aunque, en la práctica, lo que me gusta hacer es en su mayor parte saludable.

Psicológicamente, existen dos peligros contra los que hay que estar vigilante cuando se llega a viejo. Uno de ellos consiste en absorberse indebidamente en el pasado. No se debe vivir de memorias, lamentándonos por el buen tiempo pasado, tristes por los amigos que murieron. Nuestros pensamientos deben estar dirigidos hacia el futuro y hacia cosas en las que se pueda hacer algo. Esto no siempre es fácil; el propio pasado es un peso que va gradualmente creciendo. Es fácil pensar, para sí, que nuestras emociones solían ser más vividas de lo que son ahora, y nuestra mente más penetrante. Pero, si esto es cierto, debe olvidarse, y, si se olvida, probablemente no será cierto.

Otra cosa que se debe evitar es adherirse a la juventud con la esperanza de aspirar vigor de su vitalidad. Cuando sus hijos crezcan, querrán vivir sus propias vidas, y si usted continúa interesándose tanto por ellos como cuando eran pequeños, es muy probable que le consideren una carga, a no ser que posean una insensibilidad no corriente. No quiero decir que no deberíamos ocuparnos de ellos, sino que nuestro interés debe ser contemplativo y, si es posible, filantrópico y no demasiado emotivo. Los animales llegan a ser indiferentes ante sus pequeños en cuanto éstos pueden bastarse por sí mismos; pero los seres humanos a causa de su prolongada infancia, hallan esto difícil.

Creo que a los que tienen preocupaciones impersonales intensas, que impliquen actividades apropiadas, les será más fácil conseguir una vejez afortunada. En esta esfera es, realmente, donde resulta fructífera una larga experiencia y donde la sabiduría que nace de la experiencia, puede ejercitarse sin que sea opresiva. No sirve para nada decir a los niños en proceso de educación que no comentan errores, pues, por un lado, no le harán ningún caso y, por otro, los errores forman una parte esencial de la educación. Pero, si usted es uno de ésos que son incapaces de tener preocupaciones impersonales, se dará cuenta de que su vida está vacía, a no ser que se preocupe de sus hijos y de sus nietos. En ese caso, comprobará que, si bien usted puede aún ser de alguna utilidad material para ellos, puede pasarles regularmente cierta suma o hacerles «jerseys», no debe esperar que se diviertan en su compañía.

Algunas personas ancianas están oprimidas por el miedo a la muerte. Durante la juventud, este sentimiento está justificado. Los jóvenes que tienen razones para temer que los maten en alguna batalla, pueden justificadamente sentir amargura al pensar que se les ha robado lo mejor que la vida es capaz de ofrecer. Pero, en un anciano, que ha conocido las alegrías y las tristezas humanas, que ha terminado la obra que le cabía hacer, el temor a la muerte es algo abyecto e innoble. El mejor modo de superarlo —por lo menos, ésta es mi opinión— consiste en ampliar e ir haciendo cada vez más impersonales sus intereses, hasta que, poco a poco, retrocedan los muros que encierran al yo, y su vida vaya sumergiéndose crecientemente en la vida universal. Una existencia humana individual debería ser como un río: al principio, pequeña, estrechamente limitada por las márgenes, fluyendo apasionadamente sobre las piedras y arrojándose por las cascadas. Lentamente el río va haciéndose más ancho, las márgenes se apartan, las aguas corren más mansamente y, por último, sin ningún sobresalto visible, se funden con el mar y pierden, sin dolor, su ser individual. El hombre que, en su vejez, sea capaz de considerar su vida de esta manera, no sufrirá el temor a la muerte, pues las cosas que él estima seguirán existiendo. Y, si con la decadencia de la vitalidad aumenta la fatiga, no será mal recibido, entonces, el pensamiento de que está próxima la hora del descanso. Yo desearía morir en pleno trabajo, sabiendo que otros continuarán lo que yo ya no puedo hacer, y contento al pensar que se hizo lo que fue posible hacer.

