¿cual es la diferencia entre una teoría científica y las opiniones personales? Se ha especulado mucho sobre eso, y hay varios criterios, aunque uno muy popular es la hipótesis de falsabilidad de Karl Popper. Este buen hombre decía que deben existir experimentos que permitan intentar probar que una teoría es falsa. Pongamos un ejemplo cercano: la teoría de la gravedad de Isaac Newton. La gravedad es una de las cuatro interacciones fundamentales observadas en la naturaleza. Origina los movimientos a gran escala que se observan en el universo: la órbita de la Luna alrededor de la Tierra, las órbitas de los planetas alrededor del Sol, etc, etc. Para que nos entendamos: dos cuerpos se atraen entre si con una fuerza inversamente proporcional al cuadrado de la distancia que los separa. Y para esta teoría podemos imaginar experimentos que la pongan a prueba. Con bolas de metal (no valen las bolas chinas), con planetas o con barquitos en el mar. A la primera excepción, si por cualquier razón dos cuerpos no se atraen hay que revisar la teoría . Está claro, ¿no? En cambio, pensemos por un momento en la teoría psicoanalítica de Freud. Bueno, no, no...mejor vamos a dejar a Freud descansar en paz y vamos a hablar de alguien menos complejo, más simple: mi amigo Josep. Sí, Josep es perfecto para desarrollar lo que quiero explicaros. No se me ocurre mejor ejemplo para demostrar en cinco minutos lo que Karl Popper tardó años en descubrir. Todas las teorías científicas indican que su nueva novia de Torrelodones lo maneja como si fuera un Bichón maltés (es un perro faldero), sin embargo él, sí, él, lanzando opiniones personales que huelen a puras especulaciones producidas por un exceso de testosterona, sigue bunquerizado en sus cuarteles de invierno, y defendiendo que su “chica” (no es tan chica, pero eso es lo de menos) lo único que pretende es hacer de él una mejor persona. Más culta e implicada en temas sociales, políticos y filosóficos. Yo no lo veo así, y no me explico que él no vea lo que todos vemos, y cuando digo “todos”, me refiero a todos. Pero ese capullo sigue agarrado a la muy vulgar, común y nada original idea del "Diseño Inteligente" que sostiene que todo lo que no podemos explicar en biología implica necesariamente un diseño premeditado de un ser superior. En fin, no voy a enrollarme más y copio y pego la conversación que hemos mantenido esta mañana de sábado casi otoñal.:
-Se me acaba de ocurrir una idea, Ton. Es una idea genial.
Lo miré con detenimiento. Él miró a través de la ventana, como buscando las palabras. Pasaron casi diez segundos interminables.
-Aquí entre nosotros -dijo al fin-,ya sabes que soy un tipo raro. Parezco una cosa pero soy otra. Todos me ven como un tío sin cultura y muy simple, pero tú sabes que no es así.
-Y tanto.
-Se supone que esto que voy a contarte no lo sabe nadie más que mi abogado, la portera de mi finca, la brigada de recogida de basura, el concejal de urbanismo, mi novia y doscientas o trescientas personas más.
-Bien, pues tú dirás-le contesté.
-Quiero abrir un blog y escribir en mis horas libres.
Esto que acababa de decir podría haber tumbado a un rinoceronte, pero yo aguanté como un jabato, y dije, sin mostrar signos de atolondramiento:
-Ah.
-¿Como que “Ah”? ¿No me dirás que no es una buena idea?-me preguntó.
-Sí.
-¿Sí qué?
-Que sí, que es una idea.
-Una gran idea ¿Y no me preguntas sobre qué quiero escribir?
-No.
-¿Como que no? ¿No te interesa?
-No.
Me gusta desconcertar a Josep siempre que puedo. Tampoco es muy difícil.
-Está bien, te lo voy a explicar.
-Perdona...¿no me has oído? He dicho: NO. Me da igual si te gusta más el cine o la literatura. Si prefieres escuchar rock o música clásica. Me importa un bledo conocer tu nueva idea. Todas tus ideas me traen problemas.
-Mira Ton, o te lo cuento o reviento, ya me conoces. A menudo sucede que creamos en nuestra mente obstáculos que en la vida real no existen, ¿verdad?
Lo miré sin decir nada.
-Lo que quiero decir es que he decidido quitar esos obstáculos de mi mente. Por suerte existen personas que se cuestionan periódicamente la validez de ciertas "verdades" universalmente aceptadas. Mi nueva novia, ya sabes, la de Torrelodones, es una de ellas, y me ha hecho comprender que tengo que emprender nuevos caminos, que debo experimentar con la filosofía. Que la filosofía puede cambiar mi vida. Me ha hablado de un tal Roger Banister de quien dijeron que estaba loco, pero a él no le importó. Me ha dicho que hay que nadar contra corriente, ir a caballo de la ola y enfrentarse a todas las corrientes, puesto que todas son tendenciosas. También me ha inscrito en un grupo, en Facebook, titulado “Hoy no han ganado los ignorantes: han ganado los ignorados”. Es una chica increíble, es... como te diría yo...es increíble...sí, eso es...es increíble.
-Ya. Me gusta tu facilidad de palabra. Mira Josep, estoy seguro que el hecho de que tu nueva novia de Torrelodones lea “Pour Marx” y “Lénine et la philosophie” de Louis Althusser, es muy importante para ti, porque tus anteriores novias solían tocar otros registros, y estoy seguro que es lo que más te ha cautivado de ella, pero dime una cosa: ¿Te has vuelto loco? Ni de pequeño te gustaba leer o escribir, y menos estudiar, ¿y pretendes ahora convertirte en filósofo?
-Joder, Ton...Li Bai, el poeta más consagrado de China, cuando era niño tampoco le gustaba ir al colegio.
-¡No me lo puedo creer! ¿Ahora me vas a hablar de Li Bai? Pero si anteayer no sabías quien era Confucio...
-Tienes razón, pero compréndeme, soy otro hombre. Ycomo dice mi novia:Para ver claro, basta con cambiar la dirección de la mirada.
-Coño, ¿eso te ha dicho tu novia?
-Ya te he dicho que es increíble.
-Ya veo, ¿y te ha dicho que eso ya lo dijo Antoine de Saint Exupéry mucho antes que ella?
-No conozco a ese Antoine, pero si lo dijo es que se lo oiría a mi novia. Verás Ton, ha surgido en mí un fuerte deseo por conocer la filosofía de Aristóteles, la metafísica, el empirismo británico de Denis Hume...
-¡Oh my god! Vamos a ver Josep, primero, no es Denis Hume, es David Hume, y segundo, somos amigos desde hace más de quince años, ¿verdad?
-Sí. Hay que ver como pasan los años, por cierto.
-Ya lo creo. Y dime, Josep¿en esos quince años de amistad hemos hablado tú y yo de algo que no fuese fútbol, mujeres y coches?
-Qué quieres decirme con eso?
-¿Tú qué crees?
-Ah, ya entiendo, qué cabrón eres...quieres decirme que nunca hemos hablado de filosofía, es eso, ¿eh?
-Sí, eso quiero decir. Dejando a un lado la máxima del gran Groucho Marx: “Estos son mis principios. Si no te gustan tengo otros“, ¿Venderías tus principios por un par de tetas?
-Claro que no, ahora soy un nuevo hombre. Pero... no te entiendo. ¿Qué me quieres decir?
-Lo que quiero decir es que tu nueva novia de Torrelodones te está cambiando tus principios. ¿Te acuerdas de Manuel?
-¿Manuel? ¿El que se marchó a Brasil con aquella mulata que conoció en el club “Saratoga”?
-El mismo. Pues pese a que siempre estaba leyendo a Balzac, desde mi modesto punto de vista, Manuel era un imbécil. Y con ello no quiero ofender a nadie. ¿Te acuerdas aquella noche, en aquel bar, cuando conocimos aquellas dos chicas y salió el tema de esa teoría surgida espontáneamente en algún momento de la historia, llamada Creacionismo?
-Jajaja, como no voy a acordarme...que pijas que eran las dos. La verdad es que no tenía ni idea de qué era el creacionismo, pero al contestarle me salió un buen chiste, ¿no?
