16 mayo 2012

Aprendiendo de Krishnamurti y Cortázar.

Ayer leí una frase de Jiddu Krisnamurti: “No es saludable estar muy adaptado a una sociedad profundamente enferma”, y me hizo pensar. También leí en el muro de una amiga un relato, o artículo, de Julio Cortázar que me gustó sumamente. Y decidí fundir los dos. Que me perdonen si lo leen desde el más allá, y si no, también. Hace años que me doy cuenta y no me importa, pero nunca se me ocurrió escribirlo porque la inadaptabilidad me parece un tema muy desagradable, especialmente si es el inadaptado quien lo expone.
Puede que la palabra inadaptado sea demasiado rotunda, pero prefiero ponerla de entrada y calentita sobre el plato aunque los amigos la crean exagerada, en vez de emplear cualquier otra como desarraigado, aislado, descentrado o rebelde y que después los mismos amigos opinen que uno se ha quedado corto. En realidad no pasa nada grave pero ser un inadaptado, lo pone a uno completamente aparte, es cierto, y aunque tiene sus cosas malas es evidente que de a ratos hay como una nostalgia, un deseo de cruzar a la vereda de enfrente donde amigos y parientes están reunidos en una misma adaptabilidad e inclusión, y frotarse un poco contra ellos para sentir que no hay diferencia apreciable y que todo va bien. Lo triste es que todo va mal cuando uno es un inadaptado, por ejemplo en las reuniones sociales, yo voy a esas reuniones con mi pareja y algún amigo, hay comentarios, conversaciones idiotas, superficiales o pueriles y es seguro que apenas empiece a oírlos voy a encontrar que todos son una “puta mierda”. Me exaspero o me irrito enormemente, los diálogos o los gestos o las risitas me llegan como visiones sobrenaturales, me “cagoentó”, reprendo hasta romperme las cuerdas vocales y a veces me lloran los ojos de pura rabia, y en todo caso me entristezco de vivir y de haber tenido la mala suerte de ir esa noche a esa mierda de reunión,  donde gentes insignificantes y ordinarias están diciendo con esas sonrisas de lelos ignotos cosas que a mí me la traen al pairo, inventando un lugar de imbecilidad discrecional y de encuentro, algo que les ayuda seguramente a rellenar  de momentos insulsos sus miserables vidas en las que no ocurre nada más que lo que ocurre todo el tiempo. Nada.
      Y así estoy desilusionado y tan aburrido que cuando llega el momento de ir al buffet me levanto desencantado y sigo pitando a los personajillos, y le digo a mi pareja que esos malabaristas de la superficialidad son los que manejan el mundo y que su conversación hablando de restaurantes “Chics” y cruceros carísimos es absolutamente inaguantable. Mi pareja me mira y asiente, pero de pronto me doy cuenta (ese instante tiene algo de herida, de agujero ronco y húmedo) que su irritación y su fastidio no han sido como los míos, y además casi siempre hay con nosotros algún amigo que también  ha resoplado pero nunca como yo, y también me doy cuenta de que está diciendo con suma sensatez e inteligencia que toda esa gente es el fiel reflejo de nuestra sociedad y que los allí presentes no son mala gente, pero que desde luego no hay gran humanidad en las ideas, sin contar que los colores de los trajes son mediocres y la puesta en escena bastante adocenada y cosas y cosas. Cuando mi pareja o mi amigo dicen eso --lo dicen amablemente, sin ninguna agresividad-- yo comprendo que soy un inadaptado, pero lo malo es que uno se ha olvidado cada vez que lo decepciona algo que pasa, de modo que la caída repentina en la inadaptabilidad le llega como al corcho que se ha pasado años en el sótano acompañando al vino de la botella y de golpe plop y un tirón y no es más que corcho. Me gustaría defender a los imbéciles superficiales o a los que les ríen las "gracietas", porque me han parecido admirables y he sido tan feliz con ellos que las palabras inteligentes y sensatas de mis amigos o de mi pareja me duelen como por debajo de las uñas, y eso que comprendo perfectamente cuánta razón tienen y cómo el espectáculo no ha de ser tan infausto como a mí me parecía (pero en realidad a mí no me parecía que fuese bueno ni malo ni nada, sencillamente estaba transportado por lo que ocurría como inadaptado que soy, y me bastaba para salirme y andar por ahí donde me gusta andar cada vez que puedo, y puedo tan poco). Y jamás se me ocurriría discutir con mi pareja o con mis amigos porque sé que tienen razón y que en realidad han hecho muy bien en no dejarse ganar por el desánimo, puesto que los placeres de la inteligencia y la sensibilidad deben nacer de un juicio ponderado y sobre todo de una actitud comparativa, basarse como dijo Epicteto en lo que ya se conoce para juzgar lo que se acaba de conocer, pues eso y no otra cosa es la cultura y la sofrosine. De ninguna manera pretendo discutir con ellos y a lo sumo me limito a alejarme unos metros para no escuchar el resto de las comparaciones y los juicios, mientras trato de retener todavía las últimas chorradas del gordo sudoroso que se arrastraba como babosa en mitad del jardín, aunque ahora mi recuerdo se ve inevitablemente modificado por las críticas inteligentísimas que acabo de escuchar y no me queda más remedio que admitir la brillantez de lo que he oído y que sólo me ha decepcionado porque no acepto cualquier cosa o persona que tenga colores y formas tan uniformes. Recaigo en la conciencia de que soy un inadaptado, de que cualquier cosa basta para aburrirme de la cuadriculada vida, y entonces el recuerdo de lo que he padecido y sufrido esa noche se enturbia y se vuelve cómplice, la obra de otros inadaptados que han estado escuchando  o haciendo ver que escuchaban, con trajes y coreografías mediocres, y casi es un consuelo pero un consuelo siniestro el que seamos tan pocos los inadaptados que esa noche se han dado cita en esa casa para beber y cenar y joderse. Lo peor es que a los pocos días vuelvo a otra reunión y me pasa lo mismo, y la crítica coincide casi siempre y hasta con las mismas palabras con lo que tan sensata e inteligentemente han visto y dicho mi pareja o mis amigos. Ahora estoy seguro de que no ser un inadaptado es una de las cosas más importantes para la vida feliz de un hombre, hasta que poco a poco me vaya olvidando, porque lo peor es que al final me olvido, por ejemplo acabo de ver un pulpo que nadaba en uno de los acuarios de aquella casa maravillosa, y era de una hermosura tan suprema que no pude menos que observarlo y quedarme no sé cuánto tiempo mirando su plasticidad, la tenebrosidad petulante de sus ojos, esos ocho tentáculos poderosos que braceaban en el agua del acuario y que se iban abriendo paso hasta perderse en la corta distancia de esa cárcel acristalada. Mi entusiasmo no nace solamente del pulpo, es algo que el pulpo cuaja de golpe, porque a veces puede ser una hoja seca que se balancea en el borde de un banco, o una grúa anaranjada, enormísima y delicada contra el cielo azul de la tarde, o el olor de un vagón de tren cuando uno entra y se tiene un billete para un viaje de tantas horas y todo va a ir sucediendo prodigiosamente, el sándwich de mortadela italiana, los botones para encender o apagar la luz (una blanca y otra violeta), la ventilación regulable, todo eso me parece tan hermoso y casi tan imposible que tenerlo ahí a mi alcance me llena de una especie de sauce interior, de una verde lluvia de delicia que no debería terminar más. Pero muchos me han dicho que mi entusiasmo es una prueba de inmadurez (quieren decir que soy idiota e inadaptado, pero eligen las palabras) y que no es posible entusiasmarse así por una tela de araña que brilla al sol, puesto que si uno incurre en semejantes excesos por una tela de araña llena de rocío, ¿qué va a dejar para la noche en que den Indiana jones en busca del arca perdida? A mí eso me sorprende un poco, porque en realidad el entusiasmo no es una cosa que se gaste cuando uno es realmente un inadaptado, se gasta cuando uno es inteligente y tiene sentido de los valores y de la historicidad de las cosas, y por eso aunque yo corra de un lado a otro del acuario para ver mejor el pulpo, eso no me impedirá esa misma noche dar enormes saltos de entusiasmo si me gusta como cantan los tres tenores el Nessum Dorma. Ahora que lo pienso la inadaptabilidad debe ser eso: poder entusiasmarse todo el tiempo por cualquier cosa que a uno le guste, sin que un dibujito en una pared tenga que verse menoscabado por el recuerdo de los frescos de Giotto en Padua. La inadaptabilidad debe ser una especie de presencia y recomienzo constante: ahora me gusta esta piedrecita amarilla, ahora me gustas tú, ratita, ahora me gusta esa increíble locomotora bufando en la vía muerta de aquella estación, ahora me gusta ese cartel arrancado y sucio. Ahora me gusta, me gusta tanto, ahora soy yo, reincidentemente yo, el inadaptado perfecto en su inadaptabilidad que no sabe que es un inadaptado y goza perdido en su goce, hasta que la primera frase imbécil lo devuelva a la conciencia de su inadaptabilidad y lo haga buscar presuroso un cigarrillo con manos torpes, mirando al suelo, comprendiendo y a veces aceptando porque también un inadaptado tiene que vivir, claro que hasta la visión de otro pulpo u otro cartel descolorido y ajado, y así siempre.