"Máscara", de Friedrich Nietzsche



Todo lo que es profundo ama la máscara; las cosas más profundas de todas sienten incluso odio por la imagen y el símil. ¿No sería la antítesis tal vez el disfraz adecuado con que caminaría el pudor de un dios? Es ésta una pregunta digna de ser hecha: sería extraño que ningún místico se hubiera atrevido aún a hacer algo así consigo mismo. Hay acontecimientos de especie tan delicada que se obra bien al recubrirlos y volverlos irreconocibles con una grosería; hay acciones realizadas por amor y por una magnanimidad tan desbordante que después de ellas nada resulta más aconsejable que tomar un bastón y apalear de firme al testigo de vista: a fin de ofuscar su memoria. Más de uno es experto en ofuscar y maltratar a su propia memoria, para vengarse al menos de ese único enterado: - el pudor es rico en invenciones. No son las cosas peores aquellas de que más nos avergonzamos: no es sólo perfidia lo que se oculta detrás de una máscara, - hay mucha bondad en la astucia. Yo podría imaginarme que Un hombre que tuviera que ocultar algo precioso y frágil rodase por la vida grueso y redondo como un verde y viejo tonel de vino, de pesados aros: así lo quiere la sutileza de su pudor. A un hombre que posea profundidad en el pudor también sus destinos, así como sus decisiones delicadas, le salen al encuentro en caminos a los cuales pocos llegan alguna vez y cuya existencia no les es lícito conocer ni a sus más próximos e íntimos: a los ojos de éstos queda oculto el peligro que corre su vida, así como también su reconquistada seguridad vital. Semejante escondido, que por instinto emplea el hablar para callar y silenciar, y que es inagotable en escapar a la comunicación, quiere y procura que sea una máscara suya lo que circule en lugar de él por los corazones y cabezas de sus amigos; y suponiendo que no lo quiera, algún día se le abrirán los ojos y verá que, a pesar de todo, hay allí una máscara suya, - y que es bueno que así sea. Todo espíritu profundo necesita una máscara: aún más, en torno a todo espíritu profundo va creciendo continuamente una máscara, gracias a la interpretación constantemente falsa, es decir, superficial, de toda palabra, de todo paso, de toda señal de vida que él da.

"40" en Más allá del bien y del mal, 1886


"Hiatus Irrationalis", de Jacques Lacan

Cosas, que fluya en ustedes el sudor o la savia,
Formas, que nazcan ustedes de la fragua o la sangre,
Vuestro torrente no es más denso que mi sueño;
Y, si no los golpeo con un deseo incesante,

Atravieso vuestra agua, caigo cerca de la orilla
Donde me atrae el peso de mi demonio pensante.
Solo, se enfrenta al duro suelo del que se levanta el ser,
Al ciego y sordo mal, al dios privado de sentido,

Pero en cuanto todo verbo ha muerto en mi garganta,
Cosas, que nazcan ustedes de la sangre o de la fragua,
Naturaleza, –me pierdo en el flujo de un elemento:

El que se incuba en mí, el mismo que a ustedes se subleva,
Formas, que fluya en ustedes el sudor o la savia,
Es el fuego que me hace vuestro inmortal amante.

“El poder de las palabras”, de Edgar Allan Poe

(Uno de mis escritores favoritos. Por atormentado. El tormento lleva a la genialidad, y no al revés. En eso estoy yo. A ver si lo consigo.)

