17 agosto 2012

Salvador Dalí.

Este personaje es Salvador Dalí: catalán Universal, como todo el mundo sabe. Según él, el centro de Universo está en la estación de trenes de Perpiñan. Yo opino que no es verdad, es solo una locura más de este genial pintor, ya que todo el mundo sabe que el centro del Universo soy yo. Pero no me quiero despistar y les ruego que se fijen en el animalito que le acompaña. Era su mascota, y como ven, es un oso hormiguero. Está claro que este señor era catalán, y encontró la manera de evitar comprar insecticidas en Carrefour.

13 agosto 2012

¡Ay, el Amor!


Decía Nietzsche que lo que se escribe durante el insomnio es lo más sincero o lo más trivial que un hombre puede escribir, sin que en ocasiones puedan distinguirse. Trivial porque bien puede no ser más que el mero relleno del tiempo, el elixir para atraer el sueño. Lo más sincero porque en un estado de vigilia total es cuando uno, en virtud de la desesperación, está más capacitado de enfrentarse a sus propias creencias, ésas que ningún hombre es lo bastante valiente como para reconocer en su interior.

A lo que a mi refiere, no sé si un embrujo, o los torzales de una temporada extraña de perturbadora soledad, el caso es que el perfume de la presencia femenina me atenaza de nuevo. Lo percibo en las sinuosidades de los rostros plácidos que me cruzo en las calles. Yo procuro caminar fijando mi atención en mis subterráneos pensamientos, ciñéndome a los deberes más estrictos, pero allí también está, y con un estatismo aún más amargo. Casi diría  que el clima llameante tampoco ayuda, y las piernas y los pechos se vuelven crueles. Y es entonces, tal vez por triste melancolía, que recuerdo unos versos de Jean Nicolás Arthur Rimbaud, uno de los más grandes poetas franceses del movimiento simbolista junto a Mallarmé, que dicen así:

“En el atardecer del verano caminaré por los senderos
Picoteado por el trigo pisando la hierba menuda:
Soñador, notaré su frescura en los pies.
Dejaré que el viento bañe mi cabeza desnuda.

 No hablaré, ni pensaré en nada,
Pero el amor infinito invadirá mi alma.
Y partiré lejos, muy lejos, como un bohemio
en libertad y feliz, como en compañía de una mujer.”

Sí que hay, es cierto, un reverso de pesadez en los encantos sensuales del mundo de las formas, cuya mayor cima es, a ojos de los hombres, el cuerpo femenino, pero me resisto a señalar con el dedo trémolo al simbolismo de Eva, como un fanático cualquiera, o recordar a las cinco falsarias con las que Mara tentó al Sakyamuni. No hay nada perverso y maligno en la mujer en sí misma: contrariamente, es el símbolo de toda doctrina que requiere un cierto grado de iniciación en las grandes y no tan grandes tradiciones. Tara, por ejemplo, para los budistas tántricos; María Magdalena para el cristianismo; Fátima para el Islam; la Virgen María para ambos dos, y, en la polimorfa India, cada Deva tiene su shakti, hasta un número casi infinito.

Por eso ella, y solo ella, no es mero capricho de mi sinrazón, que tal vez también, quién sabe, es, ante todo, la percepción de que hay, entre los muchos caminos de desconcierto y confusión que comunican, o incomunican, a dos egos tan distintos, un camino que nos empuja a lo mismo con la sencillez de la línea recta, hacia frenesíes y porciones del corazón enamorado. Si mi corazón, no yo, que también, la ha querido escoger, ha sido sin duda porque ese camino existe y no es tan dramático como establecen las creencias en apariencia sensatas.
Por eso ella es ella y no es otra. ¿Pero como determinar que ella es ella y no es las demás?  El amor lo determinará; un par de conversaciones, una muestra de gestos distraídos, una sonrisa abierta como el firmamento sobran para deducir con la sutileza del corazón quién, del círculo circunstancial de las formas, es el complemento de la forma a la que reconoceremos entre todas las demás. Cierto es que casi todos contamos equivocaciones de ese sutil corazón, pero siempre hay un trasfondo de verdad, pues en todas y cada una de ellas hay mucho de nosotros mismos. Se trata de una ley muy primitiva y referida; se trata de la magia del amor, y reside infinitamente más en el dar que en el recibir, al fin y al cabo, cuando dos enamorados unen sus manos, sin quererlo, ensanchan el pecho y se vacían para llenarse del otro en un santo broche de éxtasis.

