30 mayo 2012

España entre el coraje mal entendido y la obstinación.


Orgulloso y valiente, Mariano Rajoy va repitiendo que España no solicita ni necesita  ayuda externa. “España no necesita salvaguardias especiales en la zona del euro” dice él, poco convencido, y con la boca chica. “Vamos a salir por nosotros mismos, sin pedir nada a nadie”, remata con firmeza. En resumen, la misma situación anterior al rescate de Portugal o Irlanda, por no hablar de la de Grecia.

La gran confianza de nuestro presidente huele a gesto quijotesco. "No habrá plan de rescate europeo para el sector bancario español", dijo nuevamente ayer después de un día de agitación en los mercados bursátiles. Esto se tambalea cada vez más: el estado de los bancos españoles alimenta ya una desconfianza cada vez mayor.

Nuestra situación, no olvidemos que somos la cuarta economía de la zona euro, pesa sobre el número tres, Italia - lo que realmente no necesita, mientras que Grecia está al borde del colapso.

De ahí la pregunta planteada por muchos observadores: ¿Hace bien España en no pedir ayuda exterior? Claro que no. Nuestra temeraria valentía en querer salvar, solos, nuestro sector bancario - qué tarea más difícil – lo único que hace es debilitar aún más la zona euro y por siguiente a nosotros.

Desde luego que los precedentes no están de nuestro lado. Tanto en Dublín como en Lisboa, han mantenido durante mucho tiempo el mismo discurso: no necesitamos ayuda. Y luego, cuando estos gobiernos ya no pudieron financiar su deuda en el mercado, tuvieron que resignarse a buscar ayuda externa. Pero eso, como todos sabemos,  demasiado tarde, cuando el estado general del paciente había empeorado considerablemente. En economía, y eso lo sabemos los que algo entendemos, el arte del momento propicio – el del buen timing – lo es casi todo.

El sector bancario español se ve obstaculizada por una deuda incobrable en el paisaje devastado del sector inmobiliario. El Estado quiere salvar a Bankia, el cuarto banco más grande, mediante la inyección de un total de 23.500 millones de euros. Y digo yo: ¿Dónde están?

Seguimos pidiendo prestado, y nos prestan, sin duda, pero cada día nos cuesta más y la loza es cada día más pesada. La falta de confianza de los inversores fue tal ayer martes que tuvimos que prometer un interés de 6,5% en la inversión de bonos públicos a diez años.

En estas condiciones, pasar bajo el cuchillo del Fondo Monetario Internacional (FMI) o Bruselas puede ser visto como humillante, y lo es, pero pienso que en el interés de todos, el señor Rajoy tal vez debería tomar su teléfono y llamar a Bruselas.

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