Oinos. —Perdona, Agathos, la flaqueza de un espíritu recién ornado
con las alas de la inmortalidad.
Agathos. —Nada has dicho, Oinos mío, por lo que debas pedir perdón. Ni siquiera aquí el conocimiento es cosa de intuición. La sabiduría sí, la sabiduría pídesela libremente a los ángeles, que te podrá ser concedida.
Oinos. —Pero yo había soñado que en esta existencia sería sabedor de todas las cosas al mismo tiempo, y así al punto feliz por conocerlo todo.
Agathos. —¡Ah, la felicidad no está en el conocimiento, sino en la adquisición del conocimiento! La bienaventuranza eterna reside en conocer más y más, pero conocer todo sería la maldición de un demonio.
Oinos. —Pero, ¿no conoce el Altísimo todo?
Agathos. —Esa (pues que él es el Felicísimo) debe ser la única cosa desconocida hasta para el.
Oinos. —Sin embargo, puesto que ganamos a cada hora en conocimiento, ¿no han de ser, afín, conocidas todas las cosas?
Agathos. —¡Mira, hacia abajo, hacia las abismales distancias! !Intenta hundir la vista en la múltiple perspectiva de las estrellas, mientras nos deslizamos lentamente a través de ellas, así..., así y así! Incluso la visión espiritual, ¿no está detenida en todos los puntos por las continuas murallas áureas del universo..., por esas murallas de las miríadas de los cuerpos brillantes cuyo mero número parece fundirse en una unidad?
Oinos. —Advierto claramente que la infinidad de la materia no es un sueño.
Agathos. —No hay sueños en Hedén..., pero aquí se murmura que la única finalidad de esa infinidad de la materia es ofrecer manantiales infinitos en los cuales el alma pueda aplacar la sed de conocer, siempre insaciable dentro de ella —pues saciarla sería extinguir la esencia misma del alma. Pregúntame, pues, Oinos mía, libremente y sin temor. ¡Ven! Dejaremos a la izquierda la alta armonía de las Pléyades y desde el trono iremos a caer en los prados sembrados de estrellas allende Orión, donde en lugar de pensamientos, violetas y trinitarias están los lechos de los soles triplicados y tricromados.
Oinos. —Y ahora, Agathos, mientras avanzamos, instrúyeme, háblame en los tonos familiares de la tierra. No he comprendido lo que me has estado sugiriendo sobre los modos o sobre los métodos de lo que, cuando éramos mortales, hemos acostumbrado a llamar Creación. ¿Quieres dar a entender que el Creador no es Dios?
Agathos. —Quiero dar a entender que la Deidad no crea.
Oinos. —¡Explícate!
Agathos. —Sólo en el principio creó. Las aparentes criaturas que están, ahora, por todo el universo, adquiriendo su ser tan continuamente, sólo pueden ser consideradas como resultados indirectos o mediatos, no como directos o inmediatos, del divino poder creador.
Oinos. —Entre los hombres, Agathos mío, esa idea sería considerada como herética en extremo.
Agathos. —Entre los ángeles, Oinos mía, es aceptada sencillamente como cierta.
Oinos. —Puedo comprenderte hasta este punto: que ciertas operaciones de lo que denominamos Naturaleza, o leyes naturales, darán origen, bajo ciertas condiciones, a lo que tiene toda la apariencia de creación. Poco antes de la destrucción final de la tierra, hubo, recuerdo bien, muchos experimentos coronados por el éxito en lo que algunos filósofos denominaron neciamente creación de animálculos.
Agathos. —Los casos de que hablas eran, en realidad, ejemplos de creación secundaria y de la única especie de la creación que jamás haya existido desde que la primera palabra dio existencia a la primera ley.
Oinos. —¿No son los mundos estelares que, desde el abismo de la nada, estallan a cada hora hacia los cielos..., no son estas estrellas, Agathos, la obra inmediata de la mano del Soberano?
Agathos. —Déjame que intente, Oinos mía, conducirte paso a paso a la concepción que busco explicar. Ten por seguro que, así como ningún pensamiento puede perecer, tampoco ningún acto queda sin resultado infinito. Nosotros movíamos las manos, por ejemplo, cuando éramos habitantes de la tierra, y al hacerlo impartíamos vibración a la atmósfera que la circundaba. Esta vibración iba extendiéndose indefinidamente hasta que daba impulso a cada una de las partículas del aire de la tierra, que en lo sucesivo, y para siempre, era excitado por ese único movimiento de la mano. Este hecho lo conocían bien los matemáticos de nuestro planeta. En realidad, ellos hicieron de los efectos especiales, creados en los líquidos por impulsos especiales, objeto de cálculo exacto, de manera que resultó fácil determinar en qué momento preciso un impulso de grado determinado circundaría el orbe y dejaría su impresión (por siempre) en cada átomo de la atmósfera ambiente. Retrogradando, no tuvieron dificultad en determinar el valor del impulso original. Ahora bien, los matemáticos que vieron que los resultados de cualquier impulso dado eran absolutamente inacabables, y que una parte de esos resultados podía medirse con exactitud por medio del análisis algebraico, que vieron también la facilidad de la retrogradación, vieron al mismo tiempo que esa especie de análisis contenía en sí una capacidad de progreso indefinido, que no existían límites concebibles para su avance y aplicabilidad, excepto dentro del intelecto de quien lo promovía o aplicaba. Pero nuestros matemáticos se detuvieron en ese punto.
Oinos. —¿Y por qué, Agathos, debieron haber seguido adelante?
Agathos. —Porque más allá había algunas consideraciones de profundo interés. Era deducible por lo que conocían que, para un ser de entendimiento infinito, para quien la perfección del análisis algebraico no tuviese secretos, no podía haber dificultad en seguir el rastro a cada uno de los impulsos impartidos al aire —y al éter a través del aire— hasta las consecuencias más remotas en las épocas más infinitamente remotas. Es, en verdad, demostrable que cada uno de tales impulsos dados al aire, debe finalmente dejar su impresión en cada una de las cosas individuales que existen dentro del universo, de modo que el ser de infinita inteligencia, al ser que hemos imaginado, pueda seguir el rastro a las remotas ondulaciones del impulso, seguir su rastro hacia arriba y adelante en la influencia dejada por ellas en todas las partículas de toda la materia, hacia arriba y adelante por siempre en las modificaciones hechas por ellas sobre las formas antiguas —o, en otras palabras, en sus creaciones nuevas— hasta que las encuentre reflejadas —incapaces al fin de dejar impresión— desde el trono de la Divinidad. Y no sólo podría hacer eso un ser semejante, sino que además, en cualquier época, dado un resultado (de sometérsele a su examen, por ejemplo, uno de esos innumerables cometas), no tendría dificultad en determinar, por retrogradación analítica, a qué impulso original era debido. Este poder de retrogradación en su plenitud y perfección absolutas, esta facultad de asignar en todas las épocas todos los efectos a todas las causas, es desde luego la prerrogativa única de la Deidad; pero en todas las variedades de grados, inferiores a la absoluta perfección, el poder es ejercido por todas las huestes de las inteligencias angélicas.
Oinos. —Pero tú hablas sólo de impulsos sobre el aire.
Agathos. —Al hablar del aire, me refiero sólo a la tierra, pero la proposición general hace referencia a impulsos sobre el éter, que, al penetrar y ser él solo el que penetra en todo el espacio, resulta el gran médium de la creación,
Oinos. —Entonces, ¿todo movimiento, de la naturaleza que sea, crea?
Agathos. —Debe hacerlo. Pero una verdadera filosofía viene enseñando desde hace mucho tiempo que la fuente de todo movimiento es el pensamiento... y la fuente de todo pensamiento es...
Oinos. —Dios.
Agathos. —Y mientras hablaba así, ¿no ha cruzado por tu mente algún pensamiento del poder físico de las palabras? ¿No es toda palabra un impulso sobre el aire?
Oinos. —Pero ¿por qué lloras, Agathos...? ¿Y por qué, oh, por qué se abaten tus alas mientras pasemos por encima de esa hermosa estrella, que es la más verde y no obstante la más terrible de todas las que hemos encontrado en nuestro vuelo? Sus brillantes flores son como un sueño de cuento de hadas, pero sus furiosos volcanes como las pasiones de un turbulento corazón.
Agathos. —¡Lo son, lo son! Esa extraña estrella..., hace ahora tres siglos, que con manos crispadas y con ojos radiantes, a los pies de mi amada, le di nacimiento con mis apasionadas frases. ¡Sus brillantes flores son mis más caros sueños irrealizados y sus iracundos volcanes son las pasiones del más turbulento e impío corazón!