-Ya lo creo, el chiste no fue malo, aún lo recuerdo. Dijiste: las bases del Creacionismo fueron sentadas porque de pie se cansaban.
-Jajaja, sí, estuve sembrado. Oye, ¿qué pretendes decirme mencionandoeste episodio pasado?
-Solo pretendo que no olvides quien eres. Y que no quieras cambiar tu forma de ser, tu esencia, tu auténtica personalidad, porque tu novia, la de Torrelodones, quiera remodelar un monigote que en sus genuinas formas es mucho más auténtico que lo que ella pretende obtener.
-Sí, pero es tan sexy, guapa, inteligente-dijo él.
-Descarada y manipuladora.
-También. ¿Pero has visto qué tetas tiene?
Lo miré y los astros se alinearon cuando me vino a la mente una frase de Rabindranath Tagore: “La verdadera amistad es como la fosforescencia, resplandece mejor cuando todo se ha oscurecido”.
Y me reí. Qué le vamos a hacer, es mi amigo, y la vida me ha enseñado que lo que en uno es grave tragedia, en otro es mínima tontería.
21 septiembre 2013
08 septiembre 2013
Madrid 2020...el ocaso de los visigodos.
Madre mía, madre mía. Todavía estoy en estado de shock, y eso que ya debería estar curado de espantos. ¿Cómo se puede ser tan tonto? Ah, ¿pero no sabéis de quien hablo? ¿Y de quien puedo hablar si hablo de tontos? Pues claro, del pendejo de Josep. Todos sabéis que las más pequeñas cosas pueden ser motivo para que se hable largamente sobre ellas. Por ejemplo, la no elección de Madrid 2020. Sí, ya sé que hay cosas más importantes pero es que ese capullo me acaba de llamar por teléfono muy disgustado por la no elección de Madrid como sede olímpica para el año 2020. No es que mi amigo Josep sea muy amigo de los meseteros, pero resulta que su actual novia es de Torrelodones, y ya sabéis que dos tetas tiran más que dos carretas. La cuestión es que me ha hablado de desgracia, de calamidad, de tragedia. Luego, para demostrar lo grave de la debacle de Madrid 2020, ha añadido fantastibulosos datos que parecían querer decir algo pero no lo hacían. Bueno, por si no me creen solo les diré que ha comparado las consecuencias del gran fiasco de Madrid 2020 con la tragedia de la empresa Orinamco en el año 1987, que invirtió en Pernambuco muchicientos dólares ecuatorianos para la producción de nuez moscada... aquello según él fue terrible ya que aquél año hubo un eclipse de sol que mató a cuatrocientos millones ochenta y siete mil cincuenta y nueve personas y un gatito marrón y nacieron niños con dos cabezas. Por mi parte he intentado calmarlo recordándole que en el mundo de la política todos quieren destacar por algo y ser recordados por la posteridad como autores especialmente implicados en obras faraónicas. Y esto conduce en ocasiones a la mentira. Que la diversión puede ser el postre de nuestras vidas, pero nunca su plato principal. Que la propaganda es una formidable vendedora de sueños, pero que Madrid nunca fue favorita, y que Ana Botella, la alcaldesa de la peineta, no era la persona más adecuada para representar la pujanza y dinanismo de la capital del reino de los visigodos. También le he dicho que las mariposas a veces tienden sus alas temblorosas y en alegría loca de luces y colores, ebrias de amor para expirar en tálamos de flores... Y que hay espectativas que se acaban como esas mariposas. Finalmente le he explicado la famosa anécdota del emperador romano Titus Flavios Domitianus, (Domiciano para los amigos) que fue un gran patrón de las artes y el instaurador de los denominados Juegos Capitolinos, que incluían como parte importante de los mismos diversos concursos literarios, y que además, fue un prolífico escritor de poesía. Sin embargo, le he dicho, quiso descollar también en el terreno científico con un tratado técnico sobre la caída del cabello, aspecto en el que pretendía ser una autoridad, y lamentablemente para su credibilidad, a los dos años de la aparición de esa obra, el emperador estaba ya totalmente calvo. Pero nada, mi irónico y cáustico sentido del humor no ha hecho mella en él, y ha seguido hablándome de complot, de conspiración judeomasónica, de envidias malsanas y de venganzas posteriores. Sí, la verdad es que Josep estaba bastante cabreado. Así que viendo que no entraba en razón, y percibiendo que la derrota de Madrid le había trastocado por completo, le he pedido que me presente a su nueva novia de Torrelodones, porque ahora más que nunca estoy convencido que esa chica tiene que ser una bomba sexual.
14 agosto 2013
Cubano de Mayabeque.
¿Como averiguar la madurez emocional de una persona? ¡Es asombroso! Hasta ahora siempre había pensado que era tan difícil como averiguar el sexo de los pájaros; que se tenía que determinar quirúrgicamente, o que dependía del plumaje, de la cresta, del pico o otras taradeces. Pues NO, ayer mi amigo Josep (ya saben que me refiero al que se folló a la segunda mejor amiga de su ya ex mujer y se encontró las maletas cerca del contenedor de color verde, y bla bla bla…) me demostró que es mucho más sencillo. Paso a explicarles lo que ocurrió.
Cuatro de la tarde. Suena el teléfono de mi casa. Me tengo que levantar del sofá y dejar de ver un magnífico documental en televisión sobre el famoso matemático Diofanto de Alejandría que me interesaba mucho. A pesar de ser inalámbrico el teléfono suele estar en su base para evitar que la batería se descargue, así que me tengo que levantar del sofá. Descuelgo:
-Hola –me dice una voz al otro lado.
-Hola –contesto educadamente.
-¿Le puedo cantar una canción? –pregunta la voz con un acento sudamericano que no logro, al principio, situar con claridad, pero que a los pocos segundos reconozco como cubano, y más concretamente de Mayabeque.
-Si no es muy larga...es que estaba viendo un magnífico documental de Diofanto de Alejandría, ¿sabe usted?
-Es cortita, compañero.
-De acuerdo, pero después tendrá que dejarme que yo le hable de nuestra iglesia del “Séptimo Día”.
-Claro, faltaría más.
-Entonces no perdamos el tiempo.
-Ahí va, compañero: Me casé con un enano, salerito, pa jartarme de reír, Pa jartarme de reir, me casé con un enano, olé salerito y olé me casé con un enano, salerito pa jartarme de reír, olé ahí, ese tío que va ahí. Pa jartarme de reír, le puse la cama en alto, olé, salerito, y ole, le puse la cama en alto, salerito, y no se podia subir. olé ahí ese tío que va ahí. Y eso sí que fue de veras, y eso sí que fue de veras , olé, salerito, y olé, que al bajarse de la cama, salerito,se cayó en la escupidera. Pa jartarme de reir Le puse la cama en alto Olé, salerito, y ole Le puse la cama en alto, salerito, y no se podía subir Y no se pudo subir y eso sí que fue trabajo, y eso sí que fue trabajo Porque yo subí a la cama, salerito,pero el se quedó abajo.
Sin duda no me habían preparado para esto durante el cursillo intensivo de supervivencia de media hora que me habían impartido en el servicio militar.
-¿Le ha gustado, me pregunta la voz de acento cubano de Mayabeque, con entusiasmo?
Yo canté, hace años, en el coro del colegio y sé el tono que hay que usar para una melodía tan folclórica, y difícil, así que le dije:
-Mira amigo, cantar agudos no se hace de la noche a la mañana; es mucho esfuerzo y necesita control de una técnica específica. Depende también mucho su edad; ¿Qué edad tiene?
-Acabo de cumplir los 48
-Entiendo. Siendo alguien tan joven es normal que le salgan los concurridos gallos al cantar notas altas, debido a que la voz masculina acaba de desarrollarse completamente despues de los 49, que es cuando un cantante esta en su mejor momento. Los consejos que le puedo dar, que a mi me sirvieron, son los siguientes:
No coma nada cuatro días antes de cantar.