La teoría del Big Bang...ya no sirve ni para ligar.


El otro día, sábado por la noche, me pasó una cosa curiosa. Me llamó Josep (ya saben, el que se folló a la segunda mejor amiga de su actualmente, ex mujer, y bla bla bla…) para salir a tomar algo. Como no tenía nada mejor que hacer, acepté, no sin antes advertirle que nada de ir de putas, que lo más, un par de copas en algún local de moda. “Vale”, me dijo compendiosamente. Me extrañó, y le dije:

-Estás tieso, sin un puto euro, ¿verdad?
-Sí –contestó lacónicamente-.
-Lo imaginaba –repliqué yo-.
-¿Por qué? –preguntó él-.
-Elemental querido Watson…Porque tú sabes que las putas no te las pago yo, y no has insistido. Esto solo puede significar que estás tieso.
-Vale vale, Ton…tampoco hay que ser Sherlock Holmes para llegar a esa deducción.
-¡Efectivamente… pero como has preguntado, te he contestado!

Después de este breve intercambio de palabras quedamos en una hora concreta: las 23 H (hora zulú).

Llegamos a “La Caverne de l'enfer” (es el nombre del local)  alrededor de las doce de la noche. Llevaba mi traje negro oscuro con mi camisa antracita, mocasines negros, y calcetines oscuros. Olía bien, Iba bien afeitado y, sobrio. Nos dirigimos a la barra exterior, ubicada en un espléndido y exótico jardín. Josep fue a saludar a un amigo suyo que se encontraba al lado del piano. Yo me senté en el taburete de torniquete y pedí un Gin-tonic, con tres cubitos de agua de manantial, a la camarera. Miré a mi izquierda, luego a mi derecha, y vi una maravillosa mujer sentada a dos metros de mí, cerca de una de las palmeras.
Era morena, con una melena brillante y exuberante que resplandecía como el pelaje de una pantera negra bajo los rayos de la Luna. Mis ojos se detuvieron en la suave curva de sus senos, que el amplio escote dejaban casi al descubierto. Los dorados pechos marciales de aquella mujer no cesaban de mirarme con descaro, y debo reconocer, que aquel borbollón de sensualidad que escapaba apresurada y deliberadamente de sus rojos labios húmedos y carnosos, llegó casi a turbarme.
 Encendió un cigarrillo, y a través de los delgados tules de humo que ascendían parsimoniosos y ondulantes hacia la tenue luz que coronaba su hermosa y refulgente cabellera, me miró. Créanme amigos, en su mirada las montañas podían entrar. Aquellos dos ojos de depredadora de la noche habituados a traspasar la oscuridad me tenían apresado. Era como si una fuerza poderosa e invisible me hubiera paralizado. Recuerdo como primero me inspeccionó con impávida brevedad. Sus ojos observaban con mirada zahiera. Luego mutaron, empezaron a brillar, y me miraron directamente, sin pestañear, con atención, como si quisiera traspasar mi mente para saber que estaba pensando en ese preciso momento. Todo eso duró muy poco…unos segundos… entonces giró levemente sobre sí  y con un gesto de sensualidad estudiado,  me dijo:

-¿De verdad crees que hay cubitos de agua de manantial en Barcelona?

El volumen de su voz, que emitió sin esfuerzo, casi sin molestarse en mover los labios, me asombró. ¡Qué voz! ¡Qué maravilla! – pensé para mí-. Yo la seguía mirando. Parecía envuelta en una especie de aura a la que contribuía su elegante belleza. Una verdadera delicia para los sentidos –pensé-, mientras mis ojos chispeantes prendían la luz modelada por aquel cuerpo hermoso. Saboreé su perfección durante unos segundos antes de contestar. Miré mi copa, la cogí , y me senté a su lado, rozando su cadera… involuntariamente.

-¿Quieres que te diga una cosa? –Contesté yo-, no creo que la historia me juzgue duramente si te confieso que no sabría diferenciar un cubito de agua de manantial de uno de agua de “la Font de canaletas”.
-Pues yo hubiera jurado por tu aspecto que eres todo un experto en cubitos y cristales de hielo.
-No, ese era  Wilson Bentley…y ya está muerto. Yo estoy vivo…y coleando.
-Ah, ¿pero conoces la obra de Wilson Bentley?
-No, solo sé que le llamaban “Copito de nieve” y que dijo: “Bajo el microscopio encontré que los copos de nieve eran milagros de belleza; y me pareció una pena que esa belleza no fuera vista y apreciada por otros. Cuando un copo de nieve se funde, el diseño se pierde para siempre. Toda esa belleza se va, sin dejar ningún recuerdo.”

Ella se rió.

-jajaja “El hombre copo de nieve”. Todo el mundo lo conocía como el “Hombre copo de nieve”… no copito de nieve.
-Es verdad… Copito de nieve era otro.

Volvió a reir.

 -jajaja, sí. Y dime, ¿cómo te llamas? Yo soy Ana.
-Bonito nombre… como la madre de la virgen María. Yo soy Tony, pero mis amigos me llaman Ton.
-Vaya, no me digas que también has leído el evangelio apócrifo de Santiago. Allí sale por primera vez el nombre de Ana, ningún texto del nuevo testamento menciona a Santa Ana como madre de María, ¿lo sabías?
-Pues no, no lo sabía, pero viendo lo interesante que es el libro, ahora quizás lo lea.
-No creas que soy una beata, al contrario, soy atea, pero siempre me han interesado los protoevangelios…y el Cosmos.
-No me digas…el Cosmos te interesa?
-Me encanta –dijo llena de vida y una sonrisa en sus labios.

Encendí un cigarrillo y con la mente abrumada la miré fijamente. Su brillante cabello suelto en cascadas sobre la cara,  parecía atrapar toda la claridad de la Luna, en un resplandor argénteo. La marca de autoridad en su modo de mirar, su personalidad y ese aire de impertinente satisfacción, me gustaban.