Poema puritano.


Me encanta mi sexo
Entre tu sexo y el mío
no sé cuál elegir.

Es que el tuyo
es tan divertido
y el mío tan bonito.

Pero lo que hay
que subrayar
es cómo cabe el tuyo
dentro del mío
siendo tan grande
y de color brillante.

Los sexos son
en sí mismos
perfumados.

Morir con la mano en el sexo.

No con la mano en la mano,
aunque de eso puede encargarse
la otra mano.

Cecilia Vicuña

Carta de James Joyce a su esposa Nora Bernacle.

(Su mujer, Nora, se manifestaba indignada por el alcoholismo de su marido y solía reprochárselo a sus amigos, porque impedían al escritor centrarse en su "libro" (el Ulises), de cuya naturaleza ella en el fondo no tenía ni idea. Según Ellmann, "Joyce se sorprendía siempre al comprobar la indiferencia, e incluso aversión, de Nora por sus libros". Joyce
comentó una vez a Budgen:

"En la gente que se me acerca, en la que me conoce y la que llega a tener amistad conmigo, suelo tener un tipo u otro de influencia. En cambio, la personalidad de Nora es tan especial que no logro que la mía pueda afectarla, está hecha completamente a prueba de la mía."

Por ese tiempo también, Nora le dijo llorando a Frank Budgen:

"Jim quiere que vaya con otros hombres para poder escribir al respecto"

El matrimonio, sin embargo, debía bromear sobre el asunto, según se desprende de su correspondencia, en algunos casos de muy subido tono sexual, y hasta pornográfico. He aquí un pasaje ligero:

" ¡Me gustaría que me flagelaras, Nora, amor mío! Me encantaría haber hecho algo que te desagradara, algo insignificante incluso, tal vez una de mis costumbres bastante indecentes que te hacen reír: y después oír que me llamas a tu habitación y encontrarte sentada en un sillón con tus gruesos muslos separados y la cara roja como un tomate de ira y un bastón en la mano."