Tome solo agua de manantial y muy purificada. La de Katmandú es idónea. La del grifo suele tener minerales que le llenaran el estomago de agua, pero no le harán cantar mejor. La apertura de la boca también es importante, debe ser suficiente para liberar presión, pero no la exagerada para liberar aire de mas. Relaje bien el conducto respiratorio antes de dar el do de pecho, pero tampoco hace falta que se esfuerce demasiado; si no puede llegar a las notas más altas quédese más abajo. Ah, y lo más importante, no se canta con la garganta, sino con el diafragma, con aire desde el estomago...¿me entiende?
-Sí, creo que sí. El diafragma es un instrumento musical como el diapasón, ¿verdad?
-Exactamente. Mas simplemente explicado: tiene que endurecer el estomago como cuando va al baño, y sacar el aire a proporciones equivalentes, ¿comprende?
-Sí, creo que lo comprendo.
-¿Seguro? ¿Si quiere le puedo poner otro símil?
-Pues no estaría de más, compañero.
-Mire, usted parece cubano por su acento, así que con un ejemplo sexual lo entenderá mejor. Cantar con el diafragma es como esos momentos en que nos estamos frotando con una mujer en la cama para quitarnos el “picor sexual”. No pensamos en este tema, de hecho lo más probable es que no pensemos en nada porque nuestra sangre se concentra lejos de la cabeza, pero nuestros genes sí que lo saben, ¿me comprende ahora?
-Bueno.. bueno... bueno... ahora sí que me ha quedado claro, compañero. Es usted un lince encontrando ejemplos y símiles.
-Gracias, también soy experto en saber si tu chica te es infiel con sólo uno o con muchos más. Por cierto Josep, capullo, que eres un capullo, mientras te dedicas a hacer el gilipollas, llamando por teléfono a tus amigos, imitando el acento cubano, tu novia estará seguramente follando con un cubano de verdad.
Ya ven queridos amigos y amigas, Josep es así. En general nunca pasa desapercibido cuando sale por ahí, y cuando se queda en casa tampoco. Y como dijo William Somerset Maughan: “Sólo una persona imbécil rinde siempre al máximo de sus posibilidades.
Cuatro de la tarde. Suena el teléfono de mi casa. Me tengo que levantar del sofá y dejar de ver un magnífico documental en televisión sobre el famoso matemático Diofanto de Alejandría que me interesaba mucho. A pesar de ser inalámbrico el teléfono suele estar en su base para evitar que la batería se descargue, así que me tengo que levantar del sofá. Descuelgo:
-Hola –me dice una voz al otro lado.
-Hola –contesto educadamente.
-¿Le puedo cantar una canción? –pregunta la voz con un acento sudamericano que no logro, al principio, situar con claridad, pero que a los pocos segundos reconozco como cubano, y más concretamente de Mayabeque.
-Si no es muy larga...es que estaba viendo un magnífico documental de Diofanto de Alejandría, ¿sabe usted?
-Es cortita, compañero.
-De acuerdo, pero después tendrá que dejarme que yo le hable de nuestra iglesia del “Séptimo Día”.
-Claro, faltaría más.
-Entonces no perdamos el tiempo.
-Ahí va, compañero: Me casé con un enano, salerito, pa jartarme de reír, Pa jartarme de reir, me casé con un enano, olé salerito y olé me casé con un enano, salerito pa jartarme de reír, olé ahí, ese tío que va ahí. Pa jartarme de reír, le puse la cama en alto, olé, salerito, y ole, le puse la cama en alto, salerito, y no se podia subir. olé ahí ese tío que va ahí. Y eso sí que fue de veras, y eso sí que fue de veras , olé, salerito, y olé, que al bajarse de la cama, salerito,se cayó en la escupidera. Pa jartarme de reir Le puse la cama en alto Olé, salerito, y ole Le puse la cama en alto, salerito, y no se podía subir Y no se pudo subir y eso sí que fue trabajo, y eso sí que fue trabajo Porque yo subí a la cama, salerito,pero el se quedó abajo.
Sin duda no me habían preparado para esto durante el cursillo intensivo de supervivencia de media hora que me habían impartido en el servicio militar.
-¿Le ha gustado, me pregunta la voz de acento cubano de Mayabeque, con entusiasmo?
Yo canté, hace años, en el coro del colegio y sé el tono que hay que usar para una melodía tan folclórica, y difícil, así que le dije:
-Mira amigo, cantar agudos no se hace de la noche a la mañana; es mucho esfuerzo y necesita control de una técnica específica. Depende también mucho su edad; ¿Qué edad tiene?
-Acabo de cumplir los 48
-Entiendo. Siendo alguien tan joven es normal que le salgan los concurridos gallos al cantar notas altas, debido a que la voz masculina acaba de desarrollarse completamente despues de los 49, que es cuando un cantante esta en su mejor momento. Los consejos que le puedo dar, que a mi me sirvieron, son los siguientes:
No coma nada cuatro días antes de cantar.
Tome solo agua de manantial y muy purificada. La de Katmandú es idónea. La del grifo suele tener minerales que le llenaran el estomago de agua, pero no le harán cantar mejor. La apertura de la boca también es importante, debe ser suficiente para liberar presión, pero no la exagerada para liberar aire de mas. Relaje bien el conducto respiratorio antes de dar el do de pecho, pero tampoco hace falta que se esfuerce demasiado; si no puede llegar a las notas más altas quédese más abajo. Ah, y lo más importante, no se canta con la garganta, sino con el diafragma, con aire desde el estomago...¿me entiende?
-Sí, creo que sí. El diafragma es un instrumento musical como el diapasón, ¿verdad?
-Exactamente. Mas simplemente explicado: tiene que endurecer el estomago como cuando va al baño, y sacar el aire a proporciones equivalentes, ¿comprende?
-Sí, creo que lo comprendo.
-¿Seguro? ¿Si quiere le puedo poner otro símil?
-Pues no estaría de más, compañero.
-Mire, usted parece cubano por su acento, así que con un ejemplo sexual lo entenderá mejor. Cantar con el diafragma es como esos momentos en que nos estamos frotando con una mujer en la cama para quitarnos el “picor sexual”. No pensamos en este tema, de hecho lo más probable es que no pensemos en nada porque nuestra sangre se concentra lejos de la cabeza, pero nuestros genes sí que lo saben, ¿me comprende ahora?
-Bueno.. bueno... bueno... ahora sí que me ha quedado claro, compañero. Es usted un lince encontrando ejemplos y símiles.
-Gracias, también soy experto en saber si tu chica te es infiel con sólo uno o con muchos más. Por cierto Josep, capullo, que eres un capullo, mientras te dedicas a hacer el gilipollas, llamando por teléfono a tus amigos, imitando el acento cubano, tu novia estará seguramente follando con un cubano de verdad.
Ya ven queridos amigos y amigas, Josep es así. En general nunca pasa desapercibido cuando sale por ahí, y cuando se queda en casa tampoco. Y como dijo William Somerset Maughan: “Sólo una persona imbécil rinde siempre al máximo de sus posibilidades.
04 julio 2013
Contestación a un mail inexistente.
La
vida es demasiado complicada para mí. Sigo mirándola con los ojos
de un adolescente que nunca aceptó correr los 50 metros en 28
segundos y medio. Tardo mucho en entender las cosas, la verdad es que
sabes que tardo mucho para todo, las respuestas de las personas, mis
propios actos en ocasiones. Sin embargo, sabes que todo ello intento
compensarlo con la memoria de elefante que heredé de mi abuela
Mariana. Supongo que es esa mezcla lo que me lleva a veces a darme
cuenta de que Si
hay una facultad de nuestra naturaleza que puede considerarse
maravillosa, esa es la memoria.