Es por ello que, y ahora quiero hablar en general y no solo de mi,  frente a la multitud de seducciones inconscientes a las que nos vemos constantemente sometidos, es imprescindible responder no con un ascetismo riguroso, que en casos de personalidades inexpertas se vuelve nefasto, sino con una voluntad igualmente femenina y niveladora. Pues entre todas las feminidades que acechan, desequilibran y roen el alma, siempre hay una que llama con especial luminosidad, enamorando. Y créanme, no será ni más hermosa, ni más sabia, ni más santa que otras, pero sí más sugerente.

Descifrar sus misteriosos jeroglíficos es tarea del individuo que los descubre; y transformar el deseo en amor es el ardid más audaz con el que puede burlarse al diablo.

Decía Frithjof Schuon que entre el hombre y la mujer existe superioridad recíproca y que en el amor verdadero cada uno asume, respecto a su cónyuge, una función divina.

Es claro que para Frithjof Schoun todo giraba alrededor de Dios; el amor también. Y tiene su explicación: de joven, tuvo  un encuentro con un anciano, morabito para más señas, quien dibujó un círculo con radios en el suelo y le explicó: "Dios está en el centro, todos los caminos llevan a Él." Y se lo creyó. Yo, a diferencia suya, no he tropezado con ningún morabito y soy  de la escuela romántica; me gusta más la imagen de la flecha lanzada por el arco de Cupido siguiendo una línea recta. Rápida y certera, diseñando la vía del amor tormentoso y pasional. Aunque  hay otras rutas sinuosas, es verdad, y no son las mías, también es verdad,  en las que el hombre, tentado por la psique, puede conducirse hasta una meta similar. No olvidemos la sencillez del afectado, del sensible imberbe que cede al arrebato cursi, a la linda mojigatería y al éxtasis tierno sin pasión. Pura distención a mi entender. Una distensión almibarada, dulce, ingenua y acaso superficial en cierta medida… pero de intenciones púdicas y honrosas, como de cerezo en flor. Sí, lo sé, no es necesariamente pecado regodearse con romántica adolescencia en la exquisitez de un fino beso. Ni soñar con una prole unida y delectable, síntesis del humano afecto. Ni soñar con un viaje a la exótica  Bora Bora construido con decorados de cartón-piedra, de melosos colores y playas blancas legendarias. Pero a mi entender éste no es el sendero del hombre pasional,  ni el del héroe; no se obtendrán los mismos tesoros. Hay otros. Las aspiraciones deben ser altas.

Amar a quien quizá no te comprende no es sólo un acto de poético heroísmo ni, mucho menos, patrimonio de masoquistas y románticos destronados como yo. Es acaso la misión providencial de revelar la verdad esotérica que cada ser porta dentro de sí, a veces con suma luz, y que a menudo es solapada por miles de capas de vulgaridad, pecados y rutinas de los que ninguno escapamos. Cuando amo una mujer, no amo su alma en lo que tiene de particular por sí misma, sino en lo que tiene de común con su género, y ésta singularidad la amo en cuanto que todas las mujeres tienen algo de singular y comparten, por ende, el rasgo de ser peculiares. Pero finalmente, y puede parecer contradictorio, la amo porque posee un contraste dual con mi naturaleza. La amo porque nos excluimos y nos incluimos, nos complementamos, como los hermanos, como los enemigos y como los cuerpos celestes que orbitan unos sobre otros.

En fin… el amor verdadero siempre guarda algo de melancolía y al acabar piensas que te ha dejado vacío.  Y no es así, porque como dijo Ángelus Silesius: “la verdadera vacuidad es como un noble vaso que contiene néctar: tiene, y no percibes qué.”
Lástima que ella jamás lea esto, y lo vaya a saber.

09 agosto 2012

¿Existe el Paraíso y el Infierno?