- De noche y desde aquí todo parece tan bonito. Resulta tan hermoso. Daría lo que fuera por estar allí arriba –dijo ella señalando el cielo-.  Millones de estrellas, y sin embargo, agujas en un pajar celestial. Existen más estrellas en el firmamento que granos de arena  sobre la tierra.  Ton, ¿tú crees que hay un solo Universo? -me preguntó mirándome a los ojos-.
-Mira, hubo una época, hace muchos años,  en que pensaba que la palabra universo significaba todo lo que hay; todo. La noción de más de un universo, más de un todo, me parecía imposible. Pero ahora estoy seguro que si pudiéramos ir más allá de nuestro sistema solar, mas allá de la vía láctea, incluso mas allá de otras galaxias distantes, hasta pasar el fin del mundo observable, encontraríamos que hay más, mucho más… que nuestro universo no está solo; estoy seguro que puede haber otros Universos. De hecho creo que están naciendo nuevos Universos todo el tiempo. Creo que vivimos en un mar de Universos en expansión. Si pudiéramos visitar estos otros Universos, encontraríamos que algunos podrían tener propiedades básicas de la naturaleza, tan extrañas, que la materia tal como la conocemos no podría existir. Otros podrían tener galaxias, estrellas e incluso un planeta que luzca familiar, como el nuestro, pero con algunas diferencias sorprendentes.

Ella me seguía mirando fijamente. Era maravillosa. Sus perfectos pechos se movían con el oleaje de su respiración, y se comportaba como un ángel misericordioso escuchándome como nadie me había escuchado antes.


- Interesante, pero Ton,  si hay un número infinito de Universos, en algún lado, y por lógica, habrá un lugar donde todo es casi idéntico a lo nuestro, excepto por lo útiles detalles, como que quizás, haya otro Ton que tenga otra profesión. Si todos esos Universos son realmente infinitos, entonces uno debe confrontar muchas posibilidades que son muy difíciles de imaginar. Habrá otros lugares donde existan otros como tú, o yo, que lucirán, pensarán y se comportarán exactamente como nosotros, no?
-Si todos esos Universos son infinitos, efectivamente la posibilidad existe.  ¿Es ciencia? ¿Es una parte de la metafísica? ¿Es solo filosofía? No lo sé. Los físicos tienden a no hacer esas preguntas, solo dicen: sigamos la lógica, y la lógica parece llevar a eso. Por más extraño que pueda parecer, un creciente número de científicos cree que quizás sea el paso final en una larga línea de radicales revisiones de nuestra imagen del Cosmos. Recuerda que hubo una época en que pensábamos que la tierra estaba en el centro del Cosmos, y que todo lo demás giraba alrededor de nosotros. Luego llegaron científicos como Galileo y Copérnico y nos mostraron que era el Sol, no la Tierra, que estaba en el centro de nuestro sistema solar. Hoy sabemos que nuestro sistema solar es solo un barrio en las afueras de una galaxia gigante, y nuestra galaxia es una de cientos de miles de millones de galaxias que componen nuestro Universo. Ahora, todas esas ideas que sonaban a extravagantes cuando se propusieron por primera vez,  ni siquiera las cuestionamos. La idea de infinidad de Universos puede ser similar. Simplemente puede exigir un drástico cambio de nuestra perspectiva cósmica. Por otro lado algunos científicos piensan que esta teoría no es nada más que un callejón sin salida para la física.

La recorrí con la mirada en una lenta declinación, saboreando su perfección sobre aquel lienzo tenuemente iluminado. Y ella dijo:

-Verás Ton, -me dijo entreabriendo sus labios lo justo para dejar escapar el deseo- estoy muy incómoda con esta teoría. Para que se convierta en ciencia sólida tiene mucho por crecer. Ya sabes, existe de la misma manera en que los ángeles pueden existir.

-Creo que este momento esta teoría es una buena apuesta. Hay una buena posibilidad de que sea real y que en unos cuantos años la gente esté convencida de eso. En lo que tengo más dudas, es en si es infinito, o no. Yo siempre he pensado que si algo tiene un comienzo, debe tener un final, y en eso no coincido con Alan Gurth.
-¿Quién es Alan Gurth, y como surgió esta idea de infinidad de Universos, y cuál es su evidencia?
-Pues varios sorprendentes descubrimientos sugieren que realmente podríamos ser parte de un “Multiverso”. El primero de estos descubrimientos tiene que ver con la teoría generalmente aceptada del origen de nuestro Universo: El Big Bang. Según esta teoría nuestro Universo comenzó hace unos 14 mil millones de años en una explosión extremadamente violenta. A lo largo de miles de millones de años el Universo se enfrió y se fusiono, permitiendo la formación de estrellas planetas y galaxias. Como resultado de esa explosión el Universo se sigue expandiendo hoy. Pero si pudiéramos ver la historia de nuestro Universo en reversa, todo hasta el comienzo, veríamos que la teoría del Big bang no nos dice nada acerca de lo que lanzó todo hacia fuera en un primer momento. Se llama la teoría del Big Bang. Pero no dice nada acerca de la explosión en sí. No dice qué explotó, por qué o qué pasaba antes de que explotara. Entonces, ¿qué alimentó esa violenta explosión? ¿Qué fuerza podría haber dividido todo? La búsqueda por averiguarlo llevaría a los científicos cara a acara con el “Multiverso”. Y ahí es donde justamente entra en juego Alan Gurth. Gurth es un físico cuyo trabajo inesperadamente ayudó a sentar las bases de la idea del “Multiverso”. En 1979, él y un colega suyo buscaban una nueva idea acerca de cómo las partículas pueden haberse formado en el Universo primitivo. Su colega le sugirió que deberían ver si este nuevo proceso que estaban pensando influiría en la tasa de expansión del Universo. Guth  no había investigado la tasa de expansión del Universo en los primeros momentos luego del Big Bang. Pero la sugerencia de su colega hizo que revisara sus cálculos una vez más. Lo que Guth halló en los cálculos fue la evidencia de que en el medio ambiente extremo del Universo primitivo la gravedad puede comportarse a la inversa: en lugar de unir las cosas, esta gravedad repulsiva, repelería todo lo que la rodeara, provocando una enorme expansión. Inmediatamente Gurth se entusiasmó mucho. Se dio cuenta que si era correcto, podía ser muy importante. Al descubrir esta gravedad repulsiva, él había echado luz involuntariamente sobre el mismísimo comienzo del Big bang. Descrita matemáticamente esa fuerza era tan poderosa que podría tomar un trozo de espacio tan pequeño como una molécula y hacerlo estallar hasta el tamaño de la galaxia de la vía láctea en menos de una millonésima, de una millonésima, de una millonésima de parpadeo.  Después de este increíblemente corto estallido hacia fuera, el espacio continuaría expandiéndose más lentamente y enfriándose como para que se formen estrellas y galaxias, al igual que lo hacen en la teoría del Big Bang. Guth llamo a esta explosión expansiva: inflación; y cree que explica lo que hizo que el Universo se expandiera en un primer momento. La poderoso gravedad repulsiva de la expansión fue el Bang del Big Bang.

Ella me escuchaba con lasciva atención, y eso me gustaba. Mi alma y mi corazón sentían un aliento renovado; no quería que eso terminara. La Luna, en ese momento, se abrió paso entre dos nubes, dejando expandirse una luz celestial. La figura refulgente de Ana se abrió paso a través de la cortina de la tenue luz que la alumbra… y contemplé una diosa. Sacó su  paquete de tabaco y me dijo:
-¿Quieres un cigarrillo?…
-Claro, gracias.