Querida amiga, no recuerdo el contenido del mail nº 54 del que me hablas, porque no existe. Miento, recuerdo el contenido pero no era el mail nº 54, sino el 45. De nuevo tu dislexia numérica galopante, querida, te ha jugado una mala pasada. También recuerdo que había bebido mucho, demasiado, incluso puede que más de la cuenta como para quedarme dormido mientras lo escribía. Es más, ahora que caigo, creo que lo terminé de escribir al despertarme los aullidos de placer de mi vecina del quinto, Jessica, la puta que vive encima de mí, que como de costumbre hacen retumbar la finca entera. Ya sabes, porque te lo conté en mi mail nº 33 que Jessica, mi vecina, ha sido siempre una apasionada de las culturas diferentes, de los países extranjeros; sin embargo, debido a una enfermedad congénita —la pobreza— no ha podido viajar mucho, por lo que se ha dedicado a ser puta a tiempo completo, actividad que le ha permitido conocer a hombres de Moldavia, República Checa, Costa Rica, Mali, Colombia, Ecuador, Brasil, Marruecos, Cuenca y otros países, sin salir de Barcelona.
Mientras muchos de nosotros dormimos el sueño de los justos (eso es una expresión de origen griego que originalmente hacía referencia a quien dormía en forma muy tranquila, porque no tenía cargos de conciencia, o sea alguien que como ha llevado una vida ética, moral, nada lo perturba) ella viaja cada noche, entre las sábanas de su lecho, a los países más fascinantes, a conocer las costumbres más subyugantes, las perversiones más excitantes. Jessica es una destacada aventurera y exploradora de las selvas recónditas, y de las posturas del Kamasutra en peligro de extinción. También sabrás, eso te lo expliqué en el mail nº37, que la conocí un viernes cualquiera del otoño del 2007, a las cuatro de la mañana; llovía, como siempre, y un viento húmedo me acercaba al sepulcro más de lo deseado, cuando me recluí en el calor de un bar sin nombre, buscando el cariño de alguna alma en pena. Allí, entre las brumas del tabaco de contrabando y los vapores de alcohol etílico, la vi por primera vez, sentada frente a la puerta de entrada, bebiendo cerveza Coronitas, su marca preferida, y comiendo Cheetos con sabor a chorizo cantimpalos. En fin, mi amor, no sé por qué te digo todo eso si ya te lo escribí en el mail nº 41. ¡Y ya me he perdido! ¿De qué hablábamos? Ah, sí, del mail nº 54 que resulta ser el 45. Mira, querida, nunca he querido hacerte sufrir y, solo por eso, he intentado mantener oculta mi tormentosa relación con Lola, mi novia. Pero ahora no es momento para lamentaciones, tiempo habrá, y prometo contarte a partir de ahora mis vicisitudes y tribulaciones. Por cierto, ¿te he contado alguna vez que estuve en Sharm el- Sheikh con mi novia Lola el verano de 2006? ¿No lo hice en el mail nº 7? ¿O fue el nº 9? ¡Ah, Egipto que gran país! Las pirámides, el valle de los reyes, el desierto, las egipcias, el Nilo. ¿Sabes que el Nilo siempre estuvo allí? Mucho antes que todo, mucho antes que las tumbas de los faraones. Por esa razón en el Nilo palpitan recuerdos. Ya ves mi amor, nos conocemos hace casi 4 años, y eso apenas es un picosegundo para esta parte del mundo. Se diría que no es posible vivir junto a este rio sin preocupaciones de eternidad, y aquí está siempre también, el misterio. Hay cosas que jamás se llegan a saber. Un largo cortejo de preguntas que nunca nadie podrá contestar. Reconozco que me gustan los misterios, si son inexplicables más, si están relacionados con las pirámides más aún y si el enigma afecta a algún faraón, y me da igual que sea de la quinta dinastía, de la cuarta o de ahora, me descontrolo. ¿Sabes, querida, que Blaise Pascal, el científico y filósofo francés, escribió en su obra “Pensées”, que si la nariz de Cleopatra hubiese sido más corta, la historia del mundo habría cambiado? Jajaja, lo dijo en alusión a que su belleza y encanto no hubiesen sido los mismos frente a julio César y Marco Antonio. Pero eso seguro que tú ya lo sabías, creo que te lo dije en el mail nº 22. Jajaja, como me gusta Egipto, su historia, sus misterios. Sí, me gusta. Y ahora, tú estás allí. ¿Recuerdas, amor mío, la frase lapidaria que te endilgué hace unos días, en el mail nº 26, del amigo Lao-Tsé? jaja, era premonitoria, ¿no te parece? Por si no la recuerdas, o no encuentras el mail nº 22, que todo es posible, te la recordaré, decía: Un viaje de mil millas comienza con el primer paso. Jajaja, me rio porque quien me iba a decir a mí, que tú que te mareas al subir y bajar la acera, saltarías el charco para investigar el misterioso misterio de la estancia de Mubarak en un hospital de Sharm el- Sheikh en Egipto. Jajaja, Sharme el – Sheikh, es increíble, tú en Egipto, e investigando a Mubarak. En fin, como dice la canción de Pedro navaja:
“La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida ay Dios.
Cuando lo manda el destino no lo cambia ni el más bravo,
si naciste pa' martillo del cielo te caen los clavos.
La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida ay Dios.”
Bueno,
querida, ya te contaré más cosas en el próximo mail, será el nº
47, no lo olvides, y tú, por tu parte tenme al corriente de la
investigación que llevas a cabo. Ah, en cuanto a las fotos de Messi,
te las mando por la noche, ahora voy a dormir un rato, ya sabes que
no he pegado ojo por culpa de la puta de Jessica. Un besote, bonita.
Te
quiero,
Ton.
11 junio 2013
Iba a ser una gran idea, pero...
Preguntaba
Richard Bach el autor de Juan Salvador Gaviota: ¿No crees que ser
curiosos es mucho más importante que ser parecidos? Y concluía: Porque somos
diferentes podemos gozar la diversión de intercambiar mundos y regalarnos
mutuamente nuestros afectos y nuestros entusiasmos.
Mi amiga: ¿Ton, tienes un momentito para dedicarme, mi amor?
Yo: Espera dos minutos que se me pega el arroz, ¿podrás esperarme mi vida?
Mi amiga: ¿Dos minutos? ¡Y toda la eternidad, mi amor!
Ve, ve tranquilo, aquí estaré, mirando en la distancia hasta que en ella asomes.
Yo: Pues ya estoy aquí, tesoro mío, para lo que gustes mandar a este humilde y obediente feudatario tuyo
Mi amiga: No tengo nada que mandarte, mi amor, me basta con saber que estás ahí e imaginarte, silente, demudada ante tu seductora presencia.
Yo: ¡Ay, qué bellas palabras! Si de tu boca pudiera beberlas me bastaría para saciar toda mi sed atrasada.
Mi amiga: Aunque... ya que tan amablemente te ofreciste a otorgarme un deseo...
Yo: Tus deseos son órdenes, amada mía
Mi amiga: Pues tal vez, quizá, me atreviese a pedirte que incidieses aún más en la huella que tu imagen provoca en mi memoria, en mi corazón, en mi sentimiento.
–Trae algo para escribir–. Y vamos a empezar-me dijo-.
– ¿Algo para escribir?
– ¡Claro! –repuso–. ¿No pretenderás que escribamos una historia muy romántica sin primero esbozar los personajes y hacer un borrador? Y yo no encuentro mi bolígrafo.
Yo he usado siempre ordenador para todo, hasta para hacer la lista de la compra. Así es que bolígrafos en mi casa no había.
–Bajo a la tienda, no tardo nada –dije. Y me marché a comprar una caja de bolígrafos Bic de punta fina, por si la historia se alargaba más de lo esperado. Desafortunadamente los compré de color verde y, cuando regresé, Felicia se enfadó conmigo.
– ¡Si es que no sirves para nada, Ton! ¡Qué cabeza la tuya! ¿Por qué los has comprado de color verde? No sabes que el verde tiene poco contraste y daña la vista –rezongó, dándome un capón cariñoso como reproche.
Yo la verdad, confiaba en que empezaría ella. No se me estaba ocurriendo nada, como siempre, y la situación comenzaba a hacerse de lo más embarazosa.
–A ver cariño, saca a relucir tu sensibilidad de mujer y veamos qué se puede hacer con ella –sugerí. Pero no se la veía muy animada, que digamos. Al contrario, pareció molestarse más aún y me dijo algo confuso sobre el no esperar ordeñar una vaca y que no era así y algunos feminismos por el estilo.
