12 mayo 2012

La tragedia del “Hispánic”.

Hubo un tiempo en que llamaron al Hispánic: el barco de los sueños, y lo era, realmente lo era.
El Hispánic fue construido en los astilleros de la transición allá por el año 1978.
Se diseñó usando algunas de las más avanzadas tecnologías disponibles en aquel tiempo, tales como mamparos herméticos que dividían el casco en 17 secciones independientes (Autonomías) y que se creía que podían mantenerlo a flote en caso de rotura de alguna parte del casco (Cataluña, Euskadi); ello hizo que el Hispánic fuera considerado por sus constructores, "insumergible". Iba dotado de una potente estación de telegrafía (Partidos políticos, medios de comunicación afines, sindicatos etc etc…), y un nuevo diseño de hélice de tres palas (Poder legislativo, poder ejecutivo y poder judicial). El Hispánic era más lujoso que el RF Alemanic, el MP Inglaterric y el RF Francic, y el estándar al respecto no tenían comparación con las instalaciones de primera clase en cuanto a lujo se refiere.
El Hispánic inició su viaje inaugural partiendo desde la precariedad hacia la sociedad del bien estar con 38 millones  de personas a bordo, recogiendo en el trayecto hasta su trágico final, 7 millones más para llegar al total de 45 Millones. Para cuando llegó a avistar el estado del bien estar, el Hispánic no tenía rival en lo que se refiere a lujo y elegancia. Contaba con decoraciones basadas en estilos clásicos, tales como el Imperio, Regencia, Luis XIV, Luis XV, Luis XVI, Adams, Moderno,  entre otros. Fue equipado con una piscina interior, un gimnasio, una cancha de squash, un baño turco, y una sala de recepción, entre otras comodidades para uso exclusivo de primera clase, eso sí.
El Hipánic tuvo un viaje placentero. Los años transcurrieron sin novedad, pero el 15 de Noviembre de 2008 (Quiebra de Lehman Brother’s) llegaron los primeros informes de avistamiento de bloques de hielo en la ruta; al menos una docena de mensajes pudieron ser recibidos antes de que el telégrafo (Banco de España y analistas del gobierno) fallara por un periodo de 12 meses. Efectivamente, los radiotelegrafistas empezaron a recibir avisos de peligro de icebergs, los cuales fueron ignorados o no tomados muy en cuenta por la oficialidad al mando.
El clima se enfrió a medida que el Hispánic se acercaba a las grandes turbulencias creadas por los grandes “bancos” de Terranova y el capitán JL.R.Zetapé ordenó alterar un poco el rumbo para pasar más hacia el sur de los grandes sectores de icebergs. La velocidad era de 22 nudos y consultaron a JL.R.Zetapé si podía bajarla, a lo cual éste se negó aduciendo que deseaba hacer el mejor tiempo en su viaje inaugural.
El 10 de Mayo de 2010, la noche era estrellada y el mar estaba excepcionalmente tranquilo. Alrededor de las 22:30, el capitán Zetapé se había retirado a su camarote de babor (había dejado vigías extras en el sector de proa).
A las 23:40 de la medianoche, mientras el Hispánic navegaba a 22,5 nudos (41,7 km/h), el vigía (E. Salgado, ministra de economía) avistó un iceberg por delante a menos de 500 metros de distancia y con una elevación de unos 30 metros sobre el nivel del mar. ¡Dios mio! - Exclamó ella-. Hizo sonar la campana tres veces y telefoneó de inmediato al puente de mando.
El capitán JL.R.Zetapé, tomó las medidas que creyó correctas e intentó evitar la colisión, primero girando el timón todo a babor, seguidamente dando marcha atrás, lo cual fue fatal pues el timón perdió una presión de virada. El barco en el último minuto logró evitar el choque frontal (con el que seguramente no se habría hundido y habría sido capaz de al menos flotar estando dañado). Seguidamente Zapatero ordenó viraje a estribor, quizás demasiado pronto, sin sospechar que el iceberg (que era más alto que el Monte Everest) se extendía a los costados por debajo del mar. Finalmente el buque rozó el iceberg abriéndose las placas de estribor a 5 m de profundidad con 6 brechas diferentes que en total sumaban unos 100 m de rasgaduras y 5 compartimentos abiertos al agua. El Hispánic quedó sentenciado.
El capitán Zapatero se informó de lo ocurrido. Hizo detener de inmediato el barco e hizo llamar a A. Merkel, la carpintera, para repasar todo el barco. En ese momento, A. Merkel, en inspección del sector griego, fue informada por su señalero  y por sus consejeros de que en el estanque de pique de proa se escuchaba un silbido inusual, señal de que el agua estaba desplazando con fuerza el aire contenido a presión en su interior.
Merkel informó al capitán Jl.R.Zetapé en presencia de la cúpula de U.E (representante de la compañía), que cinco de los compartimentos estancos delanteros de estribor se combaron hacia dentro, saltando los remaches e inundándose. Al principio el daño no pareció fatal; sin embargo,  después de repasar el barco con la carpintera A. Merkel, ésta predijo lo increíble: el hundimiento del Hispánic sería a más tardar entre dos y cuatro años.
El capitán Zetapé y la oficialidad quedaron helados y de una pieza, estupefactos: Zapatero, intentando no difundir el pánico, instruyó a sus oficiales para el abandono del barco. Impactado y en estado de shock, JL.R.Zetapé sabía por simple aritmética que muchos pasajeros morirían por el escaso número de botes. De ahí en adelante, a pesar de su obligación, Zetapé se mostró irrelevante con el correr del escaso tiempo, errático y ajeno a la situación y en su forma de actuar, y finalmente fue relevado en el mando por un capitán anodino (M. Rajoy) que prometió salvar la nave reformando los 17 mamparos (autonomías), pero que solo se ha dedicado, hasta ahora, a reordenar las sillas de la cubierta del Hispánic, mientras éste se hunde.
Para terminar, solo decir que una de las causas del elevado número de víctimas fue que, a pesar de cumplir con todas las normativas democráticas de la época de su botadura, el barco sólo llevaba botes salvavidas para 100.000  miembros de la tripulación (políticos electos), 25.000 suboficiales (altos cargos públicos), 15.000  oficiales (Banqueros y empresarios del Ibex 35). Un elevado número de hombres mujeres y niños murió debido al rígido protocolo de salvamento que se siguió en el proceso de evacuación de la nave, conocido como "mujeres y niños primero" (Banqueros, grandes empresarios y clase política), y al poco tiempo disponible, debido al mucho tiempo perdido.