El martes fui a comer con mi amigo Josep (ya saben que me refiero al que se folló a la segunda mejor amiga de su ya ex mujer y se encontró las maletas cerca del contenedor de color verde, y bla bla bla…). Como siempre que coincidimos, ya sea comiendo o de copas, algo hace, o dice, que me espolea para plasmarlo por escrito, y así compartirlo con todos ustedes. El tema que debatimos, aunque verán que realmente  él no debatió nada, como siempre, fue si existe el Paraíso y el Infierno.

-Ton, ¿tú crees en el Paraíso y el Infierno?


-Te interesa realmente, ¿o es solo una pregunta de relleno?


-No, no es de relleno, me interesa, y mucho. Verás, Ton, ayer mi novia se enfadó conmigo y me mandó al Infierno. Yo le dije que no existía, y ella me dijo que cuando no follara más con ella lo conocería.


-Eso es que todavía no te ha tratado lo suficiente ni sabe que ella es la número 14 en tu extensa lista de novias y prometidas.



-Deja tu sarcasmo de lado, Ton, esto es muy serio, y dime si crees en el Infierno y...


-Contéstame primero una pregunta: ¿tú quieres a tu actual novia?

-¿Qué tiene que ver esto con el Infierno?


-Mucho, auque tiene que ver más con el Paraíso ¿Conoces la historia del guerrero Nobushige?


-¿Es un cuento chino?


-Es un relato Zen. Nobushige era un valiente guerrero que un día

fue a visitar a Hakuin, célebre maestro zen, y le planteó la siguiente pregunta:


"-¿Existen verdaderamente un Infierno y un Paraíso?


-¿Quién eres? -pregunto Hakuin.

-Un samurái -respondió orgulloso.


-¡Tú, un samurái! -exclamó Hakuin. –Tienes el aspecto de un mendigo.


Nobushige se enfureció de tal forma que comenzó a sacar la espada.


–Aquí se abren las puertas del Infierno– dijo Hakuin.


Ante estas palabras, Nobushige comprendió e inclinó la cabeza.


–Aquí se abren las puertas del Paraíso–, dijo Hakuin."


-¿Entiendes ahora lo que es el Paraíso?


-No.


-Lo imaginaba. Lo que intento explicarte es que el Paraíso y el Infierno están dentro de ti. Dondequiera que encuentres a una mujer manifestándose en el Amor, ahí encontraras el Cielo, sin tener que viajar por ello ni un solo paso. 


-Ya, ¿y el Infierno?


-En este punto es cuando volvemos a mi pregunta inicial: ¿Quieres realmente a tu novia?



-Sí, creo que sí, claro que la quiero...


- No te creo, te conozco demasiado, pero si es verdad, y voy a trabajar sobre esta hipótesis, entonces cuando te des cuenta que la has perdido por siempre, conocerás el Infierno. El amor, Josep, es algo sublime. ¿Has leído a Abū Bakr Muhammad Ibn 'Alī Ibn al-'Arabi? 

-Estás de coña, ¿verdad?


-Sí. Verás Ibn al-’Arabi fue un místico sufí, filósofo, poeta, viajero y sabio musulmán andalusí. Él dijo: 



“Mi corazón se ha vuelto capaz de cualquier forma: es pasto para gacelas y un convento para monjes cristianos, un templo para ídolos y la Kaaba del peregrino, las tablas de la Torá y el libro del Corán. Yo sigo la religión del Amor, dondequiera que lleven sus camellos.”

-Ya sabes, Josep, que yo soy de los que opinan que el amor junto al fuego calienta el corazón. Pero en el Purgatorio no nos dejan prender fogatas en las glorietas ni hay elipsis suficiente para ritmarse con el repicar de las campanas. Castigados a contemplaciones parciales y pobremente zurcidas, los de corazón elevado debemos conformarnos con nuestros santuarios interiores, con la salmodia modulada en nuestras entrañas, con el incienso imaginado. Por ello, si de verdad eres de los que suben escaleras invisibles, sabrás más tarde o más temprano que, aunque requiera más empeño, es incluso más lumínico el cirio que uno salvaguarda a escasos centímetros por delante de su corazón que el que sacude el ambiente en altares de precioso oro labrado.