Encendió dos, me pasó uno, y saboreé su lápiz de labios. De repente el corazón empezó a latirme tan fuerte que no oía nada más. Quería alargar la mano y tocarla, paladear su sabor…Pero en ese momento, justo en ese preciso momento, oí una voz que no hubiera querido oír:

-Por fin te encuentro, Ton, llevo un buen rato buscándote…me presentas a esta bella chica…¿o me presento yo?

Sí queridos amigos y amigas, lo han adivinado, era mi amigo Josep. Yo lo miré con cara de perro de la sabana africana (es un perro con mucha mala leche), y recordé las palabras de  Ramiro de Maeztu: la vida se nos presenta en un dilema insoportable: lo bueno no dura; lo malo se presenta cuando menos lo esperas.

-Hola preciosa… ¡bonitos ojos!-le dijo él-.
-Hola. ¿Nos conocemos?
-Pues no estoy seguro, pero haz como si no…lo hacen casi todas…jajaja.
-Bueno, bueno… A ver si lo entiendes, me importa un comino si soy guapa  o si dejo de serlo… no me importa ni mi cara, ni mis ojos, ni si mi casa es de dos o tres pisos… Y no creo haberte dado confianza para llamarme preciosa.

Josep sonrió con malicia.

-Es pronto aún, dame solo un poco de tiempo.
-Y también me importa un comino la gente graciosilla y presuntuosa.
-Oye, me he perdido… ¿qué es un comino?

Ella se encogió de hombros.

-Da igual…no importa…
-Espera, volvamos a empezar-dijo Josep-.

En ese momento, de detrás suyo, como por arte de magia, saca una rosa roja, se la entrega y le dice:

-No la tires a la papelera hasta que me haya ido.
-Gracias….tengo que admitir que…
-Una bella flor, con mucha fragancia, para disculparme-interrumpió Josep-… ¿a que ahora no te explicas como has podido desconfiar de mí?
-El detalle de la rosa ha estado mucho mejor…Me siento muy aliviada —murmuró ella, con una leve sonrisa—. Descubrir que en el fondo tienes menos sensibilidad que una tenia, habría sido descorazonador para mí.
-Sí, lo comprendo. Por cierto, me llamo Josep, pero (en ese momento me miró de soslayo y enfatizó exageradamente sus palabras) MIS VERDADEROS AMIGOS, los que no me dejan tirado, me llaman Pep. Bueno, ¿de qué hablabais antes de mi llegada?
-Del Cosmos.
-Vaya… -Reclinó el cuerpo contra el respaldo de su silla- Últimamente hasta una lección de botánica es más divertida que soportar a Ton, eh?

Ella lo miró con decisión.

-Pues la verdad es que a mí me gusta hablar de…

Josep sonrió lentamente y la interrumpió.

-Te voy a contar algo divertido, nada de Cosmos ni Universos paralelos. Algo que nos pasó a Ton y a mí. ¿Conoces ese local tan de moda…el “Just in Fire”?

A Ana no le gustó la sonrisa de Josep, ni la interrumpción. La puso nerviosa y eso la irritó. Para terminar de empeorar las cosas, El muy idiota sacó un tema que no debería haber sacado.

-Sí. Pero no me gusta.
-A mi tampoco. Te cuento. No hace mucho, dos o tres semanas, quisimos entrar gratis, y se me ocurrió emplear la táctica del detective privado. ¿La conoces?

Yo carraspeé disimuladamente antes de que ella respondiera.

-No, creo que no. ¿Debiera conocerla?
-No, claro, son demasiadas tácticas para conocerlas todas-añadió Josep-. El caso es que llegamos a la puerta del local, y le digo al portero:

-Buscamos a un hombre con un lunar en la nariz.
-¿Un lunar en la nariz? ¿Como va vestido?
-¿Como voy a saber como va vestido un hombre con un lunar en la nariz... quien sabe?

Entonces viendo la cara de pocos amigos del portero le digo, me molesto en revelarle que el hombre que buscamos con un lunar en la nariz, no sé como irá vestido, pero sé que es chino… “Por si le sirve de algo” –añado con una sonrisa-.
-¿Como lo sabes? –Me pregunta cada vez más mosqueado-.
-Uno que tiene intuición -replico yo-.
-Siento decirles, lamento comunicarles, que no he visto a nadie con esas características…no he visto a un hombre, que es chino, con un lunar en la nariz y que no sabemos como viste…así que váyanse ahora mismo, largo de este local o tendré que hacerles daño…dándoles un mordisco en la nariz-nos dice el portero-.
-Oh…vámonos-contesto yo-.
-Sí, mejor vámonos –añade Ton-.
-Jajaja, ¿a que es divertido?…más que el Cosmos, ¿no? ¿Quieres que te cuente la historia de la limusina? -anunció el muy capullo, sonriente-.

Ana lo miró.

-¿Has dicho limusina? —Repuso, cruzando las piernas— ¿Qué clase de limusina exactamente?
-Sí, la limusina…espera, te explico…una noche estábamos Ton y yo ligando con una chica que acababa de llegar de Panamá, eso está por Sudamérica,y...
-Centro américa. Está en Centroamérica-dijo ella-.
-Bueno qué más da...sudamérica, centroamérica, es todo lo mismo, la cuestión es que me pregunta que qué coche tengo. Una limusina-le digo yo-. ¿No está mal verdad? Corre que se las pela. Mide más de lo normal y tiene estilo. Con televisión, bar, y hasta un campo de golf en el maletero. Y tiene bañera por si nos apetece darnos un baño. Entonces cuando ya la tenía embelesada…ya me entiendes, a punto de…

Ana se quedó un momento pensativa.

—Bien, veamos a ver si lo entiendo. ¿Quieres decir que para follar, tú y Ton os inventáis lo que haga falta?

Di un sorbo y noté que Ana me observaba discretamente. Era fácil leer sus pensamientos. Había llegado el momento de hacerse con el control de la situación. Miré a Josep, le sonreí con sequedad, añadí un fuerte pisotón soterrado, y dije:


-¡Vale… vale ya, Josep! No creo que a Ana le interese esta tonta historia. Ni ninguna otra.
-Oh sí que me interesa, Ton –dijo Ana con cara avinagrada-. ¡Vaya que si me interesa!-remató-.
—Esto más que una historia real, es una broma. Es evidente que Josep tiene mucha imaginación-añadí yo-.
 -Ejem…Bueno, creo que Ton tiene razón, Ana. Tampoco es tan divertida la historia-dijo Josep dándose cuenta, tarde, muy tarde, de su metedura de pata-, la verdad es que hablar del Cosmos es mucho más interesante.

Ella dejó su vaso de Bourbon, sonrió con sequedad, y se puso en pie.

—Sí, claro —murmuró —. Ah, recuérdale a Alan Gurth-dijo mirándome a mi-, si lo ves, claro,  que no solo se expande el Universo…también la mentira y la farsa. —Apretó los labios—, espero que seas realmente como me pareció que eras, antes de la llegada de tu amigo. Un hombre inteligente, culto, ingenioso…de la vieja escuela, como los que se describen en esas fantásticas novelas británicas de misterio, no uno de esos desgraciados que salen por la noche en busca de carne fresca, pistola en mano.

La miré a ella, luego lo miré a él, y empecé a preguntarme, una vez más,  si había hecho bien al acudir a ese local con Josep. Además, tenía el presentimiento de que sería muy difícil deshacer el error. Ana no parecía la clase de mujer que fuera a permitir fácilmente que la convenciera de que todo eso había ocurrido en el pasado, que yo ahora era diferente, más responsable, más cabal…más…

En fin...¡Qué más da! Mi felicidad en un pozo... pero como dijo George Bernard Shaw: ¡Una vida llena de felicidad! Nadie podría soportarla, porque sería un infierno en la tierra.