-¿Qué... no querían saber lo que pasa? . Pues ahora ya lo saben.

Como dijo Francisco de Paula Santander: Vale más un desengaño, por cruel que sea, que una perniciosa incertidumbre.

06 mayo 2012

La taza de té (Cuento Zen).

Es conocida la historia de Nan-in, un Maestro japonés que vivió en la era Meiji, y lo que le sucedió con un profesor universitario que fue a visitarlo intrigado por la afluencia de jóvenes que acudían al jardín del Maestro.

Nan-in era admirado por su sabiduría, por su prudencia y por la sencillez de su vida, a pesar de haber sido en su juventud un personaje que había brillado en la Corte. Aceptaba en silencio que algunos se sentaran con él al caer de la tarde, pero no debían importunarlo después de la meditación. Entonces, parecía algo serio y hasta hosco, pero no era más que la necesaria readaptación mientras trabajaba en su jardín, pelaba patatas o remendaba la ropa.
El prestigioso profesor se hizo anunciar con antelación haciendo saber que no disponía de mucho tiempo, pues tenía que regresar a sus tareas en la universidad.
Cuando llegó, saludó al Maestro y, sin más preámbulos, le preguntó por el Zen. Nan-in le ofreció el té y se lo sirvió con toda la calma del mundo. Y aunque la taza del visitante ya estaba llena, el Maestro siguió vertiéndolo. El profesor vio que el té se derramaba y ya no pudo contenerse.
- ¿Pero no se da cuenta de que está completamente llena? ¡Ya no cabe ni una gota más!
- Al igual que esta taza, – respondió Nan-in sin perder la compostura ni abandonar su amable sonrisa -, usted está lleno de sus opiniones. ¿Cómo podría mostrarle lo que es el camino del Zen si primero no vacía su taza?
Airado, el profesor se levantó y con una mera inclinación de cabeza se despidió sin decir palabra.
Mientras el Maestro recogía los trozos de porcelana y limpiaba el suelo, un joven se acercó para ayudarle.
- Maestro, ¡cuánta suficiencia! Qué difícil debe de ser para los letrados comprender la sencillez del Zen.
- No menos que para muchos jóvenes que llegan cargados de ambición y no se han esforzado por cultivar las disciplinas del estudio. Al menos, los estudiosos ya han hecho una parte del camino y tienen algo de lo que desprenderse.
- ¿Entonces, Maestro, cual es la actitud correcta?
- No juzgar, y permanecer atento.

