15 febrero 2012

La historia increíble de "Sam Ballantine".


...Eran alrededor de las diez de la noche de un viernes de hace ya muchos años. Estaba en Valencia, llevaba mi abrigo gris marino, traje negro oscuro con mi camisa de seda antracita, corbata gris ceniza, zapatos negros, y calcetines oscuros. Iba limpio, barba de tres días y sobrio. Lo mejor vestido que un fracasado puede estar. Vagaba sin rumbo, buscando un último garito en el que dejar derrumbar mis sentidos. Hacía seis meses que mi novia me había dejado tirado como una colilla retorcida y no podía soportar el dolor de su perdida. Deseaba librarme de él, y no podía. Quería perderlo todo, hasta la cordura. Más que nada Deseaba la muerte, ahora lo sé, la buscaba como un alivio para el dolor de vivir.
Recuerdo que me sentía como un habitante de un planeta moribundo escudriñando el horizonte en busca de una charca donde saciar el ansia de seguir viviendo. El antro que tenía más próximo se llamaba “El deseo”. Un local sumergido en una atmósfera irrespirable de humo y vapor de alcohol, pero con fama de cobijar las bailarinas más cautivadoras, cuya temperatura en su ecuador era la del plomo derretido. No lo dudé más, y con lentitud y seguridad entré. Me acerqué a la barra, punto de anclaje para los náufragos de la noche, y pedí un gin-tonic con tres cubitos. Entonces oí esa voz. Esa voz celestial. Había en ella yo no sé qué cosa, que en mis fibras penetraba y penetraba como espada sorda. Entonces giré la cabeza sin apenas mover mi cuerpo, y dirigí la mirada al escenario, y la vi. Una diosa. En su mirada las montañas podían entrar, y su vestido vaporoso y epicúreo embrujaba. Tenía unas piernas cálidas e interminables  y una mirada calculadora que parecía desprender polvos cósmicos (Recuerdo que en aquel momento sentí que mi corazón sufría una presión atmosférica terrible).     Movía su espectacular cuerpo entre titánicas moles de lava y hielo artificiales que caían desde las cumbres coronadas de vapor artificial. También recuerdo que me estremecí y palpité al contemplarla. Mirarla bailar tan sensualmente era como ver la vida extenderse, y la conciencia expandirse. Aquella mujer era lo más semejante a una diosa, y parecía tener la facultad de plegar el espacio y el tiempo, es decir, de viajar a cualquier corazón yermo y desolado sin necesidad de moverse.  Era como un oasis milagroso e inesperado, y poseía un magnetismo irresistible que no me hizo suponer que un destino terrible se cernía sobre mí, ni que desde las tinieblas del deseo carnal, empezaba a caer en un viaje sin retorno…en una noche eterna de frio perpetuo.
 Mi alma y mi corazón sintieron un aliento renovado; ya no quería morir. No, no quería.
Terminó su actuación y se dirigió a la barra. Se sentó a mi lado y pidió un bourbon al camarero ruso con pinta de matón. Encendió un cigarrillo, y a través de las delgadas gasas de humo que ascendían parsimoniosas y cimbreantes hacia la tenue luz que coronaba su hermosa y refulgente cabellera, me miró. De repente el corazón empezó a latirme tan fuerte que no oía nada más. Aquellos dos ojos de depredadora de la noche habituados a traspasar la oscuridad me tenían apresado. Era como si una fuerza poderosa e invisible me hubiera inmovilizado. Recuerdo como primero me inspeccionó con fría brevedad. Sus ojos observaban con mirada impersonal. Luego mutaron, empezaron a brillar, y me miraron directamente, sin pestañear, con atención, como si quisiera traspasar mi mente para saber que estaba pensando en ese preciso momento. Todo eso duró muy poco…unos segundos…pero si se midiera  por mi impresión, transcurrió casi una eternidad…
 Entonces giró levemente sobre sí  y con un gesto de sensualidad que nunca he podido olvidar,  me dijo:

-Mi nombre es Anna, pero todos me laman Amor.

Cogí mi copa, apagué el cigarrillo en el cenicero repleto de cáscaras de cacahuete y colillas mal oliente, y me giré, rozando su cadera involuntariamente.
-¿Como te llamas? -me preguntó mientras recorría mi cuerpo con la mirada, en una lenta declinación.

Yo la seguía mirando. Parecía envuelta en una especie de aura a la que contribuía su eléctrica belleza. Una verdadera delicia para los sentidos –pensé, mientras mis ojos chispeantes prendían la luz modelada por aquel cuerpo hermoso. Saboreé su perfección durante unos segundos antes de contestar. Quería grabar aquel lienzo iluminado en mi memoria para siempre. Era rubia castaña, con una melena brillante y exuberante que resplandecía como el pelaje de un felino. Mis ojos se detuvieron en la suave curva de sus senos, que el amplio escote dejaba casi al descubierto. Los dorados pechos marciales de aquella mujer no cesaban de mirarme con descaro, y sus ojos de color verde, rutilantes y rodeados por oscuras y largas pestañas negras, me miraban con mayor fijeza si cabe, y debo reconocer, que aquel borbollón de sensualidad que escapaba apresurada y deliberadamente de sus rojos labios húmedos y carnosos, llegó casi a turbarme.