Y ahora, aquí debajo, les dejo una de las cartas que escribió a Nora.
 Querida mía:

Debería empezar por pedirte perdón, tal vez, por la extraordinaria carta que te escribí anoche. Mientras la estaba escribiendo tu carta yacía frente a mí y mis ojos estaban fijos, como lo están incluso ahora, en cierta palabra escrita en ella. Hay algo obsceno y lascivo en el aspecto mismo de las cartas. El sonido de aquel también es como el acto mismo, breve, brutal, irresistible y diabólico. Querida, no te ofendas por lo que te he escrito. Me agradeces por el hermoso nombre que te di. Sí, querida, es un lindo nombre “¡Mi hermosa flor salvaje de los setos! ¡Mi azul y oscura flor empapada por la lluvia!”. Ya ves que aún me queda un poco de poeta. Te estoy dando también un adorable libro como regalo: y es un regalo de poeta para la mujer que ama. Pero, de lado a lado y dentro de este amor espiritual que tengo por ti hay además una bestia salvaje -como ansiosa por cada pulgada de tu cuerpo, por cada secreta y vergonzosa parte de él, por cada olor y acto de él. Mi amor por ti me permite rezar al espíritu de la belleza y ternura eterna reflejado en tus ojos o arrojarte bajo mío sobre aquel suave vientre tuyo y culiarte por atrás, como un cerdo monta una cerda, glorificando el terrible mal olor y sudor que sale de tu culo, glorificando la abierta forma de tu vestido dado vuelta y tus blancos calzones de niña y en la confusión de tus ruborizadas nalgas y enredado pelo. Esto me permite estallar en lágrimas de piedad y amor ante cualquier palabra leve, temblar de amor por ti ante el sonido de algún acorde o cadencia musical o acostarse haciendo un sesenta y nueve contigo sintiendo tus dedos acariciando y haciéndole cosquillas a mis bolas o aferrándote a mí y tus labios calientes chupando mi verga mientras mi cabeza está encajada entre tus gordos muslos, mis manos agarrando firmes los redondos cojines de tu culo y mi lengua lamiendo vorazmente tu maloliente concha roja. Te he enseñado casi a desvanecerte al escuchar mi voz cantando o murmurando a tu alma la pasión y el dolor y el misterio de la vida y al mismo tiempo te he enseñado a hacerme señales indecentes con tus labios y lengua, para provocarme con toques y ruidos obscenos, e incluso a hacer en mi presencia el acto más vergonzoso e indecente del cuerpo. ¿Te acuerdas del día en que te levantaste la ropa y me dejaste acostar abajo mirándote mientras lo hacías? Después te daba vergüenza incluso mirarme a los ojos.

¡Eres mía, querida, mía! Te amo. Todo lo que he escrito arriba es sólo un momento o dos de locura brutal. La última gota de semen ha sido difícilmente rociada en tu concha antes que termine y mi verdadero amor por ti, el amor de mis versos, el amor de mis ojos por tus extraños y atractivos ojos, viene soplando sobre mi alma como un viento de especias. Mi verga está todavía caliente y dura y temblorosa de la última brutal embestida que te ha dado cuando un tenue himno se escucha creciendo en una tierna y lastimera adoración hacia ti desde los oscuros claustros de mi corazón.

Nora, mi fiel amada, mi pícara colegiala de ojos dulces, se mi puta, mi amante, tanto como quieras (¡Mi pequeña y puta amante! ¡Mi pequeña puta de mierda!). Siempre eres mi hermosa flor salvaje de los setos, mi azul y oscura flor empapada por la lluvia.

Jim

22 junio 2012

Amor a las bibliotecas.

 “No creo en los colegios ni en las universidades. Creo en las bibliotecas, porque la mayoría de los estudiantes no tienen dinero”, dijo en alguna ocasión Ray Bradbury.

Otro angelino célebre, Charles Bukowski, lo resumió en este bello poema:

(…) Yo era un lector entonces/que iba de una sala a/otra: literatura, filosofía,/religión, incluso medicina/y geología./Muy pronto/decidí ser escritor,/pensaba que sería la salida/más fácil/y los grandes novelistas/no me parecían/demasiado difíciles./Tenía más problemas con/Hegel y con Kant./Lo que me/fastidiaba/de todos ellos/es que/les llevara tanto/lograr decir algo/lúcido y/ o interesante./Yo creía/que en eso/los sobrepasaba a todos/entonces./Descubrí dos cosas: a) que la mayoría de los editores creía que/ todo lo que era aburrido/era profundo. b) que yo pasaría décadas enteras/viviendo y escribiendo/antes de poder/plasmar/una frase que/se /aproximara un poco/a lo que quería/decir./Entretanto/mientras otros iban a la caza de/damas,/yo iba a/ la caza de viejos/libros,/era un bibliófilo, aunque/ desencantado,/y eso/y el mundo/configuraron mi carácter. (…)La vieja Biblioteca Pública de Los Ángeles/seguía siendo/mi hogar/y el hogar de muchos otros/vagabundos./Discretamente utilizábamos/ los/aseos/y a los únicos que/echaban de allí/era a los que/se quedaban dormidos en/ las/mesas/de la biblioteca; nadie ronca como un/vagabundo/a menos que sea/ alguien con quien estás/casado. Bueno, yo no era realmente un/vagabundo. Yo tenía tarjeta de la/ biblioteca/y sacaba y devolvía/libros,/montones de libros/ siempre hasta el/límite/de lo permitido: Aldous Huxley, D.H. Lawrence, E.E. Cummings, Conrad Aiken, Fiódor Dostoievski, Dos Passos, Turguénev, Gorki, H.D. Freddie Nietzsche,Schopenhauer, Steinbeck,Hemingway…
Siempre esperaba que la bibliotecaria/me dijera: “que buen gusto tiene usted,/joven. pero la vieja/puta/ni siquiera sabía/quién era ella,/cómo iba a saber/quién era yo. Aquellos estantes contenían/un enorme/tesoro: me permitieron/descubrir/a los poetas chinos antiguos /como Tu Fu y Li Po/que son capaces de decir en un/verso más que la mayoría en/ treinta o/incluso en ciento./ Sherwood Anderson debe de haberlos/leído/también./También solía sacar y/ devolver/los Cantos/y Ezra me ayudó/a fortalecer los brazos si no/el cerebro./ Maravilloso lugar/la Biblioteca Pública de Los Ángeles/fue un hogar para alguien que había/tenido/un/hogar/infernal/(…). Probablemente evitó/que me convirtiera en un/suicida,/un ladrón/de bancos,/un tipo/que pega a su mujer,/un carnicero o/un motorista de la policía/y, aunque reconozco/que/puede que alguno sea estupendo, gracias a mi buena suerte/ y al camino que tenía que recorrer, aquella/biblioteca estaba/allí cuando yo era/joven y buscaba/algo/a lo que aferrarme/y no parecía que hubiera/mucho”.

13 junio 2012

El reloj Tourbillon...rima con millón.


Soy consciente que lo que voy a escribir a continuación no será del agrado de la mayoría por tratarse el personaje al que voy a referirme de una personalidad protegida y mimada por todos los medios de comunicación a imagen y semejanza de nuestra familia real. Pero eso es lo que menos me importa; ya saben ustedes que me rijo por  este lema: Cada vez que te encuentres del lado de la mayoría...
...es tiempo de hacer una pausa y reflexionar.

 ¿Por qué digo que no será del agrado de la mayoría?  Simplemente porque soy conocedor de la hipócrita idiosincrasia española tan dada a enaltecer, encumbrar, glorificar y vitorear a los triunfadores, ya sea del deporte, la política o las finanzas, y también, al mismo tiempo, de su crueldad con los desahuciados, desamparados o excluidos.
Bien, dicho esto, vamos ya a lo importante. Supongo que a día de hoy todos saben  que al tenista  Rafa Nadal le han robado con premeditación y alevosía su carísimo y a la vez feísimo reloj de pulsera de la marca Richard Mille. Dice la prensa: “el tenista español se ha llevado un auténtico disgusto al comprobar la sustracción de su propia habitación de hotel en París de un reloj de lujo valorado en más de 350 000 euros.”
Sí amigos, 350 000 euros, créanme que hasta leer la noticia no sabía que existieran relojes tan caros teniendo en cuanta que este no llevaba ni diamantes ni rubies, ni esmeraldas. Tengo que decir que  no es la primera vez que Rafa Nadal es víctima de un robo, ni tampoco que los cacos se hacen con objetos de valor de celebridades aprovechando su ausencia en las habitaciones de hotel, aunque lo normal es que te birlen el móvil o la cámara de fotos, o la foto de la novia, pero un reloj tan caro, eso ya no es tan normal, es más, yo creo que hay que ser tonto del culo, o ser tan rico que te suda la punta de la…nariz si te roban o no. Este chico, tan aficionado a la Play Station y a los conciertos de Enrique Iglesias (eso es muy mosqueante),  fue víctima de otra sustracción, también de otro reloj exclusivo, valorado en más de medio millón de euros (85 millones de pesetas), en el vestuario, mientras disputaba el Máster 1.000 de Toronto (Canadá) también de la misma marca, Richard Mille.

¿Verdad que es preocupante? Yo a este niño no le dejaría ni mi bolígrafo Bic naranja.

Fíjense ustedes que la pieza robada, de la que solo se habían fabricado medio centenar de unidades, era el modelo RM 027 Tourbillon, cuyo peso no llega a los 20 gramos (correa incluida, de poliuretano, por cierto), fabricado a mano usando materiales (utilizados entre otras cosas, en la construcción de coches de Fórmula 1, de aviones Airbus, satélites, cohetes y helicópteros…no, no busquen una batidora Moulinex porque no la hay)  tan sorprendentes como: titanio, litio, aluminio, cobre, magnesio zirconio, y diseñado con tecnología aeroespacial.