03 mayo 2012

...Y todo por un reloj de diez euros.


Esto que les voy a narrar es tan verídico como que el Infierno existe. El martes pasado, día festivo como todos ustedes saben, estaba yo en lo mejor de mi siesta, cuando sonó el timbre de la puerta. Levanté lentamente la cabeza y por un momento no pude hacer otra cosa que mirar atónito mi reloj. Eran las cuatro O´Clock, o sea, las cuatro de la tarde. Estaba claro que a esta hora solo podía ser Josep. ¿Quién más podía ser tan inoportuno? Atravesé con paso lento el pasillo, abrí la puerta, y sin decir nada volví a mi sofá para continuar descansando.

-Ton, tienes que dejarme el ordenador, el mio está averiado, y tengo que escribir una carta.
-Sí claro…¿pero es tan urgente?
-Lo es. Ya sabes lo que me pasó el otro día, te lo conté…lo de la chica en bicicleta…la lluvia…mi reloj…
-Sí, ya lo sé…¿Y?
-Pues que quiero escribir una carta al Director de mi empresa para quejarme, y de paso reclamarle…
-Mira Josep, haz lo que quieras, allí está el ordenador…pero déjame dormir.

El pobre se sentó frente al ordenador, se rascó la cabeza  y empezó a balbucear. Es típico de Josep,  y me dijo:

-No sé como empezar esto ni como dirigirme a esas personas…Transexport Corporation…Transexport Corporation… Señor Director general…
-Podrias usar un termino incorrecto y meter la pata, no hagas eso…-le dije yo medio dormido-.
-¿Quien hizo lo importante…eh? –replicó él-.
-Olvída el reloj, se mojó y se estropeó. Solo valía diez euros, perdonales…
-Fuiste tú quien lo hizo…?
-No, yo no fui…
-Aaah… yo hice lo más importante…quien salió aquella tarde fría y lluviosa? ¿Quien buceo bajo una lluvia torrencial, haciendo lo que debía hacer y arruinando de esa forma su reloj?
-Fuiste tú, es cierto…
-Síií señor… así que les diré a los de Transexport Corporation que me lo paguen…
-No lo hagas, anda, olvida los diez euros…
-Has oído algo llamado principios?
-¡Sí, pero no vas a emprender una cruzada por diez euros!
-No voy a permitir a mi empresa, Transexport Corporation, estas cosas, porque quien sabe a donde pueden conducirnos.

Me incliné hacia él,  y le dije:

-A donde, ¿eh?
-Pues yo creo que …a…a… ¿a que viene esta pregunta? Con mi cuenta de gastos solo puedo tener una camisa limpia a la semana debido sobre todo a los gastos extras, ¿sabes?
-Escucha, fue tu culpa…
-¿Que fue mi culpa…?
-Sí, fue tu culpa…
-Oh, ya está aquí Ton, el que siempre tiene razón. Si sabes todo por qué no me lo explicas…como habiendo salido bajo aquella tromba de agua colosal, haciendo lo que era mi deber, repito, entre columnas de agua y montañas de espuma y el incesante tronar de rayos y centellas, con el fin de conservar la dignidad, y…y…
-¿La gloria?
-…eso es, conservar la gloria de mi empresa en momentos de necesidad,… eh, espera un minuto esto va teniendo sentido (volvió a teclear el ordenador)…con el fin de conservar…
-Te he dicho ya que fue culpa tuya…en primer lugar tu empresa te regaló dos relojes, uno bueno, y uno malo ¿o no lo recuerdas?...me oyes… el primero lo consideras algo así como un seguro, es … para pagar la cena cuando te quedas sin dinero…el segundo reloj es para las trombas de agua y para nadar todo lo que quieras, ¿no? Y tu decidiste ir a recoger a aquel cliente al aeropuerto, sin paraguas, ni chubasquero, con tu maravilloso reloj de pulsera. Así que es tu culpa…olvida los diez euros.
-Silencio por favor y dejame continuar con esto. A ver donde estoy…donde esta eso…empieza según recuerdo…si,… el lunes por la tarde, bajo una tormenta descomunal, recibí la comisión de ir a recoger al aeropuerto de El Prat a un cliente muy importante, procedente de Kyoto. Éste cliente llegó a la hora determinada y después de la protocolaria presentación nos dirigimos al coche aparcado delante de la puerta G del aeropuerto, y salimos en dirección a la autovía de Castelldefels. El coche iba solo, recorriendo la concurrida carretera de entrada a Barcelona,  mi mente no lo conducía ni lo guiaba; estaba ocupada en algo mucho más importante que requería de toda mi capacidad de concentración. Y Todo fue  bien, hasta que se aproximó una muchacha en bicicleta…

Yo, por mi parte, seguía con mi siesta, sin hacerle caso… cuando a la media hora oí:

-Ajáaaaa…ajaaaaa…
-¿Qué te pasa Josep? Vamos, que quiero dormir, joder!…deja eso ya anda…te pagaré los diez euros de mi propio dinero.
-Siento mucho tu desprecio cuando deberías estar ayudándome. Es terrible, solo lloriqueas porque no te dejo siestear. Mira ni William shakespeare escribiría tan hermosa carta, verás, te la voy a leer…
-Josep, déjalo ya. Tuviste suerte de no matar a aquella chica al atropellarla. Olvida los diez euros…
-No, mañana por la mañana pondré esta carta en el buzon. Tendré en alto la cabeza y marcharé con dignidad si la envio. De no hacerlo no podría vivir ni tampoco…
-Ok, muy bien, envíala mañana si es tan importante para ti -dije interrumpiéndole y ver con extrañeza su rostro satisfecho y triunfador- pero luego no me digas que no te avisé.

A él le gustó que finalmente le apoyara en su disparatada idea. No es un hombre de acción, nunca lo ha sido, es más bien un pusilánime. De ahí su euforia. En fin, ya lo ven ustedes queridos amigos, Josep cree probable que la empresa, Transexport Corporation, le devuelva los diez euros que valía su reloj, pero como todos sabemos, la probabilidad es la característica de un evento, que hace que existan razones para creer que éste se realizará. Dicho de otra manera, La probabilidad p de que suceda un evento S de un total de n casos posibles igualmente probables es igual a la razón entre el número de ocurrencias h de dicho evento (casos favorables) y el número total de casos posibles n.  O sea, que la probabilidad es nula.

29 abril 2012

El absurdo de las guerras.


El sirio se estremeció y preguntó cuál
podía ser la causa de tan terribles disputas
entre animales tan perversos.
-Se trata -dijo el filósofo- de varios
pedazos de barro tan grandes como
vuestro talón. Y no es que alguno de
esos millones de hombres que se hace
degollar pretenda alguna pulgada de esos
pedazos de barro. Solo han de averiguar si
pertenecen a cierto hombre al que llaman
sultán,o a otro al que llaman, no sé por qué,
césar. Ninguno de los dos vio ni verá jamás
el pedacito de tierra en cuestión y casi
ninguno de los animales que se degüellan
unos a otros han visto al animal por quien se matan.
-Ah, desdichados – exclamó el de Sirio con indignación.
¿Se puede concebir tal exceso de rabia furiosa?
Me dan ganas de dar tres pisotones y destrozar todo
este hormiguero de ridículos asesinos.
-No os molestéis – le respondieron-, ya
trabajan ellos solos en su propia ruina.

Micromegas, Voltaire

El Maestro y el escorpión.