Mira Josep, para que me entiendas, los que hilvanamos signos con pasión no hacemos sino engalanar largamente con garabatos nuestras sepulturas. Creemos hacer vida cuando no hacemos sino suspenderla. ¡Ah, el talante conflátil de las palabras! Éste nos hace creer lo inverosímil. Confiamos en que los infolios son ventanas y en que podemos prolongar a su través la lógica de los actos. Entretanto, los músculos que envuelven el corazón se debilitan como en un otoño de pergaminos manoseados. Pero, me atrevo a preguntarte, ¿es esto malo? ¿Supone una ganancia muy grande trasladar el cuerpo allí donde va el alma tan apresuradamente? ¿No es suspender la cadena de acontecimientos mundanos la auténtica vocación del enamorado, eh? No tienes ni idea, ¿Verdad? Te lo diré yo. La gesta es siempre superior a la conjetura. La gesta pone a prueba las especulaciones. La acción pura, el contacto, revela el auténtico grado de compromiso de un ser con otro ser. Sobre todo es uno mismo quien descubre su valía. En la espada que se desenvaina, en el sacrificio. Los músculos se tensan, los pálpitos estimulan las virtudes en la yugular. El ego se afirma o se diluye en la nada, tanto da. Lo indudable es que la espada al fin ha incidido en su presa, y ya no es simplemente una bella frase, sino un hecho como que el sol alumbra cada mañana, ¿comprendes? Sí, no hay mayor amor que el del espíritu que se resuelve en la destilación de la materia, en el cuerpo. Aquel que, pudiendo evitarlo, entrega sangre sudor y lágrimas, siempre será espléndido, y siempre penderá como una sombra, la duda sobre su figura. El hombre que actúa aceptando lo espantoso de las derivaciones, ese hombre, hipóstasis sensible y soñadora y resuelta a un tiempo, el guerrero, en suma, es en el fondo el más humilde de los hombres, pues renuncia a las pequeñas parcelas en las que guarecerse, y muestra su pecho y su fibra caliente a los ardides de los astros, y por eso los héroes gustan de convertirle en uno de los suyos. Sin esperar laureles, sin retener el concepto de las leyes de causas y efectos, el buen guerrero, el hombre eximio, lanza la flecha abiertamente y deja que el cosmos tome las decisiones sobre su destino. Y así queda salvado. Oye, ¿me estás escuchando? ¿Qué estás mirando tan fijamente y tan pensativo? ¡Josep, que te estoy hablando, coño!

-Ah, sí, perdona Ton. Oye, ¿Has visto la nueva camarera? ¿Te has fijado que va sin sujetador?


Ya lo ven amigos y amigas, ¿qué puedo decir de mi amigo Josep que ya no haya dicho? Decía Víctor Hugo que: “Juzgaríamos con mucha más certeza a un hombre por lo que sueña que por lo que piensa”. En este caso, me refiero a Josep, ese capullo, solo se le puede juzgar por lo que piensa.


27 julio 2012

Una visita con sabor a nostalgia.

…Hacía una espléndida mañana de Julio y el sol atizaba sin lástima ni compasión. Detuve el coche delante de la puerta de mi ex. Bajé y miré el espléndido espectáculo. A lo lejos, la vasta extensión líquida se estiraba esplendente como un pavimento de cristal líquido. Abrí la puerta de la verja que chirriaba como siempre y crucé el jardín en dirección a la entrada principal. Llamé, y ella me abrió. La recorrí con la mirada en una calmosa declinación, paladeando su aire garboso sobre aquel lienzo coloreado. Mis ojos se detuvieron en la suave curva de sus senos, que el proteico escote dejaba casi al descubierto. Sus dorados pechos turgentes no cesaban de mirarme licenciosos, y sus ojos color aguacate, muy brillantes,  y rodeados por oscuras y largas pestañas negras, me miraron con mayor fijeza si cabe. Era temprano,  y aquel oleaje de sensualidad que rebozaba, apresuradamente y deliberadamente de sus labios húmedos y carnosos llegó casi a turbarme. Algunas mujeres, y ella pertenece a esa especie, no te miran, te irradian hasta quemarte la retina. Poseen ese fuego férvido, ardiente, que te abrasa lentamente, y se mueven, hablan y hasta respiran de forma tan erótica, que todos los hombres se mueren por ellas. 
Ella me miró, primero sorprendida, luego  con una sonrisita que se me clavó en lo más hondo de mi maltrecho ego y me dijo:

-Vaya, vaya, el señor García en persona. ¿A qué debo tal honor?