La insté de nuevo a que empezara de nuevo y de nuevo se negó. Para salir del impasse me sugirió otra táctica. Yo tendría que describir lo que sintiéramos. Así fue que lanzó sobre mí sus cien kilos de hembra (¿no había contado antes este detalle?), comenzó a besarme fuertemente hasta que adquirí un bello tono lila y, de un mordisco pasional, se me comió la mitad del bigote. ¡Buen provecho!
–¡Uuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuaaaaaio! –aullé yo, llorando declaradamente.
–¿No te inspira esto? –tuvo la desfachatez de preguntar, agarrando sensual pero brutalmente mis partes pudendas.
Y cogiéndome el pelo del cogote con las dos manos, me hizo sepultar las narices entre sus generosos senos mientras gritaba:
–¡Escribe! ¡Describe lo que sientes! ¡Esto es amor! ¡Inmortalízalo!
Yo, que tenía del romanticismo una idea evidentemente más suave que la suya, no sabía qué decir ni cómo ponerme. Mientras tanto ella, que se estaba excitando progresivamente, seguía zarandeándome y usándome como amortiguador de adrenalina.
Bueno, para no cansar: durante una hora Felicia estrujó pasional y salvajemente mi cuerpo mientras yo intentaba poner cosas de vez en cuando en la pantalla del ordenador. Ella no escribió nada, sino que se limitó a "musarme" o a hacerme las veces de inspiración, mientras yo sufría en mis carnes la diferencia entre el amor platónico y el aristotélico.
Varios días después supe que Felicia ni siquiera sabía escribir.
Hace muy pocos días una buena amiga, médico pediatra para más señas, me pidió de
forma sibilina colaborar con ella, por aquello de, palabras textuales
suyas:” ser yo el mejor escritor con diferencia de los que ella conoce.” Es claro que el hecho de trabajar a diario
con seres inmaduros ha debido influir en su elección. Pero como no quiero dejar
duda alguna sobre lo que estoy declarando, y para que quede constancia escrita
de que no miento, les copio y
pego la conversación tal cual se produjo:
Mi amiga: ¿Ton, tienes un momentito para dedicarme, mi amor?
Yo: Espera dos minutos que se me pega el arroz, ¿podrás esperarme mi vida?
Mi amiga: ¿Dos minutos? ¡Y toda la eternidad, mi amor!
Ve, ve tranquilo, aquí estaré, mirando en la distancia hasta que en ella asomes.
Yo: Pues ya estoy aquí, tesoro mío, para lo que gustes mandar a este humilde y obediente feudatario tuyo
Mi amiga: No tengo nada que mandarte, mi amor, me basta con saber que estás ahí e imaginarte, silente, demudada ante tu seductora presencia.
Yo: ¡Ay, qué bellas palabras! Si de tu boca pudiera beberlas me bastaría para saciar toda mi sed atrasada.
Mi amiga: Aunque... ya que tan amablemente te ofreciste a otorgarme un deseo...
Yo: Tus deseos son órdenes, amada mía
Mi amiga: Pues tal vez, quizá, me atreviese a pedirte que incidieses aún más en la huella que tu imagen provoca en mi memoria, en mi corazón, en mi sentimiento.
Yo: ¿Cómo
podría hacer eso, mi cielo?
Mi amiga: Ay, ay, ay ¡Llámame atrevida!
Yo: ¡¡Atrevida!! ¿No era ese tu deseo? pues cumplido.
Mi amiga: No, no era ese. Quería acrecentar mis ya elevados niveles de percepción con los que inundas mí día a día, mí hora a hora, mí cada segundo, pleno de tu imagen. Y se me ocurrió que podrías colaborar conmigo en un libro que estoy preparando.
Mi amiga: Ay, ay, ay ¡Llámame atrevida!
Yo: ¡¡Atrevida!! ¿No era ese tu deseo? pues cumplido.
Mi amiga: No, no era ese. Quería acrecentar mis ya elevados niveles de percepción con los que inundas mí día a día, mí hora a hora, mí cada segundo, pleno de tu imagen. Y se me ocurrió que podrías colaborar conmigo en un libro que estoy preparando.
Bien, hasta
aquí puedo escribir, el resto es muy íntimo y no viene a cuento. Ya han visto
que no miento. La conversación existió,
la acaban de repasar.
Ya saben ustedes que el leer todas las
noches hasta altas horas causa estragos en las mujeres. Hace que tengan ideas
raras. La idea de mi amiga esta vez era
la de hacernos ricos. Sí, ya sé que como idea no es muy novedosa, pero a ella se
le ocurre cíclicamente y cada vez que lo hace tiemblan los cimientos del
capitalismo. Dentro del mundo de los que quieren hacerse millonarios hay tres
grupos. Están los japoneses, obsesionados con encontrar el tesoro que el General
Yamashita escondió al final de la II Guerra Mundial en Filipinas. Luego los
españoles, muchos más ambiciosos, guapos y altos, obsesionados con hallar el
pecio del Galeón San José, el barco más cargado de tesoros
(11 millones de monedas de oro valoradas, hoy,
en 6000 millones de Dólares) provenientes de las colonias que salió
desde el puerto de Cartagena hacia España el 7 de junio de 1708 bajo el mando
del almirante José Fernández de Santillán y hundido por barcos ingleses (siempre
ellos, malditos sajones) en frente de la península de Barú (actual mar de Colombia).
Y finalmente los que quieren hacerse millonarios escribiendo un libro. Mi
amiga pertenece a este último grupo. Recuerdo otra conversación en la que, toda
excitada, vino a decirme que si colaboraba con ella iba a ser maravilloso. Que nos íbamos a hacer
ricos. Que el mundo de la cultura iba a rendirse ante nuestra obra cumbre. Ah,
y recuerdo que esa misma tarde me dijo que se iba de compras a Loewe a cuenta
de la inmensa fortuna que íbamos a amasar.
Yo, hasta la
fecha, lo más largo que había escrito había sido un poema de cuatro versos para
una chica lituana que conocí en una tienda de “Todo a 1 euro”, así es que me hallaba
algo desentrenado, como ustedes supondrán.
Pero con el arrojo que me caracteriza, pensé en recurrir a Jessica, mi vecina
del quinto a la que se le dan muy bien estas chapuzas literarias y que se gana
el sustento haciendo la calle, actividad en la que tiene mucha práctica y que
le sale estupendamente por darse la circunstancia de dominar la lengua como
ninguna otra.. Pero el caso es que no la hallé en su domicilio –quizá debido a
que estaba justamente haciendo la calle– y tuve que desistir de mi empeño, pues
el tiempo, y mi amiga, me
apremiaban.
Por fortuna, la solución de mi dilema no se hizo esperar. Recibí la llamada de otra amiga, Melisa Felicidad Rodríguez, una mujer excepcional, siempre dispuesta a nuevas emociones y que parece ser el colmo de la exquisitez femenina. ¡Ah, tiene grandes tetas y también hace la calle!
¿Qué mejor idea? Dos estupendos amigos con derecho a roce, escribiendo juntos su meliflua historia. Su sensibilidad y mis ideas, su delicadeza femenina y mi poder sintetizador y dominio de la palabra escrita. ¡Ah! El resultado prometía ser competente y prometedor.
Como supuse, Melisa felicidad estuvo encantada con la idea. A ella mis ideas siempre le encantan, no sé por qué, y a mí me llena de orgullo y de alimento para mi ego. Apagamos las luces y encendimos velas aromáticas, para lograr un efecto romántico más idóneo y nos sentamos en el sofá. Muy juntitos. Ella sacó un bloc de color fucsia de su bolso, cosa que me extrañó.
Por fortuna, la solución de mi dilema no se hizo esperar. Recibí la llamada de otra amiga, Melisa Felicidad Rodríguez, una mujer excepcional, siempre dispuesta a nuevas emociones y que parece ser el colmo de la exquisitez femenina. ¡Ah, tiene grandes tetas y también hace la calle!
¿Qué mejor idea? Dos estupendos amigos con derecho a roce, escribiendo juntos su meliflua historia. Su sensibilidad y mis ideas, su delicadeza femenina y mi poder sintetizador y dominio de la palabra escrita. ¡Ah! El resultado prometía ser competente y prometedor.