-Ballantine, Sam Ballantine -contesté.
-Ves esto-me dijo señalando sus piernas ligeramente entreabiertas.

Sorprendido, bajé la mirada, y las miré. Eran como dos columnas que delimitaban la puerta de entrada al paraíso. Luego, levanté la vista, clavé mis ojos en los suyos, y un sudor ardiente me recorrió de arriba abajo.
- ¿La ves? Una carrera en las medias. ¡Maldita sea, son las mejores que tengo! -exclamó manteniendo el pulso de mi mirada, sin permitir tan solo un pestañeo de sus párpados pintados de argéntea purpurina.

-¿Quieres un cigarrillo?…
-Claro, gracias.

Encendió dos, me pasó uno y saboree su lápiz de labios. De repente el corazón empezó a latirme tan fuerte que no oía nada más. Quería alargar la mano y tocarla, paladear su sudor de olor tan singular y embriagador…

Se quedó rígida un instante y me dijo:

-¿Has venido a divertirte?
- No, había  venido a emborracharme…ahora sé que he venido a por ti.

Tomamos unas copas, nos conocimos un poco más,  y acabé acompañándola a su casa. Y, finalmente a su cama. A la mañana siguiente desaparecí, y regresé a Barcelona.

Ha pasado mucho tiempo desde aquella noche, pero lo recuerdo como si fuera ayer.
Aquello sucedió un 12 de Febrero, lo sé porque dos días después llegó el 14, el ridículo y estúpido San Valentín, y, todos mis esfuerzos por derrotar las incontrolables emociones que mi singularidad romántica y apasionada generaba, fueron vanos y, finalmente,  me fui a una floristería y encargué que mandaran una docena de rosas rojas a la chica desinhibida que vivía a orillas del Turia. Luego, al día siguiente la telefoneé para proponerle (Nada más que por probar) volver a vernos. Y luego vinieron muchos viajes a Valencia. Y muchísimas alegrías. Y también muchas desazones y amarguras.

Ayer fue 14 de Febrero, una fecha odiada por mí, tanto como como la Navidad, y esa chica ya hecha mujer, embrujadora y desinhibida , recibió como cada año lo único que todavía nos sigue uniendo: Doce rosas color rojo pasión…pasión que ya solo perdura en mi corazón.

La vulnerabilidad de una mujer emocionalmente rota.


...Hoy me ha sucedido algo curioso (Ya saben que cuando empiezo una nota o un comentario con esas palabras es que lo que voy a relatar es cierto y verídico). Al Llegar a Barcelona esta mañana he pasado a ver a un amigo, para saludarlo y, de paso, conocer su estado anímico. ¿Por qué se preguntaran algunos de ustedes? ¿Cómo… que nadie se lo ha preguntado? ¡Venga ya! ¡Que les conozco! Bueno, pues les diré que su mujer lo dejó tirado hace un par de meses. ¡Hala…ahora ya lo saben, pandilla de chismosos! ¿Y por qué, se preguntaran muchos de ustedes? ¡Que sí, que sé que se lo preguntan, coño! Pero eso no pienso decirlo. Los cuernos nunca deben comentarse. ¡Mierda, ya lo he dicho! Bien, no pasa nada. Mientras no diga quien puso los cuernos a quien, no tiene mayor repercusión. Sigamos pues con el relato de los hechos. ¿Cómo dicen? ¿Que quieren saber quien puso los cuernos? ¡Ah no, eso sí que no! Nunca cuento nada, y menos cuando los cuernos los pone un amigo mío… nunca, ¿vale?. ¡Me cachis, ya he vuelto a cagarla! En fin, espero que mi amigo me perdone, total no he mencionado su nombre. Bueno, como iba diciendo fui a ver a mi amigo Josep… ¡Me cago en…! Lo siento Josep, se me ha escapado tu nombre, pero no te preocupes que no saben tus apellidos, y eso jamás se me escapará. Ya me conoces, respeto muchísimo la privacidad y la identidad de las personas a las que me refiero en mis relatos. Pero volvamos al hilo que nos llevará al ovillo. Como decía me detuve para ver a mi amigo Josep Capdevànols i Masdecavall… ¡Hostia Tú! Lo siento Josep, debe ser el jet lag. Ya sabes que he vuelto de Valencia a Barcelona en avión…y sin desayunar. Pero tú tranquilo que nadie te conoce, ni tu mujer…por eso te ha pedido la separación, ¿no? Vayamos entonces a lo que importa. Me encuentro con mi amigo y le digo:

-¡Josep, la has cagado tío! Tu mujer jamás te perdonará la putada que le has hecho.