Sin hacer caso a su ironía, la miré dulcemente a los ojos y le dije:

-Hola preciosa, he venido a recoger unos  cachivaches personales que siguen guardados, si no los has vendido, en un armario del garaje.
-Señora Díaz para ti, querido.
-Hola señora Díaz: he venido a recoger unos cachivaches personales que siguen guardados, si no los has vendido, en un armario del garaje. Por cierto, ¿sabe la señora Díaz que sigue igual de preciosa?

A ella no le gustó mi sonrisa. La puso nerviosa y eso la irritó, lo noté.

-Hice todo lo que pude. Y deja de llamarme “preciosa”, ¡machista de pacotilla!
-Pues no me llames “querido”, señora Díaz. Dime, ¿Qué piensas hacer esta noche? No me digas que sales otra vez con cuatro lechuguinos.

Montó en cólera inmediatamente. Y yo comprendí que no había perdido mi capacidad de sacarla de sus casillas.

-Con quien salga es mi problema. Recuerda que ya no somos pareja. 
- Duras palabra para un hombre que ha compartido tu vida durante veinte años. Pero es verdad, tienes razón. Aunque una vez, hace  años, tuve un sueño aquí mismo. Aún quedan algunos jirones. No me gustaría que el resto se desvaneciera.
-¿Sabes cuál es tu problema, Ton?
-¿Que con los años gano en delicadeza sin perder fuerza?
-No. Tu falta de sentido común. 
-¡No me digas! ¿Es el sentido común ese hombrecillo de traje gris que nunca se equivoca al sumar?
-No has cambiado nada. Siempre tan infántil, irónico y sarcástico.

Saqué mi cajetilla de tabaco, sin hacer caso a su comentario y dije:

-¿Quieres uno?
-Sólo fumo cuando estoy muy deprimida. Y desde que te dejé no lo estoy. ¿Satisfecho?
-¿Cómo puede ser tan dura una mujer tan dulce?
-¿Qué demonios te importa a ti? Si no fuese dura, no estaría viva. Cuando era dulce, no lo valorabas.
-Es posible. ¿Recuerdas aquel día que fuimos de excursión a la montaña?
-No, borré todos los recuerdos. Los buenos y los malos.
-El camino se bifurcaba. Pasamos frente a casas de estilo canadiense enclavadas en lo alto de la ladera… La carretera terminaba en una plazoleta en la que se podía dar la vuelta. Había dos casas de grandes dimensiones  hechas a base de madera, cristal y ladrillo y las ventanas orientadas hacia el valle eran de cristal verdoso. El panorama era magnífico. Nos recreamos en su contemplación durante unos minutos, ¿recuerdas?
-Hablas demasiado. Las personas embaucadoras son así. Primero monosílabos y después un discurso. Y dime, ¿Sigues con tu afición de escribir historias fantásticas?
–Sí, pero escribo cuando puedo y no escribo cuando no puedo; y siempre por la noche.
-De noche, uno tiene ideas muy brillantes, pero no se sostienen.
-Esto lo descubrí hace mucho.
-Yo descubrí  lo  horrible que es admirar lo que escribe un hombre y después conocerlo.
-A mi me pasó lo mismo con un libro que compré. ¿Te lo conté? Era un libro perfectamente bueno... Estaba dispuesto a que me gustara, había leído sobre él y entonces le echo una mirada a la foto del tipo y es obviamente un completo imbécil, una basura realmente abrumadora (fotogénicamente hablando) y no pude leer el maldito libro. ¿Por qué diablos esos idiotas editores no dejan de poner fotos de escritores en sus sobrecubiertas, eh?  
-¡Y a ti que te importa, si nunca verás la tuya en ningún libro! Verás Ton,  la frase con alambre de púas, la palabra laboriosamente rara, la afectación intelectual en el modo de escribir, son todos trucos divertidos, pero inútiles.
-¿Y mi estilo… qué me dices de mi estilo?
-Eres estrictamente del tipo de los que se quedan en la superficie, y tu carácter es una mezcla no llevadera de indiferencia exterior y arrogancia interior.
-Sí, lo sé, pero ya sabes cuánto me gusta pensar que el artista de cómics es mejor dibujante que Leonardo Da Vinci, sólo por tocar los cojones, claro, ya me conoces.
-Te conozco. Y dime Ton, cambiando de tema: ¿has pensado ya lo que quieres ser de mayor? Si es que maduras algún día, claro.
-...Morfinómano en China,
desertor en la guerra,
boxeador en Detroit.