Como supuse, Melisa felicidad estuvo encantada con la idea. A ella mis ideas siempre le encantan, no sé por qué, y a mí me llena de orgullo y de alimento para mi ego. Apagamos las luces y encendimos velas aromáticas, para lograr un efecto romántico más idóneo y nos sentamos en el sofá. Muy juntitos. Ella sacó un bloc de color fucsia de su bolso, cosa que me extrañó.
–Trae algo para escribir–. Y vamos a empezar-me dijo-.
– ¿Algo para escribir?
– ¡Claro! –repuso–. ¿No pretenderás que escribamos una historia muy romántica sin primero esbozar los personajes y hacer un borrador? Y yo no encuentro mi bolígrafo.
Yo he usado siempre ordenador para todo, hasta para hacer la lista de la compra. Así es que bolígrafos en mi casa no había.
–Bajo a la tienda, no tardo nada –dije. Y me marché a comprar una caja de bolígrafos Bic de punta fina, por si la historia se alargaba más de lo esperado. Desafortunadamente los compré de color verde y, cuando regresé, Felicia se enfadó conmigo.
– ¡Si es que no sirves para nada, Ton! ¡Qué cabeza la tuya! ¿Por qué los has comprado de color verde? No sabes que el verde tiene poco contraste y daña la vista –rezongó, dándome un capón cariñoso como reproche.
-Pues el rey
de España, Juan Carlos I, escribe en verde por aquello de que V.E.R.D.E es el
acrónimo de Viva El Rey De España.
-El verde no
sirve, Ton, y deja al rey que escriba como le dé la gana, que para eso es el
rey. Yo me niego a escribir una historia de amor en verde. Hay que utilizar un
color más oscuro, así que o ideas algo para aprovechar estos bolígrafos o bajas
a la tienda a comprar otros.
- No te preocupes, Melisa felicidad, tengo una idea. De hecho no es mía, se la vi en un capítulo de Mac Gyver.
- No te preocupes, Melisa felicidad, tengo una idea. De hecho no es mía, se la vi en un capítulo de Mac Gyver.
Fui a la
cocina, llené un cazo de agua, deposité los bolígrafos dentro, en baño maría, y encendí la vitrocerámica. A
no muy alta temperatura, para que el agua hirviera lentamente. Recuerdo que en
aquel episodio de Mac Gyver, éste decía que las cosas una vez hervidas
cambiaban de color. El caso es que tras denodados esfuerzos, me quemé algunos
cuantos dedos al remover los bolígrafos en el agua hirviendo, algunos de ellos hasta
los nudillos, y finalmente, al ver que se ablandaban y se retorcían como
anguilas en el agua hirviendo y, tras otra colleja de Melisa felicidad, esta
menos cariñosa, desistí de mi experimento. Y decidí pasar al plan B. El plan B,
no era otro que el plan A, o sea, mi plan inicial: escribir directamente en el
ordenador.
Nos sentamos frente a la pantalla en blanco.
–Bueno, empieza ya, no tengo toda la noche, ¡Coño! –me dijo ella, con la fineza que la caracterizaba.
Nos sentamos frente a la pantalla en blanco.
–Bueno, empieza ya, no tengo toda la noche, ¡Coño! –me dijo ella, con la fineza que la caracterizaba.
Yo la verdad, confiaba en que empezaría ella. No se me estaba ocurriendo nada, como siempre, y la situación comenzaba a hacerse de lo más embarazosa.
–A ver cariño, saca a relucir tu sensibilidad de mujer y veamos qué se puede hacer con ella –sugerí. Pero no se la veía muy animada, que digamos. Al contrario, pareció molestarse más aún y me dijo algo confuso sobre el no esperar ordeñar una vaca y que no era así y algunos feminismos por el estilo.
La insté de nuevo a que empezara de nuevo y de nuevo se negó. Para salir del impasse me sugirió otra táctica. Yo tendría que describir lo que sintiéramos. Así fue que lanzó sobre mí sus cien kilos de hembra (¿no había contado antes este detalle?), comenzó a besarme fuertemente hasta que adquirí un bello tono lila y, de un mordisco pasional, se me comió la mitad del bigote. ¡Buen provecho!
–¡Uuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuaaaaaio! –aullé yo, llorando declaradamente.
–¿No te inspira esto? –tuvo la desfachatez de preguntar, agarrando sensual pero brutalmente mis partes pudendas.
Y cogiéndome el pelo del cogote con las dos manos, me hizo sepultar las narices entre sus generosos senos mientras gritaba:
–¡Escribe! ¡Describe lo que sientes! ¡Esto es amor! ¡Inmortalízalo!
Yo, que tenía del romanticismo una idea evidentemente más suave que la suya, no sabía qué decir ni cómo ponerme. Mientras tanto ella, que se estaba excitando progresivamente, seguía zarandeándome y usándome como amortiguador de adrenalina.
Bueno, para no cansar: durante una hora Felicia estrujó pasional y salvajemente mi cuerpo mientras yo intentaba poner cosas de vez en cuando en la pantalla del ordenador. Ella no escribió nada, sino que se limitó a "musarme" o a hacerme las veces de inspiración, mientras yo sufría en mis carnes la diferencia entre el amor platónico y el aristotélico.
Varios días después supe que Felicia ni siquiera sabía escribir.
06 junio 2013
Más primitivo que Stonehenge.
¿Sabes qué me dijo la muy zorra? Ya sé que no te lo vas a creer, Richard, pero te lo juro por mi panteón familiar al completo. Me dijo:
“Pobre Lola cuanto la comprendo ahora; si es que eres un desgraciado y además más primitivo
que las piedras de Stonehenge."
Una y otra vez retumbaban en mi cabeza estas infames
palabras, Richard. Y por segunda vez en mi vida sentí ganas de llorar. Alejandro Magno
lloró ante el túmulo de Aquiles porque envidiaba su gloria. Julio César, a los
31 años, al pasar por delante de una estatua de Alejandro Magno lloró también
por no haber logrado nada importante cuando a esa edad Alejandro ya era dueño
del Mundo. Claro que no es lo mismo llorar por eso que por un miserable
comentario dicho en el calor de los celos.
Desistí pues de llorar, pero me invadía un furor tal
que estuve a punto de estallar. No obstante estaba demasiado furioso para eso.
Por el contrario pensé: “Por dios no
pierdas los estribos, te conozco demasiado para saber que eres capaz de llevarte
por delante a cualquiera, metiéndote en un lio del que no podrás salir”. Sí, lo reconozco, soy malo cuando odio,
Richard, y tú lo sabes, por algo eres mi amigo. También sé que ahora no es el
mejor momento para contarte mis contingencias, tú ya tienes bastante con la
zorra de tu ex mujer que te ha denunciado por no pasarle la pensión
compensatoria, pero me conoces bien y sabes que la imperiosidad de escribir es
algo contra lo que no puedo luchar. Créeme si te digo que el día en que le eche
el guante a esa media periodista de pelo-paja que se ha ensañado de este modo
conmigo, deseara no haberlo hecho. No se hará esperar el momento en que la
tenga delante de mí. Y cuando ese momento llegue, la miraré a la cara, le
meteré la lengua hasta la campanilla y aguardaré a verla morir de pasión para recordarle
sus mezquinas palabras. No sé quien dijo que el hombre siempre debe tener el
nivel de la dignidad por encima del nivel de la autocompasión, pero fuera quien fuera acertó de lleno, seguro que era
como yo, un tío que se viste por los pies.
También me ha llamado la muy zorra, en tono
cínico, decimonónico y trasnochado… a
mí. Y todo porque mi estilo es elegante y utilizo cursivas cuando escribo. No
te creas Richard que todo eso que te cuento me haya caído de nuevo. ¡No, de eso
nada! Siempre supe que ella era una mujer de carácter, aunque no tenía claro de
qué tipo. Siempre supe que en su mente, como yo en la mía, se imaginaba
diciendo frases de cine como” Cuando soy buena, soy buena; cuando soy mala, soy
mucho mejor.” Todos sabemos que a veces la vida es como una película, y el cine
permite tomarse ciertas licencias; pero esta vez se ha pasado tres pueblos la
tía esta oxigenada. Ahora creo que está en algún lugar de China, seguramente
buscando alguna historia que contar. Pobrecita, a China se tiene que ir para
encontrar algo que relatar a sus escasos lectores. ¿Te he dicho, Richard, que
trabaja en un periodicucho de mala muerte?