Un maestro oriental, cuando vió como un escorpión se estaba ahogando, decidió sacarlo del agua.
Cuando lo hizo, el alacrán lo picó. Por la reacción al dolor, el maestro lo soltó, y el animal cayó al agua y de nuevo estaba ahogándose.

El maestro intentó sacarlo otra vez, y otra vez el escorpión lo picó.

Alguien que había observado todo, se acercó al maestro y le dijo: "Perdone... ¡pero usted es terco! ¿No entiende que cada vez que intente sacarlo del agua lo picará?".

El maestro respondió: "La naturaleza del escorpión es picar, y eso no va a cambiar la mía, que es ayudar".
Y entonces, ayudándose de una hoja, el maestro sacó al animalito del agua y le salvó la vida.

No cambies tu naturaleza si alguien te hace daño; sólo toma precauciones.

28 abril 2012

Un alumno insufrible.

Era un genuino buscador, pero se perdía demasiado en abstracciones metafísicas y especulaciones filosóficas. Vamos, que era un pesado. Había recibido enseñanza de muchos maestros, pero las explicaciones que le proporcionaban sobre la Doctrina alimentaban aún más sus elucubraciones metafísicas. Se enteró que había un maestro chan muy pragmático y decidió ponerse en sus manos. Después de permanecer varios días frente a la casita del maestro, éste lo aceptó, por pesado. Cuando el discípulo le preguntó si había espíritu o no, el maestro le dio un vigoroso tirón de orejas.
—No es muy gentil por vuestra parte lo que habéis hecho —se quejó el discípulo.
Y el maestro repuso:
—¡No me vengas con pamplinas a estas alturas de mi vida!
Salieron a dar un largo paseo.
—Maestro, ¿cuando un ser liberado muere, sigue o no sigue existiendo en alguna parte?
El maestro comenzó a coger moras silvestres y a degustarlas en silencio. El discípulo protestó:
No es muy amable por vuestra parte no responder cuando se le habla.
El maestro le dirigió una mirada severa, y dijo:
—Yo estoy en el presente, comiendo estas jugosas moras, y tú estás, como un estúpido, más allá de la muerte.
Se sentaron bajo un árbol, cerca de un arroyo.
Maestro, ¿hay un ser supremo que creó el mundo, o todo es producto de la casualidad?
—¡Déjate ya de vanas preguntas! —replicó el maestro—. Ahora voy a preguntarte yo algo muy concreto: ¿Estás escuchando el rumor del arroyo?
No —repuso el discípulo, enredado en su mirada de opiniones.
Y el maestro concluyó:
—Pues siento decirte que eres incorregible. Ve a otro maestro que te llene la cabeza de ideas y permíteme seguir escuchando el rumor del arroyo.


Cuento chino

Avaricia.

Dicen que había una vez un anciano muy rico, pero también muy avaro. Era un verdadero usurero y prestaba dinero con un interés desmedido (No no es Emilio Botin...pero podría serlo). Recaudaba habitualmente sus intereses, viajando de un lado para otro. Como le faltaban las fuerzas, con no poco dolor de su corazón se compró un asno. Para no exponerse a que el asno enfermase o muriese, y así perder lo que había pagado por el mismo, lo utilizaba sólo cuando tenía que desplazarse a considerable distancia. Cierto día tenía que viajar muy lejos y decidió utilizar el asno. Pero el asno no estaba acostumbrado a cargar a su amo y, al poco tiempo de ser montado, comenzó a jadear gravemente. El anciano se asustó. ¡No vaya a ser que me quede sin asno y sin dinero! Descabalgó e incluso le quitó la silla de montar para que el animal se repusiera. Entonces el asno salió de estampida. El anciano, renqueando, trató de seguirlo, penosamente, pues no deseaba tampoco deshacerse de la silla de montar.
Cuando el anciano llego a su casa, lo primero que hizo, sin despojarse siquiera de la silla de montar, fue preguntar por el asno. Sí, había regresado. Así que el anciano, a pesar de estar empapado de sudor y tener una espasmódica respiración, se sintió aliviado.
Ciertamente poco le duró su alivio. Unas horas después su envejecido corazón se detenía, no sin antes haber preguntado a sus sirvientes:
—Pero ¿de verdad que ha regresado el asno?


Cuento chino