¡Casi nada! ¿Pero es este el único motivo de tan elevado coste? No, hay más mucho más (como en las telenovelas colombianas). Un complejo mecanismo que compensa el efecto de la gravedad sobre el movimiento del engranaje para conseguir una precisión exacta.

¡Qué les parece, eh! Yo estoy seguro que si Albert Einstein hubiera poseído uno así, hubiera culminado la teoría del todo en un plis plas. En fin qué quieren que les diga, ¿nos compramos uno?

Desde luego, está claro que los ladrones  sabían lo que robaban, y en esta segunda ocasión, han vuelto a tener éxito y conseguido burlar todas las medidas de seguridad para hacerse con un más que jugoso botín. Mala suerte la de Rafa Nadal, y mala suerte para la marca. La próxima vez, seguro se plantea utilizar la caja fuerte, o jugar a tenis  con un reloj Swatch.
Recuerdo también unas palabras de Nadal el día de la presentación del costosísimo reloj. Dijo: “es un honor para mí que alguien como Richard me haya elegido como uno de sus embajadores. Desde el momento en que nos conocimos fue un momento especial”.

Claro, ¿como no iba a ser un momento especial? Ni a él, con todo lo famoso y rico que es, le regalan todos los días un reloj de más de 60 millones de pesetas.

Pero al margen de lo obsceno y sicalíptico de todo lo anterior mencionado, a mí lo que no me cuadra de este chico mallorquín, es que se ponga en la muñeca un reloj de tropecientos millones de pesetas, y luego, con toda naturalidad y desparpajo, nos anuncie las bondades de un automóvil (marca Kia, para más señas) que cuesta 8000 euros (1 300 000 pesetas), o sea, lo que cuesta la correa de poliuretano de su millonario reloj tourbillón.  No sé queridos amigos y amigas, quizás me haga viejo y sea muy quisquilloso, tal vez es que me cae mal el chico ese, o simplemente que no comprendo que se pueda ser hombre anuncio de una marca de lujo “con la que está cayendo” en España.

En fin no quiero parecer pesimista en cuanto a mi percepción del ser humano y por eso terminaré, como siempre, con unas palabras de un personaje que no llevaba en la muñeca un reloj de 350 000 euros, y que sin embargo, aunque símbolo del “realismo sucio”, era infinitamente más limpio, transparente y rico en su coherente vida, que nuestro tenista Rafa Nadal. Me refiero a Charles Bukowski, que dijo:

“Casi siempre lo mejor de la vida consiste en no hacer nada en absoluto, en pasar el tiempo reflexionando, rumiando todo ello. Quiero decir… pongamos que alguien comprende que todo es un absurdo, entonces no puede ser tan absurdo porque uno es consciente de que es un absurdo y la consciencia de ello es lo que le otorga sentido. ¿Me entienden? Es un pesimismo optimista.”

20 mayo 2012

Nosce te ipsum...

Nosce te ipsum et nosces universum et deos (conócete a ti mismo y conocerás el universo y a los dioses).

Esta inscripción, puesta por los siete sabios en el frontispicio del templo de Delfos, es clásica en el pensamiento griego.

“En ninguna época se ha sabido tanto y tan diverso con respecto al hombre como en la nuestra. En ninguna época se expuso el conocimiento acerca del hombre en forma más penetrante ni más fascinante que en ésta. Ninguna época, hasta la fecha, ha sido capaz de hacer accesible este saber con la rapidez y facilidad que la nuestra. Y, sin embargo, en ningún tiempo se
ha sabido menos acerca de lo que el hombre es. En ninguna época ha sido el hombre tan problemático como en la actual”
Estas palabras las escribió el filósofo alemán Martin Heidegger en 1927. Qué poco han cambiado las cosas desde entonces.

29 abril 2012

El absurdo de las guerras.


El sirio se estremeció y preguntó cuál
podía ser la causa de tan terribles disputas
entre animales tan perversos.
-Se trata -dijo el filósofo- de varios
pedazos de barro tan grandes como
vuestro talón. Y no es que alguno de
esos millones de hombres que se hace
degollar pretenda alguna pulgada de esos
pedazos de barro. Solo han de averiguar si
pertenecen a cierto hombre al que llaman
sultán,o a otro al que llaman, no sé por qué,
césar. Ninguno de los dos vio ni verá jamás
el pedacito de tierra en cuestión y casi
ninguno de los animales que se degüellan
unos a otros han visto al animal por quien se matan.
-Ah, desdichados – exclamó el de Sirio con indignación.
¿Se puede concebir tal exceso de rabia furiosa?
Me dan ganas de dar tres pisotones y destrozar todo
este hormiguero de ridículos asesinos.
-No os molestéis – le respondieron-, ya
trabajan ellos solos en su propia ruina.