-Ya lo sé Tony, pero te juro que cualquiera hubiera caído en las redes de aquella depredadora.

-No estoy tan seguro. No todo el mundo le pone los cuernos a su mujer, y menos con su mejor amiga.

-¡Eh, quieto ahí! No era su mejor amiga, solo era su segunda mejor amiga. A mí me dijo una vez que su mejor amiga era tu ex mujer y…

-Bueno, vale, quizás, pero ha sido una cerdada lo que le has hecho, y lo sabes. ¿Porque lo sabes, verdad, capullo?

-Claro, a toro pasado es fácil darme lecciones de moral… pero tú qué hubieras hecho, eh, listillo? Ya te comenté que yo solo fui a su casa para acompañarla en el trance emocional que estaba pasando. Sabes muy bien que su novio la dejó por aquella camarera de tetas operadas del bar de Manolo, y eso fue demasiado para ella.

-Lo sé, pero te has aprovechado de su vulnerabilidad. Estaba confundida, trastornada, deshecha, y tú te has aprovechado. Sabes muy bien como son las mujeres, te lo he repetido hasta la saciedad. Cuando sufren en sus carnes el desgarro de un desamor o una ruptura traumática, y esa lo es, reaccionan como una botella de champagne agitada bruscamente. Hay que darles tiempo para que todo vuelva a la normalidad. Sabes, porque te lo he dicho multitud de veces, que hay que dejar un lapso de tiempo prudencial entre el momento del desgarro emocional de la mujer y el deseado contacto de una amigo cercano, para aliviarla. ¿Lo sabes verdad? Sabes que te lo he repetido multitud y multitud de veces, ¿no?

-Sí, ya lo sé… y dejé pasar un tiempo, antes de ir a consolarla, créeme!

-¡No me jodas, Josep! Me puedes decir cuánto tiempo dejaste pasar, eh? ¿Dos meses, un mes, una semana…?

-Bueno, ahora mismo no recuerdo exactamente, ya sabes el shock que tengo después que mi mujer me pusiera las maletas en la puta calle, pero creo que dejé pasar un día.

-¡Y una mierda, Josep! ¡Ni un día...ni una leche! Sé muy bien que a la hora de enterarte de que su novio la había traicionado estabas llamando al timbre de su puerta, o ¿no?

-Vale, tal vez tengas razón y haya sido muy pronto. Pero te puedo asegurar que cuando llegué no la vi altamente vulnerable.

-Vaya, vaya… ¿y me puedes explicar cómo determinaste que su estado emocional no la hacía “altamente vulnerable”?

-Pues porque me recibió en negligé negro, medias con liguero, tacones de aguja y…

-Muy bien, ok, de acuerdo …  y solo por eso determinaste que su estado no era vulnerable…desde luego Josep eres un enfermo sexual.

-Espera que no he terminado, también había Cava Codorniu y fresones como melones sobre una bandeja de plata cincelada que estaba en la mesa y…

-…Y nada! Que no Josep, eso no es suficiente para determinar la no vulnerabilidad de una mujer. No has aprendido nada de mí, eh? No han servido de nada todos esos años acompañándome por todos los tugurios de Barcelona, eh? No has visto como actuó yo, con que delicadeza y tacto me muevo en situaciones como esa? Josep te repito por enésima  vez que esos indicios que me relatas te han hecho presuponer una no vulnerabilidad fingida. Esa chica estaba deshecha, desajustada, desarmada, no sabía lo que hacía, estaba desorientada, sin brújula, y tú te has aprovechado de ello.

-De acuerdo Tony… pero puedo acabar? A ver cómo me explicas que tuviera la puerta del dormitorio abierta de par en par, un canuto de Marihuana en los labios,  el equipo de música tocando el "don't worry be happy "de Bob Marley, y que me agarrara del cinturón para arrastrarme al catre, Eh?

-¡Coño Josep, haber empezado por ahí joder! Si es que como siempre  tengo que arrancarte los detalles con alicates. Bueno, venga, vamos a tomar algo, invito yo, quizá tengas razón y su estado de vulnerabilidad no fuera tan preocupante, pero ya me conoces, yo respeto mucho a las mujeres, y como dijo Fray Luis De León:
Si hay debajo de la luna cosa que merezca ser estimada respetada y preciada es la mujer.

21 enero 2012

El mundo tiene sed de amor: tú la apaciguarás, ¡oh esplendor de la carne! ¡Oh esplendor ideal! ¡Oh renuevo de amor, triunfal aurora en la que doblegando a sus pies los dioses y los héroes, la blanca Calpigia y el pequeño Eros cubiertos con nieve de las rosas las mujeres y las flores su bellos pies cerrados! 
Arthur Rimbaud
Besé sus finos tobillos. Y estalló en risa, tan suave, risa hermosa de cristal.
Cuando quieres algo, todo el universo conspira para que realices tu deseo. Paulo Coelho.
Todo lo que necesitas es amor.
Blanco y negro...