FIN.

12 mayo 2012

Las aventuras de Ton en Cabo Verde.

…Un coche negro se acercó hasta detenerse en la puerta principal de la mansión “Villa Évora”. Eran las nueve y ya había anochecido. La lluvia de agosto golpeaba las ventanas del salón, así que las personas reunidas allí no podían ver quién conducía el vehículo. Pero había pocas dudas sobre la identidad del recién llegado.


— ¡Supongo que ahí está tu viejo amigo! —dijo el novio con satisfacción.

Vestía un elegante smoking. Miró su reloj de oro  y se tocó el canoso bigote.

—Muy puntual. Buena señal -añadió-. Admiro a los hombres que conocen el valor de la puntualidad.
—Espero que hayamos hecho lo correcto —murmuró Belén Trinkova, preocupada.

Ella estaba sentada al lado de él con un vaso de Sherry en la mano. También estaba vestida para la cena. Su vestimenta era casi tan correcta como su maduro novio, y la llevaba con una elegancia que su edad no había podido disminuir. Belén podría ser experimentada, pero, desde luego, no era vieja. De hecho, era extraordinariamente atractiva. Había algo de inocente en su cara, a pesar de que debía de estar cerca de los cuarenta y tantos. Su aspecto era de maestra de escuela o bibliotecaria. Probablemente había leído muchas novelas de Milán Kundera, pero ahora ya no, y seguía luchando interiormente por creer que los hombres eran una especie de caballeros andantes que luchaban por qué resplandecieran la verdad y la justicia. Definitivamente no era el estereotipo de “femme fatale”. Sin embargo, ningún hombre podría negar que hubiera sentido un impulso irresistible de introducir sus dedos en la melena de rizos negros que adornaba su cabeza. Parecía una mujer delgada, pero no carecía de curvas.
 El Novio bebió un trago de su Martini y miró  a Belén a través de las gruesas lentes de sus gafas.

—Hemos hablado de ello más de cien veces, Belén. No teníamos otra elección. Ton se iba a enterar tarde o temprano.  A veces hay que evitar males mayores adelantándose a los acontecimientos.

Él tenía unos cuantos años más que ella, pero sus antecedentes, como veremos más adelante, eran muy diferentes. A él no le habían enseñado de pequeño a ser elegante. Para él, vestirse para la cena significaba ponerse un smoking sin reparar en si los calcetines iban a juego. Además aquella noche se había colocado encima todo el oro de Fort Knox. Incluso lucía un medallón de Swarosky sobre su camisa de popelina con volantes.
Salimos del coche, mi inseparable amigo Abdul y yo, y nos dirigimos a la mansión. Mientras caminábamos me preguntó:

— ¿Hace mucho que la conoces?
— Sí. Se presentó en el campus de la Universidad de verano de Santander un fin de semana del año 87 para tomar apuntes… y se quedó un mes. Ha pasado desde entonces mucho tiempo. Era brillante, y muy sobresaliente en razonamiento abstracto. Me obsequiaba con acertijos matemáticos, y siempre me dejaba usar su coche. La verdad es que el hecho de que no tenía carné de conducir ayudaba mucho.

Entramos, me detuve en el umbral del majestuoso salón, y Abdul me dijo:

— ¿Y ese que está a su lado es su esposo?
— Aun no, será el numero 3. De uno se divorció, otro se suicidó. Eso fue antes de que viniera aquí, a Cabo Verde.
— Creo –dijo Abdul- que esa brillante chica no ha sido brillante en lo que a esposos se refiere.
— Creo que ha perdido algo que no encuentra, en alguna parte del camino –repliqué yo-.

Belén nos vio, se giró hacia su novio y le dijo:

— Oh, disculpa, ahora vuelvo…

Salió con paso ligero hacia nosotros, pero antes se miró en el espejo que colgaba cerca de la chimenea. Aquella noche había elegido un traje pantalón de seda negra que sabía realzaba su esbelta figura. Su melena de rizos, negros como una noche sin Luna, estaba recogida y sujeta con un pequeño foulard con la bandera de Cabo Verde, en una coleta sobre la nuca. Se observó con ojos críticos. Quería, supongo, que la encontrara sofisticada y eficiente.

— Ton, te agradezco mucho que hayas venido a mi fiesta.

La miré embelesado. Abdul también, pero él  parecía que acabara de salir de la sala de urgencias del hospital más cercano. Estaba en estado de shock.

— ¡Preciosa!
— ¿Qué?-dijo ella sonriendo-.
— ¡Preciosa! -repetí-.

Me miró asombrada, y el corazón pareció darle un vuelco.

— Ah, jajaja, gracias.
— Bonita fiesta.
— Te lo agradezco
— Y buen pianista -dijo Abdul mirando hacia el enorme piano que tocaba un músico de color… negro-.
—Es Johnny “Dedos largos”, ha venido directamente desde Nueva Orleans ¿le agrada, Señor…?
— Abdul, -inclinó la cabeza-, me llamo Abdul Bagud del oasis de Baghera yihad. , y he brotado de la frente de la estirpe de mi señor Mahoma, que las bendiciones sean con él.

Belén tosió discretamente.

— Encantada señor Bagud.
— Bueno, creo que iré a dar una vuelta -dijo Abdul para dejarnos a solas-.
— Sí, muy bien…, si le apetece una copa puede pedirla.
— Se lo agradezco, pero no bebo nunca, mi profeta Mahoma, las bendiciones y la paz sean con él, me lo prohíbe.

Belén carraspeó.

— Ah, sí, claro, lo entiendo.
— Mi profeta Mahoma, las bendiciones y la paz sean con él, es muy estricto con esas cosas…pero aprovecharé para a hablar con el pianista-replicó Abdul mientras se alejaba-.

Belén carraspeó de nuevo, luego me miró con decisión. Era fácil leer sus pensamientos. Suspiró y me dijo:

— ¿Bailamos?

Sonreí lentamente al tiempo que sentí una oleada de excitación.

— Sí, claro, yo soy lo mejor que hay disponible -contesté mirando a mi alrededor-.
— Bien.

Nos dirigimos al centro de la sala, y la cogí por la cintura para marcarle el ritmo salsero que resonaba en el salón.

— Veo que aun sigues siendo un gran bailarín-me dijo-.

La miré pensativo.

— ¿Es eso cierto?

Ella asintió.

— Gracias, por el elogio-contesté-.
— De todos los hombres que he conocido en mi vida, tú eres el que se ha quedado en mi memoria.
— Hace mucho que nos conocemos, ¿verdad, Belén?
— Si…sabes, viéndote entrar hoy he vuelto a sentir las mismas emociones de antes.
— Dime, ¿donde fuiste después de dejarme aquella noche?
— Me fui con Pedro Jorge Ramírez.
— ¿Con quién?
— Con Pedro Jorge Ramírez, el director del diario “El Globo”…finalmente me dejó por mi mejor amiga, Eva.  Ahora me voy a casar con Ricky, ahí está, hablando con mi amiga Susana, esa bruja no me lo robará, ella no sabe trazar las curvas Besiers como yo. Es guapo, ¿no crees?
— Belén, yo solo veo a uno más en tu vida, solo eso.
— Nada de eso, te aseguro que no esta vez…Escucha, al fin pude hallar lo que buscaba. Por fin se acabó el deambular sin horizonte de mi corazón. Esta vez se enamoró.
— Ojala en esta ocasión sea en serio.