Micromegas, Voltaire

29 febrero 2012

Todo empezó con una manzana.


Puede que vivamos en un universo con más dimensiones de las que alcanzamos a ver. El Universo es mucho más extraño de lo que nos imaginamos. Hoy en día la teoría armonizadora se ha convertido en la quimera de la física moderna. Según la teoría de cuerdas, podríamos estar viviendo en un universo donde la realidad coincide con la ciencia ficción. Un mundo de 11 dimensiones con universos paralelos muy cercanos.
Ahora bien: ¿Qué nos hace pensar que podemos comprender la complejidad del universo y podamos resumirlo en una teoría para todo? ¿Nada verdad? Pues yo voy a intentar explicarles cómo funciona; no es fácil pero lo voy a intentar.
Tenemos R mi Ni menos un medio de g mi Ni R (ya saben cómo va esto) igual a 8 Pi GT.
¿Y como lo obtenemos me preguntarán ustedes? ¿Porque me lo iban a preguntar, no?
Muy simple: variando la acción de Einstein y Gilbert y dando con las ecuaciones necesarias para este período. ¿Se acuerdan como se llama esto? No, no es la curvatura escalar. Esto es el tensor de Richie. ¿Es que no lo han estudiado? Está visto que por mucho que lo intente no puedo enseñar a incultos. Vuestros cerebros no son capaces de entenderlo. ¿Como van a ser ustedes capaces de comprender las complejas leyes del Universo? La física moderna asegura que sí, pero veo que no. Visto lo visto, voy a recoger yo solo el testigo que Einstein nos legó en su búsqueda de la unificación. ¿Qué no saben que es la unificación? ¿Pero saben ustedes algo? Ya veo que no. La Unificación supone formular una ley que una todo lo que conocemos en este universo, a partir de una sola idea…una ecuación única. Y creo que dicha ecuación puede existir. ¿Y por qué dirán ustedes? Pues porque en el transcurso de los últimos 200 años nuestros conocimientos acerca del universo nos han aportado toda una serie de explicaciones que apuntan en la misma dirección. Todas parecen converger en un único y valioso concepto que aun estamos buscando. La unificación es la clave. Supone nuestro objetivo.

No perdamos más tiempo y vayamos al meollo.

Muchos años antes de que viviera Einstein la búsqueda de la unificación comenzó con el accidente más famoso de la historia de la ciencia. La anécdota cuenta que un día de 1665 un joven estaba sentado bajo un árbol cuando de repente vio como cayó una manzana de él. El desprendimiento de aquel fruto sirvió para que Isaac Newton revolucionara nuestro concepto del Universo. Una apuesta ambiciosa en su época. Newton aseguró que la fuerza que atraía a la manzana hacia el suelo y la que mantenía a la Luna en órbita terrestre no era sino la misma. En un solo paso Isaac Newton había unificado el cielo y la tierra en una teoría que llamó gravedad. La unificación de lo celestial con lo terrenal. Una ley única que rige los movimientos de los planetas, las mareas y la caída de la fruta, supuso una unificación fantástica para nuestra imagen de la naturaleza. La gravedad fue la primera fuerza que llegamos a comprender científicamente y le seguirían otras. A pesar de que Newton descubrió la Gravedad hace más de 300 años, las ecuaciones que la descubrían realizaban predicciones tan exactas que las seguimos utilizando hoy en día. De hecho gracias a estas ecuaciones los expertos de la Nasa lograron diseñar la trayectoria del cohete que aterrizó en la Luna. Pero había un problema. A pesar de descubrir la fuerza de la gravedad con una gran exactitud Newton ocultaba un bochornoso secreto. No tenía ni idea de cómo funcionaba. Durante casi 250 años los científicos miraban hacia otro lado a la hora de enfrentarse a este misterio…hasta que a principio del siglo pasado un anónimo empleado de una oficina de patentes suiza lo cambió todo. Pero de esto hablaremos otro día…

31 diciembre 2011

Fin de año.

Anochecer. Las nubes se dispersan
Y esfuman. El cielo está puro y frío. El
Río del Cielo gira en la Bóveda
De jade. Si esta noche no disfruto de la
Vida al máximo, el mes que viene,
El año que viene, ¿quién sabe dónde estaré?


 Su Ting P'o