Cazador en la India,
marinero en Marsella,
fotógrafo de Playboy.

Pero si me dan a elegir
entre todas las vidas, yo escojo
la del pirata cojo
con pata de palo,
con parche en el ojo,
con cara de malo.
El viejo truhan, capitán
de un barco que tuviera por bandera
un par de tibias y una calavera.

Lo siento preciosa, no he podido evitar acordarme de Sabina.

25 julio 2012

La piedad.

Sócrates se encuentra en las escaleras del juzgado de guardia (ya me entendéis) a un amigo que está muy compungido por haber llevado a su padre a los tribunales.

-¿Contra quién pusiste tu acusación?
-Contra mi padre.
-¿Tu padre?
-Ay, sí, Sócrates.
-¿Y de qué lo acusas?
-De homicidio
-¿Qué? ¿Acaso mató a alguno de la familia?
-No, ¿pero por qué me lo preguntas?
-¿No traerías a tu padre delante de la justicia por la muerte de un extraño?
-¿Y por qué no? Es raro que tú, Sócrates, hagas diferencias entre la muerte de un extraño y la de un familiar. La mancha es la misma. Si uno tiene conocimiento de un crimen debe purificarse acusando al culpable. Cualquiera que sea el criminal, y cualquiera la víctima.
-¿Pero qué fue lo que pasó?
-El muerto era un trabajador de unos de nuestros talleres. Bebió y golpeó a un compañero, matándolo. Entonces mi padre lo hizo arrojar a un pozo, y mandó a un emisario a Atenas para ver cómo tratar el asunto, entretanto se olvido del hombre que se moría en el pozo. La gente me censura, me dice que es impío que un hijo acuse a su padre... Esa gente no sabe, Sócrates, lo que es la piedad. Yo sí lo sé. No habría ninguna diferencia entre la gente común y yo si no lo supiese.
-Entonces querido amigo explícamelo te lo ruego, me será de utilidad para mi propio proceso.
-Piadoso es lo que yo hago, llevar la justicia a cualquiera que haya cometido un crimen, aún si es la madre, el padre, o el hijo. Zeus es el más justo de los dioses, encadenó a su padre Urano para castigarlo por haber devorado a sus propios hijos.
-Dadas las acusaciones formuladas en mi contra prefiero no hablar de la debilidad pero entre nosotros, ¿de veras crees que así sucedieron las cosas entre Zeus y su padre?
-Claro, y conozco mas detalles curiosos que el mundo ignora.
-¿Entonces crees que hay conflictos entre los dioses?
-Sí, y podría contarte cosas sobre los dioses que quedarías maravillado.
-No, mejor dime algo más útil para mi proceso, ¿qué es la piedad?
-Lo que agrada a los dioses, eso es piadoso. Lo que les desagrada es impío.
-Pero acabas de decirme que los dioses luchan entre sí… entonces disputan a al igual que nosotros sobre lo que es bueno y malo, ¿no?
-Ah, eso es evidente
-Entonces, en tu opinión, una misma cosa podría agradar a un dios y desagradar a otro.
-Si
-¿Que quieras castigar a tu padre podría entonces complacer a Zeus y molestar a Urano?
-Si
-Complacer a Hefestos y desagradar a Hera…entonces si entiendo bien, una misma acción puede ser al mismo tiempo agradable y desagradable a los dioses…es decir, al mismo tiempo piadosa e impía pero eso es imposible…te lo suplico dime que es la piedad.
-Humm…En otra ocasión, Sócrates…ahora tengo que hacer…ejem…te saludo...

La belleza.

¿Qué es la belleza? Para explicarlo nada mejor que escuchar a Sócrates. Como casi siempre que Sócrates interviene no sacaremos nada en claro, pero nos hará pensar, y eso, de por sí ,es bueno, ¿no?