Mientras tanto, Abdul estaba con el pianista de color…negro, hablando y husmeando, creo.

— Hola, ¿qué tal? Me llamo Abdul Bagud  del oasis de Baghera yihad, y he brotado de la frente de la estirpe de mi señor Mahoma, que las bendiciones sean con él.
— Es un placer, yo soy Johnny…de Nueva Orleans.
— Abdul lo miró fijamente, como solo él sabe hacer, y le dijo:
—Johnny ¿Le gusta su trabajo?
—Me encanta.
— Se nota ¿Johnny, quien es ella? -Preguntó Abdul señalando a Belén -.
—Su nombre es Belén Trinkova, mantiene el apellido de su primer marido, un ruso muy rico de San Petersburgo. Somos amigos desde que la conocí en Nueva Orleans. Seguía culpándose a sí misma del Tsunami que asoló la ciudad  cuando la abordé. Estaba bebiendo en un rincón de la barra del “Jazz Club”. Me acerqué a ella y la invité a una copa. Luego le dije que el Tsunami no era culpa suya, que tarde o temprano tenía que pasar. Estuve más de una hora hablándole del cambio climático, y de otras desgracias naturales que habían ocurrido en el mundo. Aún recuerdo como si fuera ayer lo que me contestó: “Sí, eso me hace sentir mucho mejor.”
 Y nos hicimos amigos.

—  Ah, ¿Y por qué es tan importante, y rica?
— Por ganar un millón de euros en un premio de Infografía convocado por uno de los mafiosos más ricos de Cabo Verde. “Ricky el Porompompero”.
— Ah, ¿entonces es infógrafa?
— Lo era, ahora es “Rica”-remató Johnny-.
— Ya lo veo ¿Y qué es lo que dibujó para ganar el concurso?
— Un cargamento de alcaloides.

Abdul respiró cuidadosamente y frunció el ceño.

— ¿Cómo?
— Dibujó un cargamento de alcaloides. Lo hizo tan bien que él la pidió en matrimonio. Pero ella, en aquella ocasión, se negó. Todo el mundo cree que Ricky el Poromponpero, finalmente, accedió a aprender a dibujar y trazar “curvas Besiers”, y ella, entonces, aceptó casarse con él.
— Está bien. ¿Y... como hizo el resto de su fortuna?
— Con el millón del premio compró municiones y armas. Dicen que está mezclada en una revolución, quizás en Sudamérica, Centroamérica, o…Norteamérica.
— ¿Y las armas donde están?
 — Se cree que aquí, en Cabo Verde.

Varias horas después, la fiesta acabada, y ya de vuelta al hotel, yacía apoyado contra los almohadones, contemplando el baldaquín de mi cama. Pensaba alternativamente en tres cosas diferentes: en el reencuentro con Belén, en la historia que Abdul me había contado referente a sus actividades revolucionarias, y en Lola. De las tres, la idea de Lola durmiendo en otra cama a miles de kilómetros de distancia era lo que más me turbaba, pero decidí aparcar la idea, suspiré, y volví a pensar en Belén. La verdad era que me había sentido fascinado por ella desde el momento en que la conocí. Tal vez fuera su audacia al presentarse a un concurso de infografía convocado por un mafioso de Cabo Verde. La mayoría de la gente nunca lo habría hecho.
Sin duda, había necesitado valor. Y yo admiraba el valor.
Me coloqué de lado y lancé un gemido. Intenté decidir qué era lo que me gustaba tanto de ella. No era una gran belleza y, para ser una infografista de apellido tan sonoro, tenía una lengua muy afilada. Pero había algo en ella que me atraía sin remedio y, después de pensar un rato en ello, creí haber descubierto lo que era.
Había reconocido en Belén el mismo deseo ingenuo de ayudar a los débiles e inocentes que yo tuviera en el pasado y que me condujo a meterme en tantos líos. Aquello explicaba, sin duda, que, de ser verdad,  se hubiera metido en temas revolucionarios. Estaba haciendo todo lo posible por proteger a los más débiles y desprotegidos.
Estaba claro que Belén Trinkova no había aprendido todavía que el trabajo de caballero andante era una pérdida de tiempo y una tarea que nadie solía agradecer.
Miré el reloj de la mesilla de noche y, al ver lo avanzado de la hora, intenté olvidar mis pensamientos y dormir. Un rato después, convencido de que aquello no me iba a resultar fácil, decidí que, ya que no podía dormir, podía empezar a dibujar. Antes o después tendría que descubrir si era capaz de hacerlo.

(…Continuará)

¿Un fraude Lunar?

El domingo por la mañana me pasó algo curioso. Fui a desayunar con Josep (ya saben ustedes de quien hablo…el que se acostó con la segunda mejor amiga de su mujer y bla bla bla…) y como es habitual tuvimos un desencuentro cultural. Todos ustedes saben, y si no lo saben aquí estoy yo para ponerles al día, que el 20 de julio de 1969 el hombre llegó a la Luna. Sin embargo Josep, ese sabelotodo, ese ratón de Youtube,  niega que el viaje se haya realizado. En su disquisición dominical, entre bocado de butifarra y cucharada de “mongetes del gantxet”, el muy capullo me señaló que la nave Apolo nunca habría despegado de Cabo Cañaveral. Y eso no fue todo, sino que llegó a denunciar la inexistencia del viaje a la Luna, e incluso me llegó a negar la existencia misma de la Luna.


-Todas las fotos y las filmaciones que existen del viaje han sido trucadas o son baratos efectos de utilería – me dijo-.

-Sí, claro, el engaño es evidente: lo que todo el mundo tomó por la cápsula lunar eran los restos de un calefactor mezclados con mi heladera -repliqué yo con fina ironía-.

-Ton, créeme –contestó él-, ese mamotreto tenía menos posibilidad de volar que el Monte Fuji.

Josep me argumentó que las presuntas fotos fueron obtenidas en el interior de un gigantesco hangar ubicado en el desierto de Mojabe durante la filmación del fraudulento alunizaje.

-No cuesta mucho ver que la bandera no se mueve y que no hay polvo lunar en el módulo espacial -me dijo muy serio-. Todo ha sido un montaje. Mira, por ejemplo, en la filmación, el que salta de la nave no es Neil Amstrong: es un actor. Mi sobrino hizo un experimento con la computadora y ahí se nota a la legua que no es Amstrong.

La verdad, queridos amigos y amigas, que yo muchas ganas de discutir con Josep no tenía. Era domingo, y necesitaba reservar todas mis energías para afrontar una nueva semana, así que le dije:

- Bueno, tu observación es gravísima, aunque posible. La ilusión posibilita cualquier engaño.

- Mira Ton, te pondré otro ejemplo, tú crees que los ascensores suben y bajan, cuando en realidad, y eso lo he visto en un documental de mecánica cuántica, se mantienen estáticos y lo que se mueve es el edificio. Entonces, por qué rechazar mi testimonio, eh?

- ¿Acaso porque te han  detenido 13 veces por escándalo público e internado 6 meses en un manicomio de Pallejá? –Repliqué yo-.

- Los locos y los niños son los únicos que dicen la verdad, Ton.

- Eso lo dijo un mentiroso-concluí bruscamente al mismo tiempo que le guiñaba el ojo a la camarera para reclamar su presencia, y así poner punto y final a esa conversación peripatética-.

Ya lo ven amigos, Josep es así, pintoresco y esperpéntico, ahora queda en nosotros celebrar el próximo 20 de Julio como el aniversario del primer alunizaje o, como ese capullo, recordar la tristeza de un fraude memorable.

La tragedia del “Hispánic”.