Siempre viajando por el mundo como alma en pena. Así la conocí, en un
viejo y destartalado hotel de Freetown. Está mal que lo diga después de lo que
acabo de escribir de ella, pero debo reconocer que quedé prendado en aquel
momento y en aquel lugar del dominio que
tiene la muy zorra del monólogo interior.
Es impresionante, y apabulla sin
pretenderlo. Sí, Richard, ahora has entendido que hablo de aquella desalmada
que me llevó a la cama aprovechando que estaba bajo de defensas. Me había
peleado con Lola una vez más y la muy cabrona no dejó escapar la ocasión de
seducirme. Y cuando acabó conmigo me
dejó tirado en la cama, como un condón usado. Tú ya la conoces, no tanto
como yo, pero la conoces. ¿Recuerdas que te conté que creció rodeada de
artistas e intelectuales, junto a sus tres hermanas y su hermanastro, que la
acosaba sexualmente? Eso le causó varias crisis nerviosas y a su hermanastro
unas cuantas patadas en los cojones. Tiene carácter la chica, ¿sabes? Y es la
única después de Lola, mi novia, capaz de sacarme de mis casillas. Pero la
quiero a la condenada.
En fin,
Richard, como dijo el poeta: si lloras
por una pocas palabrillas, las lágrimas delatarán que estas hecho de
mantequilla. Bueno, ya sé que no rima mucho, debió ser una mierda de poeta,
pero tú me entiendes, ¿verdad?
Bien, no te entretengo más, que bastante tienes tú
con la zorra de tu ex mujer. Yo ahora estoy en Abudabi en una misión para el
gobierno de la Generalitat de Cataluña, pero eso es otra historia…ya te
contaré.
Un saludo,
Ton.
09 marzo 2013
Mi secreto.
Bajo la protectora oscuridad de los sueños evocada por Michael Connelly en su novela, el aroma a café de Colombia del amigo Juan Valdez impregnando el ambiente y la evocadora música diegética e incidental de la saga del agente 007, he procurado aprovechar esta tarde de domingo de final de verano para escribirte esta misiva electrónica.
No te lo vas a creer, cariño, pero no ha sido fácil para mí. Mi primer pensamiento fue escribir sobre la Magnolia grandiflora, del modo en que aparecen en primavera, de su estructura compleja cuyo plan organizacional está conservado en casi todas las angiospermas, con la notable excepción de Lacandonia schismatica. Después decidí hablar del Slow Loris, un animalito muy raro, más conocido para los latinos como Lori Perezoso. En fin, ya me conoces, quería hablar de lo que me gusta de verdad. Pero como no acababa de decidirme opté finalmente por dar un paseo por la playa, para buscar mis musas, esas que nunca me abandonan, esas que me susurran al oído ideas, esas que me inspiran, y créeme que fue una buena idea ya que después de tanto tiempo sin pisarla había olvidado esa sensación de libertad. En la orilla, bailando al son de las olas, descubrí un preservativo flotando, a veces se quedaba en la arena pero a cada ola parecía querer navegar. Entonces pensé que podía escribir sobre ese preservativo, sobre las migraciones de los preservativos o de los motivos que pudo tener su dueño para arrojarlo al mar. Pensé que sería un buen principio para una historia. Pero no..."Ella se merece una historia mejor"- pensé para mí - y volví a casa para releer tu última carta.
No sé si sigues en Egipto, en Sharm el-Sheik tal como me aseguraste en aquel correo del viernes pasado, si mal no recuerdo. Tampoco sé si estás bien, aunque conociéndote estoy seguro que sí, y lo que debe pasarte es que no has encontrado ninguna señal de Wi fi que robar. Verás, cariño, releyéndolo hay algo que se me escapa y tus palabras haciendo referencia a tu secreta investigación sobre la no menos secreta estancia de Hosni Mubarak en un hospital de Sharm el-Sheik han calado profundamente en mi, y esa invitación astuta a lo misterioso ha dejado jirones en mi ser, lo cual me permite iniciar una confesión. Una confesión meditada, pero difícil. Sí, créeme, no ha sido fácil. Ah, también quiero que sepas que estoy haciendo un enorme esfuerzo por no incluir en mi carta frases deslumbrantes y algún que otro hallazgo retórico del estilo " Y lo incuestionable es que el ego, digan lo que digan, el fanatismo de botiquín con caridad de mendrugo que pugna por el apostolado jurídico mundial para santificar un prototipo caramelizado de ser humano frente al cual toda divergencia parezca una amenaza y cualquier oposición una herejía excomulgada de la historia, y las Constituciones, necesita labrarse con cincel, como la escultura hermosa” , o expresiones como “a contrario sensu”, o "ad calendas graecas”; las descarté inmediatamente por exceso de pedantería, aunque ya sabes, porque me conoces, que una poca, de vez en cuando, me sale natural.
Bien, dicho esto, ha llegado el momento de que sepas todas esas inmensas pequeñeces que gravitan alrededor de mi persona, y que te adentres en mis órbitas menos accesibles. ¿Estás preparada, cariño? ¿Sí…seguro? Ten en cuenta que lo que te voy a revelar va a sorprenderte, lo sé, soy muy consciente de ello. Hasta puede que te impresione y te petrifique. Pero, nena, te mereces mi confianza. Yo no olvido que soy el único novio a quien nunca le has birlado la cartera. Y eso dice mucho de ti. Me dice que puedo confiar en ti. Cariño, escucha y no te desmayes:
Soy lo que popularmente se conoce como un Espía; un agente secreto. Los novelistas suelen describirnos con el ojo puesto en el personaje trasnochado de James Bond, ya sabes, la guerra fría y todas esas bobadas, y extraen nuestros comportamientos de las características de ese personaje de ficción, engreído, frío, inteligente, eficaz, extremadamente observador, audaz, implacable, decente, reservado, elegante y dotado de una inigualable habilidad para atraer bellas mujeres fácilmente, en fin, me entiendes, lo que el público femenino define como un apuesto galán que posee un irresistible encanto hacia las mujeres. Y sabes, cariño, la triste realidad es que me parezco a James Bond, como un huevo a una castaña. Pero contra eso no podemos luchar, es parte del attrezzo que los malos guionistas nos han encasquetado. Mi trabajo de agente secreto no es tan glamuroso, ya me gustaría a mí. Recuerdo mi primera misión, fue un incidente fronterizo que tuvo lugar entre Moldavia y la república de Ecuador, los dos se negaban a aceptar a unos pobres refugiados afganos, talibanes decían ellos, por el simple hecho de que uno de ellos, recuerdo su nombre como si fuera ayer “Osama Tinladen”, había dinamitado con 2000 kilos de TNT un enclave histórico protegido, Patrimonio histórico dijeron esos maricas de la Unesco, creo que se llamaba Machu Pichu. En fin, chorradas.
Luego vino una misión muy complicada y poco reconocida, tras el hundimiento en aguas del lago Leman, Suiza, de tres pesqueros andorranos, con varias muertes, del que se hizo responsable a los servicios secretos cubanos. El Ministro de Asuntos Exteriores cubano, Félix José Felipe Varela de Poey del Monte estaba afónico aquel día y no pudo hacer ninguna declaración para negar la responsabilidad de su país, por lo que el lío se armó de firme. Fue una misión complicada, sí. También recuerdo cuando Castilla la Mancha y la comunidad valenciana, en acción conjunta, invadieron un buen pedazo del sur de Cataluña, llegando a un trato para quedarse con los Castellers de Vilafranca del Penedés. Aunque fuentes bien informadas de ambas comunidades confirmaron que el motivo de la guerra era el que los atacantes estaban tan mal de dinero que habían decidido explotar económicamente el gran poder de convocatoria sin olvidar el gran tirón comercial que tenían los Castellers de Vilafranca en el mundo entero.