(Hípias caminando con un grupo de a migos se encuentra con Sócrates)

-Miren ahí va Sócrates. Te saludo Sócrates.
-Oh, el excelente Hípias, hace mucho que no teníamos el placer de verte por la ciudad, ¿a dónde vas tan bien equipado?
-Al gimnasio a pronunciar un discurso sobre la genealogía de los Dioses… ¿te gustaría escucharlo?
-Tengo cosas que hacer y lamentablemente no puedo acompañarte.
-Es un discurso que ya he hecho y todos me han dicho que es muy bello. Sería un honor tener también tu opinión.
-Dijiste muy bello… ¿sabes entonces lo que es la belleza?
-.Claro, ciertamente
-¿Y serías capaz de explicármelo?
-Nada es más fácil. Una bella virgen he ahí Sócrates lo que es bello.
-Buena respuesta pero dime Hipias, ¿se podría decir que una mula es bella?
-Si, en mi pueblo hay mulas de gran belleza.
-¿Y una bella cacerola se puede decir que es algo bello?
-¡No entiendo querido Sócrates que te puedas servir de un objeto tan prosaico para hablar de cosas tan elevadas!
-¡Qué quieres soy tan rustico! De todos modos aun tú debes aceptar que una bella cacerola es bella.
-Si quizá, pero la más bella cacerola en comparación con una bella virgen es fea.
-¡Como la más bella de las vírgenes será fea en comparación con un Dios! ¿No es eso lo que quieres decir?
-Exactamente.
-Y sin embargo antes dijiste: “una bella virgen he aquí lo que es bello”. Y ahora me dices que comparada con un dios es fea… pero no puede ser bella y fea al mismo tiempo.
-Bueno…ejem…te lo explicare otro día,…Humm…… cuando quieras… te saludo Sócrates, me están esperando.

24 julio 2012

Carta que nunca llegará.



Me complacería tener la inspiración para escribir algo mejor que lo que estoy por escribirte ahora, porque estoy seguro de que te mereces más...
Sé que no es el lugar más adecuado para decirte lo que siento por ti... pero me parece una buena plataforma de lanzamiento para recordarte cuánto te amo, y gritárselo al mundo.
Al principio no creí que durara mucho nuestra relación. Bueno, la ver
dad es que no daba un chavo por ella. Los dos veníamos de cosas difíciles...yo más que tú... pero cada día que pasó desde que nos conocimos en aquel sex shop del Raval (te acuerdas verdad?) hasta hoy me siento más seguro de que tomé las decisiones correctas. Eres todo lo que siempre anhelé, y cada día que pasa te amo más y más.
Encontrar tu fragancia en mi almohada al acostarme me hace recordarte cada segundo, y el recuerdo de tu sonrisa hace que me levante cada mañana y enfrente la vida con otro ánimo. Sí, ya lo sé, soy un romántico. Me lo has repetido hasta la saciedad, pero ya no puedo vivir sin tus caricias, tus besos, tu voz....tus marrullerías. En definitiva, no puedo vivir sin tí.
Mi amor... TE AMO! Y no me alcanza mi corto vocabulario para describir cuánto. Ya sabes que solo pude estudiar de noche, y eso cuando atinaba con la academia. En fin amor mio, lo que quiero decir es que deseo pasar mi vida contigo. Quiero imaginar un futuro juntos, revueltos y felices. Y para eso te necesito. Yo solo no puedo. No completo la ecuación.
Soy consciente que no voy a estar contigo cuando leas esto para poder envolverte, rodearte con mis brazos y besarte como te mereces... pero lo voy a hacer un rato más tarde, después del partido de fútbol de esta noche. Recuerda que hoy juega mi querido Barcelona contra aquella banda de desalmados vestidos de blanco.
Te amo preciosa... con toda mi alma, con todo lo que tengo, a pesar de las peleas que podamos tener, de los desencuentros, de las llegadas tarde, de lo mal que cuentas los chistes y de tu regla que no sigue pautas ni ciclos regulares... sí... más allá de todo eso, y a pesar de lo mal que haces el amor: TE AMO y quiero amarte así y mucho más hasta el día que te mueras, y si viene algo después... también quiero pasarlo contigo.