Hubo un tiempo en que llamaron al Hispánic: el barco de los sueños, y lo era, realmente lo era.
El Hispánic fue construido en los astilleros de la transición allá por el año 1978.
Se diseñó usando algunas de las más avanzadas tecnologías disponibles en aquel tiempo, tales como mamparos herméticos que dividían el casco en 17 secciones independientes (Autonomías) y que se creía que podían mantenerlo a flote en caso de rotura de alguna parte del casco (Cataluña, Euskadi); ello hizo que el Hispánic fuera considerado por sus constructores, "insumergible". Iba dotado de una potente estación de telegrafía (Partidos políticos, medios de comunicación afines, sindicatos etc etc…), y un nuevo diseño de hélice de tres palas (Poder legislativo, poder ejecutivo y poder judicial). El Hispánic era más lujoso que el RF Alemanic, el MP Inglaterric y el RF Francic, y el estándar al respecto no tenían comparación con las instalaciones de primera clase en cuanto a lujo se refiere.
El Hispánic inició su viaje inaugural partiendo desde la precariedad hacia la sociedad del bien estar con 38 millones  de personas a bordo, recogiendo en el trayecto hasta su trágico final, 7 millones más para llegar al total de 45 Millones. Para cuando llegó a avistar el estado del bien estar, el Hispánic no tenía rival en lo que se refiere a lujo y elegancia. Contaba con decoraciones basadas en estilos clásicos, tales como el Imperio, Regencia, Luis XIV, Luis XV, Luis XVI, Adams, Moderno,  entre otros. Fue equipado con una piscina interior, un gimnasio, una cancha de squash, un baño turco, y una sala de recepción, entre otras comodidades para uso exclusivo de primera clase, eso sí.
El Hipánic tuvo un viaje placentero. Los años transcurrieron sin novedad, pero el 15 de Noviembre de 2008 (Quiebra de Lehman Brother’s) llegaron los primeros informes de avistamiento de bloques de hielo en la ruta; al menos una docena de mensajes pudieron ser recibidos antes de que el telégrafo (Banco de España y analistas del gobierno) fallara por un periodo de 12 meses. Efectivamente, los radiotelegrafistas empezaron a recibir avisos de peligro de icebergs, los cuales fueron ignorados o no tomados muy en cuenta por la oficialidad al mando.
El clima se enfrió a medida que el Hispánic se acercaba a las grandes turbulencias creadas por los grandes “bancos” de Terranova y el capitán JL.R.Zetapé ordenó alterar un poco el rumbo para pasar más hacia el sur de los grandes sectores de icebergs. La velocidad era de 22 nudos y consultaron a JL.R.Zetapé si podía bajarla, a lo cual éste se negó aduciendo que deseaba hacer el mejor tiempo en su viaje inaugural.
El 10 de Mayo de 2010, la noche era estrellada y el mar estaba excepcionalmente tranquilo. Alrededor de las 22:30, el capitán Zetapé se había retirado a su camarote de babor (había dejado vigías extras en el sector de proa).
A las 23:40 de la medianoche, mientras el Hispánic navegaba a 22,5 nudos (41,7 km/h), el vigía (E. Salgado, ministra de economía) avistó un iceberg por delante a menos de 500 metros de distancia y con una elevación de unos 30 metros sobre el nivel del mar. ¡Dios mio! - Exclamó ella-. Hizo sonar la campana tres veces y telefoneó de inmediato al puente de mando.
El capitán JL.R.Zetapé, tomó las medidas que creyó correctas e intentó evitar la colisión, primero girando el timón todo a babor, seguidamente dando marcha atrás, lo cual fue fatal pues el timón perdió una presión de virada. El barco en el último minuto logró evitar el choque frontal (con el que seguramente no se habría hundido y habría sido capaz de al menos flotar estando dañado). Seguidamente Zapatero ordenó viraje a estribor, quizás demasiado pronto, sin sospechar que el iceberg (que era más alto que el Monte Everest) se extendía a los costados por debajo del mar. Finalmente el buque rozó el iceberg abriéndose las placas de estribor a 5 m de profundidad con 6 brechas diferentes que en total sumaban unos 100 m de rasgaduras y 5 compartimentos abiertos al agua. El Hispánic quedó sentenciado.
El capitán Zapatero se informó de lo ocurrido. Hizo detener de inmediato el barco e hizo llamar a A. Merkel, la carpintera, para repasar todo el barco. En ese momento, A. Merkel, en inspección del sector griego, fue informada por su señalero  y por sus consejeros de que en el estanque de pique de proa se escuchaba un silbido inusual, señal de que el agua estaba desplazando con fuerza el aire contenido a presión en su interior.
Merkel informó al capitán Jl.R.Zetapé en presencia de la cúpula de U.E (representante de la compañía), que cinco de los compartimentos estancos delanteros de estribor se combaron hacia dentro, saltando los remaches e inundándose. Al principio el daño no pareció fatal; sin embargo,  después de repasar el barco con la carpintera A. Merkel, ésta predijo lo increíble: el hundimiento del Hispánic sería a más tardar entre dos y cuatro años.
El capitán Zetapé y la oficialidad quedaron helados y de una pieza, estupefactos: Zapatero, intentando no difundir el pánico, instruyó a sus oficiales para el abandono del barco. Impactado y en estado de shock, JL.R.Zetapé sabía por simple aritmética que muchos pasajeros morirían por el escaso número de botes. De ahí en adelante, a pesar de su obligación, Zetapé se mostró irrelevante con el correr del escaso tiempo, errático y ajeno a la situación y en su forma de actuar, y finalmente fue relevado en el mando por un capitán anodino (M. Rajoy) que prometió salvar la nave reformando los 17 mamparos (autonomías), pero que solo se ha dedicado, hasta ahora, a reordenar las sillas de la cubierta del Hispánic, mientras éste se hunde.
Para terminar, solo decir que una de las causas del elevado número de víctimas fue que, a pesar de cumplir con todas las normativas democráticas de la época de su botadura, el barco sólo llevaba botes salvavidas para 100.000  miembros de la tripulación (políticos electos), 25.000 suboficiales (altos cargos públicos), 15.000  oficiales (Banqueros y empresarios del Ibex 35). Un elevado número de hombres mujeres y niños murió debido al rígido protocolo de salvamento que se siguió en el proceso de evacuación de la nave, conocido como "mujeres y niños primero" (Banqueros, grandes empresarios y clase política), y al poco tiempo disponible, debido al mucho tiempo perdido.


-¿Qué... no querían saber lo que pasa? . Pues ahora ya lo saben.

Como dijo Francisco de Paula Santander: Vale más un desengaño, por cruel que sea, que una perniciosa incertidumbre.

06 mayo 2012

La taza de té (Cuento Zen).

Es conocida la historia de Nan-in, un Maestro japonés que vivió en la era Meiji, y lo que le sucedió con un profesor universitario que fue a visitarlo intrigado por la afluencia de jóvenes que acudían al jardín del Maestro.