También me enviaron a Sudamérica. Aquello fue cuando Argentina invadió Brasil, con el propósito ulterior de venderles el Cristo Redentor de Rio de Janeiro, al Vaticano, con el consiguiente follón. La cosa se pudo arreglar finalmente cuando convencí al Papa Benedicto XVI (es XVI, ¿verdad?) de que no podía comprar objetos robados.
En fin, amor mío, podría estar horas y horas contándote mis aventuras y desventuras, en tantas y tantas misiones peligrosas por los seis continentes, y tiempo habrá, ya lo verás, pero hoy me vas a permitir poner punto y final a esta carta para así poder, aprovechar lo que me queda de día; es tan corto nuestro paso por este planeta que es una pésima idea no gozar de cada instante, ¿verdad? Y si te soy sincero, todavía más de lo que acabo de serlo, dentro de un rato mi amigo Luis viene a tomar el café a casa. Sí, ya sé que me has dicho reiteradas veces que Luis es un perdedor, de los que no saben vivir sino encaminados al hundimiento más absoluto, pero es mi amigo, y como dijo Nietzsche: los que no temen perder son los únicos que se atreven a cruza el abismo.
No te lo vas a creer, cariño, pero no ha sido fácil para mí. Mi primer pensamiento fue escribir sobre la Magnolia grandiflora, del modo en que aparecen en primavera, de su estructura compleja cuyo plan organizacional está conservado en casi todas las angiospermas, con la notable excepción de Lacandonia schismatica. Después decidí hablar del Slow Loris, un animalito muy raro, más conocido para los latinos como Lori Perezoso. En fin, ya me conoces, quería hablar de lo que me gusta de verdad. Pero como no acababa de decidirme opté finalmente por dar un paseo por la playa, para buscar mis musas, esas que nunca me abandonan, esas que me susurran al oído ideas, esas que me inspiran, y créeme que fue una buena idea ya que después de tanto tiempo sin pisarla había olvidado esa sensación de libertad. En la orilla, bailando al son de las olas, descubrí un preservativo flotando, a veces se quedaba en la arena pero a cada ola parecía querer navegar. Entonces pensé que podía escribir sobre ese preservativo, sobre las migraciones de los preservativos o de los motivos que pudo tener su dueño para arrojarlo al mar. Pensé que sería un buen principio para una historia. Pero no..."Ella se merece una historia mejor"- pensé para mí - y volví a casa para releer tu última carta.
No sé si sigues en Egipto, en Sharm el-Sheik tal como me aseguraste en aquel correo del viernes pasado, si mal no recuerdo. Tampoco sé si estás bien, aunque conociéndote estoy seguro que sí, y lo que debe pasarte es que no has encontrado ninguna señal de Wi fi que robar. Verás, cariño, releyéndolo hay algo que se me escapa y tus palabras haciendo referencia a tu secreta investigación sobre la no menos secreta estancia de Hosni Mubarak en un hospital de Sharm el-Sheik han calado profundamente en mi, y esa invitación astuta a lo misterioso ha dejado jirones en mi ser, lo cual me permite iniciar una confesión. Una confesión meditada, pero difícil. Sí, créeme, no ha sido fácil. Ah, también quiero que sepas que estoy haciendo un enorme esfuerzo por no incluir en mi carta frases deslumbrantes y algún que otro hallazgo retórico del estilo " Y lo incuestionable es que el ego, digan lo que digan, el fanatismo de botiquín con caridad de mendrugo que pugna por el apostolado jurídico mundial para santificar un prototipo caramelizado de ser humano frente al cual toda divergencia parezca una amenaza y cualquier oposición una herejía excomulgada de la historia, y las Constituciones, necesita labrarse con cincel, como la escultura hermosa” , o expresiones como “a contrario sensu”, o "ad calendas graecas”; las descarté inmediatamente por exceso de pedantería, aunque ya sabes, porque me conoces, que una poca, de vez en cuando, me sale natural.
Bien, dicho esto, ha llegado el momento de que sepas todas esas inmensas pequeñeces que gravitan alrededor de mi persona, y que te adentres en mis órbitas menos accesibles. ¿Estás preparada, cariño? ¿Sí…seguro? Ten en cuenta que lo que te voy a revelar va a sorprenderte, lo sé, soy muy consciente de ello. Hasta puede que te impresione y te petrifique. Pero, nena, te mereces mi confianza. Yo no olvido que soy el único novio a quien nunca le has birlado la cartera. Y eso dice mucho de ti. Me dice que puedo confiar en ti. Cariño, escucha y no te desmayes:
Soy lo que popularmente se conoce como un Espía; un agente secreto. Los novelistas suelen describirnos con el ojo puesto en el personaje trasnochado de James Bond, ya sabes, la guerra fría y todas esas bobadas, y extraen nuestros comportamientos de las características de ese personaje de ficción, engreído, frío, inteligente, eficaz, extremadamente observador, audaz, implacable, decente, reservado, elegante y dotado de una inigualable habilidad para atraer bellas mujeres fácilmente, en fin, me entiendes, lo que el público femenino define como un apuesto galán que posee un irresistible encanto hacia las mujeres. Y sabes, cariño, la triste realidad es que me parezco a James Bond, como un huevo a una castaña. Pero contra eso no podemos luchar, es parte del attrezzo que los malos guionistas nos han encasquetado. Mi trabajo de agente secreto no es tan glamuroso, ya me gustaría a mí. Recuerdo mi primera misión, fue un incidente fronterizo que tuvo lugar entre Moldavia y la república de Ecuador, los dos se negaban a aceptar a unos pobres refugiados afganos, talibanes decían ellos, por el simple hecho de que uno de ellos, recuerdo su nombre como si fuera ayer “Osama Tinladen”, había dinamitado con 2000 kilos de TNT un enclave histórico protegido, Patrimonio histórico dijeron esos maricas de la Unesco, creo que se llamaba Machu Pichu. En fin, chorradas.
Luego vino una misión muy complicada y poco reconocida, tras el hundimiento en aguas del lago Leman, Suiza, de tres pesqueros andorranos, con varias muertes, del que se hizo responsable a los servicios secretos cubanos. El Ministro de Asuntos Exteriores cubano, Félix José Felipe Varela de Poey del Monte estaba afónico aquel día y no pudo hacer ninguna declaración para negar la responsabilidad de su país, por lo que el lío se armó de firme. Fue una misión complicada, sí. También recuerdo cuando Castilla la Mancha y la comunidad valenciana, en acción conjunta, invadieron un buen pedazo del sur de Cataluña, llegando a un trato para quedarse con los Castellers de Vilafranca del Penedés. Aunque fuentes bien informadas de ambas comunidades confirmaron que el motivo de la guerra era el que los atacantes estaban tan mal de dinero que habían decidido explotar económicamente el gran poder de convocatoria sin olvidar el gran tirón comercial que tenían los Castellers de Vilafranca en el mundo entero.
También me enviaron a Sudamérica. Aquello fue cuando Argentina invadió Brasil, con el propósito ulterior de venderles el Cristo Redentor de Rio de Janeiro, al Vaticano, con el consiguiente follón. La cosa se pudo arreglar finalmente cuando convencí al Papa Benedicto XVI (es XVI, ¿verdad?) de que no podía comprar objetos robados.
En fin, amor mío, podría estar horas y horas contándote mis aventuras y desventuras, en tantas y tantas misiones peligrosas por los seis continentes, y tiempo habrá, ya lo verás, pero hoy me vas a permitir poner punto y final a esta carta para así poder, aprovechar lo que me queda de día; es tan corto nuestro paso por este planeta que es una pésima idea no gozar de cada instante, ¿verdad? Y si te soy sincero, todavía más de lo que acabo de serlo, dentro de un rato mi amigo Luis viene a tomar el café a casa. Sí, ya sé que me has dicho reiteradas veces que Luis es un perdedor, de los que no saben vivir sino encaminados al hundimiento más absoluto, pero es mi amigo, y como dijo Nietzsche: los que no temen perder son los únicos que se atreven a cruza el abismo.
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