Nan-in era admirado por su sabiduría, por su prudencia y por la sencillez de su vida, a pesar de haber sido en su juventud un personaje que había brillado en la Corte. Aceptaba en silencio que algunos se sentaran con él al caer de la tarde, pero no debían importunarlo después de la meditación. Entonces, parecía algo serio y hasta hosco, pero no era más que la necesaria readaptación mientras trabajaba en su jardín, pelaba patatas o remendaba la ropa.
El prestigioso profesor se hizo anunciar con antelación haciendo saber que no disponía de mucho tiempo, pues tenía que regresar a sus tareas en la universidad.
Cuando llegó, saludó al Maestro y, sin más preámbulos, le preguntó por el Zen. Nan-in le ofreció el té y se lo sirvió con toda la calma del mundo. Y aunque la taza del visitante ya estaba llena, el Maestro siguió vertiéndolo. El profesor vio que el té se derramaba y ya no pudo contenerse.
- ¿Pero no se da cuenta de que está completamente llena? ¡Ya no cabe ni una gota más!
- Al igual que esta taza, – respondió Nan-in sin perder la compostura ni abandonar su amable sonrisa -, usted está lleno de sus opiniones. ¿Cómo podría mostrarle lo que es el camino del Zen si primero no vacía su taza?
Airado, el profesor se levantó y con una mera inclinación de cabeza se despidió sin decir palabra.
Mientras el Maestro recogía los trozos de porcelana y limpiaba el suelo, un joven se acercó para ayudarle.
- Maestro, ¡cuánta suficiencia! Qué difícil debe de ser para los letrados comprender la sencillez del Zen.
- No menos que para muchos jóvenes que llegan cargados de ambición y no se han esforzado por cultivar las disciplinas del estudio. Al menos, los estudiosos ya han hecho una parte del camino y tienen algo de lo que desprenderse.
- ¿Entonces, Maestro, cual es la actitud correcta?
- No juzgar, y permanecer atento.

03 mayo 2012

...Y todo por un reloj de diez euros.


Esto que les voy a narrar es tan verídico como que el Infierno existe. El martes pasado, día festivo como todos ustedes saben, estaba yo en lo mejor de mi siesta, cuando sonó el timbre de la puerta. Levanté lentamente la cabeza y por un momento no pude hacer otra cosa que mirar atónito mi reloj. Eran las cuatro O´Clock, o sea, las cuatro de la tarde. Estaba claro que a esta hora solo podía ser Josep. ¿Quién más podía ser tan inoportuno? Atravesé con paso lento el pasillo, abrí la puerta, y sin decir nada volví a mi sofá para continuar descansando.

-Ton, tienes que dejarme el ordenador, el mio está averiado, y tengo que escribir una carta.
-Sí claro…¿pero es tan urgente?
-Lo es. Ya sabes lo que me pasó el otro día, te lo conté…lo de la chica en bicicleta…la lluvia…mi reloj…
-Sí, ya lo sé…¿Y?
-Pues que quiero escribir una carta al Director de mi empresa para quejarme, y de paso reclamarle…
-Mira Josep, haz lo que quieras, allí está el ordenador…pero déjame dormir.

El pobre se sentó frente al ordenador, se rascó la cabeza  y empezó a balbucear. Es típico de Josep,  y me dijo:

-No sé como empezar esto ni como dirigirme a esas personas…Transexport Corporation…Transexport Corporation… Señor Director general…
-Podrias usar un termino incorrecto y meter la pata, no hagas eso…-le dije yo medio dormido-.
-¿Quien hizo lo importante…eh? –replicó él-.
-Olvída el reloj, se mojó y se estropeó. Solo valía diez euros, perdonales…
-Fuiste tú quien lo hizo…?
-No, yo no fui…
-Aaah… yo hice lo más importante…quien salió aquella tarde fría y lluviosa? ¿Quien buceo bajo una lluvia torrencial, haciendo lo que debía hacer y arruinando de esa forma su reloj?
-Fuiste tú, es cierto…
-Síií señor… así que les diré a los de Transexport Corporation que me lo paguen…
-No lo hagas, anda, olvida los diez euros…
-Has oído algo llamado principios?
-¡Sí, pero no vas a emprender una cruzada por diez euros!
-No voy a permitir a mi empresa, Transexport Corporation, estas cosas, porque quien sabe a donde pueden conducirnos.

Me incliné hacia él,  y le dije:

-A donde, ¿eh?
-Pues yo creo que …a…a… ¿a que viene esta pregunta? Con mi cuenta de gastos solo puedo tener una camisa limpia a la semana debido sobre todo a los gastos extras, ¿sabes?
-Escucha, fue tu culpa…
-¿Que fue mi culpa…?
-Sí, fue tu culpa…
-Oh, ya está aquí Ton, el que siempre tiene razón. Si sabes todo por qué no me lo explicas…como habiendo salido bajo aquella tromba de agua colosal, haciendo lo que era mi deber, repito, entre columnas de agua y montañas de espuma y el incesante tronar de rayos y centellas, con el fin de conservar la dignidad, y…y…
-¿La gloria?
-…eso es, conservar la gloria de mi empresa en momentos de necesidad,… eh, espera un minuto esto va teniendo sentido (volvió a teclear el ordenador)…con el fin de conservar…
-Te he dicho ya que fue culpa tuya…en primer lugar tu empresa te regaló dos relojes, uno bueno, y uno malo ¿o no lo recuerdas?...me oyes… el primero lo consideras algo así como un seguro, es … para pagar la cena cuando te quedas sin dinero…el segundo reloj es para las trombas de agua y para nadar todo lo que quieras, ¿no? Y tu decidiste ir a recoger a aquel cliente al aeropuerto, sin paraguas, ni chubasquero, con tu maravilloso reloj de pulsera. Así que es tu culpa…olvida los diez euros.
-Silencio por favor y dejame continuar con esto. A ver donde estoy…donde esta eso…empieza según recuerdo…si,… el lunes por la tarde, bajo una tormenta descomunal, recibí la comisión de ir a recoger al aeropuerto de El Prat a un cliente muy importante, procedente de Kyoto. Éste cliente llegó a la hora determinada y después de la protocolaria presentación nos dirigimos al coche aparcado delante de la puerta G del aeropuerto, y salimos en dirección a la autovía de Castelldefels. El coche iba solo, recorriendo la concurrida carretera de entrada a Barcelona,  mi mente no lo conducía ni lo guiaba; estaba ocupada en algo mucho más importante que requería de toda mi capacidad de concentración. Y Todo fue  bien, hasta que se aproximó una muchacha en bicicleta…

Yo, por mi parte, seguía con mi siesta, sin hacerle caso… cuando a la media hora oí:

-Ajáaaaa…ajaaaaa…
-¿Qué te pasa Josep? Vamos, que quiero dormir, joder!…deja eso ya anda…te pagaré los diez euros de mi propio dinero.
-Siento mucho tu desprecio cuando deberías estar ayudándome. Es terrible, solo lloriqueas porque no te dejo siestear. Mira ni William shakespeare escribiría tan hermosa carta, verás, te la voy a leer…
-Josep, déjalo ya. Tuviste suerte de no matar a aquella chica al atropellarla. Olvida los diez euros…
-No, mañana por la mañana pondré esta carta en el buzon. Tendré en alto la cabeza y marcharé con dignidad si la envio. De no hacerlo no podría vivir ni tampoco…
-Ok, muy bien, envíala mañana si es tan importante para ti -dije interrumpiéndole y ver con extrañeza su rostro satisfecho y triunfador- pero luego no me digas que no te avisé.

A él le gustó que finalmente le apoyara en su disparatada idea. No es un hombre de acción, nunca lo ha sido, es más bien un pusilánime. De ahí su euforia. En fin, ya lo ven ustedes queridos amigos, Josep cree probable que la empresa, Transexport Corporation, le devuelva los diez euros que valía su reloj, pero como todos sabemos, la probabilidad es la característica de un evento, que hace que existan razones para creer que éste se realizará. Dicho de otra manera, La probabilidad p de que suceda un evento S de un total de n casos posibles igualmente probables es igual a la razón entre el número de ocurrencias h de dicho evento (casos favorables) y el número total de casos posibles n.  O sea, que la probabilidad es nula.